Nonsense

El nonsense o “sin sentido” es una composición que se basa en palabras inexistentes.

En estos textos no importa lo que dicen las palabras sino la forma en que lo dicen, la cadencia y el ritmo. Es el idioma de muchas canciones y rimas infantiles, pero también el de textos de grandes escritores.

También se conoce por trabucación cuando se mezclan lexemas y morfemas de diferentes palabras. Cuando juega con el resultado fónico, la cadencia y el ritmo, también se conocen como jitanjáforas.

Veamos algunos ejemplos:

Camelánea espelifucia

Como el fasgo sendal de la pandurga
remurmucia la pínola plateca,
así el chungo del gran Perrontoreca
con la garcha cuesquina sapreturga.

Diquelón, el sinfurcio flamenurga
con carrucios de ardoz en la testeca,
y en limpornia simpla y con merleca
se amacoplan Segriz y Trampalurga.

La chalema, ni encurde, ni arropija;
la redopsia, ni enfucha, ni escoriaza;
y enchimplando en sus trepas la escondrija,

con casconcia ventral que encalambrija,
dice la escartibuncia mermelaza:
¡Qué inocentividad tan cuncunija!

Juan Pérez Zúñiga

 

Apenas él le amalaba el noema, a ella se le agolpaba el clémiso y caían en hidromurias, en salvaje ambonios, en sustalos exasperantes. Cada vez que él procuraba relamar las incopelusas, se enredaba en un grimado quejumbroso y tenía que envulsionarse de cara al nóvalo, sintiendo cómo poco a poco las arnillas se espejunaban, se iban apeltronando, reduplimiendo, hasta quedar tendido como el trimalciato de ergomanina al que se le han dejado caer unas fílulas de cariaconcia. Y sin embargo era apenas el principio, porque en un momento dado ella se torludaba los hurgalios, consintiendo en que él aproximara suavemente sus orfelunios. Apenas se entreplumaban, algo como un ulucordio los encrestoriaba, los extrayuxtaba y paramovía, de pronto era el clinón, la esterfurosa convulcante de las mátricas, la jadehollante embocapluvia del orgumio, los esproemios del merpasmo en una sobrehumítica agopausa. ¡Evohé! ¡Evohé! Volposados en la cresta del murelio, se sentían balparamar, perlinos y márulos. Temblaba el troc, se vencían las marioplumas, y todo se resolviraba en un profundo pínice, en niolamas de argutendidas gasas, en carinias casi crueles que los ordopenaban hasta el límite de las gunfias.

Julio Cortázar (Rayuela, cap. 68)

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