versos

Poema (10)

Un divertido poema anónimo.

UN LORO, UN MORO, UN MICO Y UN SEÑOR DE PUERTO RICO

Un señor de Puerto Rico
colgó en su balcón un loro
de rica pluma y buen pico,
un loro que era un tesoro
y a su amo costó un pico.

Un vecino suyo, moro
de Tetuán recibió un mico.
Y a este mico, lo ató el moro
en su balcón ante el loro,
que así quedó frente al mico.

Tanto y tanto charla el loro,
que un día se enfada el mico,
y con la furia de un toro
lo embiste; se esconde el loro,
rompe la cadena el mico,

salta a la jaula del loro,
sale el loro, pica al mico,
chilla el mico, grita el loro.
Se asoman, al ruido, el moro
y el señor de Puerto Rico.

“¿Por qué no encierra a su loro?”
“¿Por qué no ata bien su mico?”
-exclaman los dos, a coro.
Y uno le echa mano al loro
y el otro tira del mico.

Cae el mico sobre el loro,
el loro le clava el pico,
los dientes rechina el mico
y, asustado, muerde al loro
y al señor de Puerto Rico.

Éste reniega del loro
y jura matar al mico,
mientras furibundo, el moro,
provoca al amo del loro
y embiste al loro y al mico.

Hacia arriba vuela el loro,
se escurre hacia abajo el mico,
y, faltando al decoro,
caen, agarrados, el moro
y el señor de Puerto Rico.

“¡Ay, moro, si pierdo al loro!”,
exclama el de Puerto Rico,
y airado replica el moro:
“¡Pagará caro tu loro,
cristiano, si pierdo el mico!”

Les imita arriba, el loro,
muecas hace, abajo, el mico,
y no se sabe si el moro
es quien habla, o si es el loro,
o el señor de Puerto Rico.

Crece el trajín: vuela el loro,
y va a caer sobre el mico…
Furioso el de Puerto Rico
viendo en peligro su loro
quiere ahora matar al mico.

Le da un empujón al moro,
le dispara un tiro al mico,
yerra el tiro y mata al loro;
se desmaya, ríe el moro,
y corre en busca del mico.

Risueño regresa el moro
con el loro y con el mico:
riendo del de Puerto Rico
le envía, muerto, al loro
y una carta con el mico.

Dice: “Seis onzas de oro
por atentar contra el mico
a un cristiano reclama un moro;
guarde disecado el loro…
pero págueme ese pico”.

Viendo esto el amo del loro
se lanza furioso al mico;
mata al mico, mata al moro…
Muertos moro, mico y loro
se embarca y… ¡a Puerto Rico!

Anónimo

Epigramas (3)

Un epigrama es una composición poética breve en que con precisión y agudeza se expresa un solo pensamiento principal, por lo común festivo o satírico.

A continuación unos epigramas obra de Vital Aza (1851-1911):

Positivismo

Hablando con Leonor
un bolsista respetable,
exclamaba con calor:
–¡Sólo creo en un amor!
–¿Cuál es?
–¡El amor… tizable!

¡Misterio!

La noche está oscura, oscura;
sobre fogoso alazán
atraviesa la espesura
del bosque el Conde don Juan,
sumido en honda amargura.

Llega al borde de un torrente…
piensa en su amor y su gloria,
limpia el sudor de su frente…
lanza un grito… acude gente…
¡Y aquí se acaba la historia!

Domingo

Juan a Domingo reñía
porque nunca trabajaba;
y mientras Juan se enfadaba,
el buen Domingo decía:

–Yo no debo trabajar;
estoy, Juan, en mi derecho,
pues los Domingos se han hecho
sólo para descansar.

Los condes

Un conde, de no sé dónde
–que en el misterio se esconde–
por causa que no se sabe,
yo no sé qué cuestión grave
tuvo con no sé qué conde.

El uno del otro en pos
salieron de madrugada…
Mas ya el juez, ¡gracias a Dios!,
sabe… ¡que no sabe nada
de ninguno de los dos!

La esposa

Afirma Inés, la taimada,
en tono humilde y dengoso,
que ella como esposa honrada
sólo es de su amante esposo.

Y así, de un modo insinuante,
confiesa la honrada Inés,
que primero es del amante
y del esposo después.

Poema (9)

A continuación un poema realmente ingenioso y divertido.

EL CONDE SISEBUTO

A cuatro leguas de Pinto
y a treinta de Marmolejo,
existe un castillo viejo
que edificó Chindasvinto.

Perteneció a un gran señor
algo feudal y algo bruto;
se llamaba Sisebuto,
y su esposa, Leonor,

y Cunegunda, su hermana,
y su madre, Berenguela,
y una prima de su abuela
atendía por Mariana.

Y su cuñado, Vitelio,
y Cleopatra, su tía,
y su nieta, Rosalía,
y el hijo mayor, Rogelio.

Era una noche de invierno,
noche cruda y tenebrosa,
noche sombría, espantosa,
noche atroz, noche de infierno,

noche fría, noche helada,
noche triste, noche oscura,
noche llena de amargura,
noche infausta, noche airada.

En un gótico salón
dormitaba Sisebuto,
y un lebrel seco y enjuto
roncaba en el portalón.

Con quejido lastimero
el viento fuera silbaba,
e imponente se escuchaba
el ruido del aguacero.

Cabalgando en un corcel
de color verde botella,
raudo como una centella
llega al castillo un doncel.

Empapada trae la ropa
por efecto de las aguas,
¡como no lleva paraguas
viene el pobre hecho una sopa!

Salta el foso, llega al muro,
la poterna está cerrada.
-¡Me ha dado mico mi amada!
-exclama-. ¡Vaya un apuro!

De pronto, algo que resbala
siente sobre su cabeza,
extiende el brazo, y tropieza
¡con la cuerda de una escala!

-¡Ah!… -dice con fiero acento.
-¡Ah!… -vuelve a decir gozoso.
-¡Ah!… -repite venturoso.
-¡Ah!… -otra vez, y así, hasta ciento.

Trepa que trepa que trepa,
sube que sube que sube,
en brazos cae de un querube,
la hija del conde, la Pepa.

En lujoso camarín
introduce a su adorado,
y al notar que está mojado
le seca bien con serrín.

-Lisardo… mi bien, mi anhelo,
único ser que yo adoro,
el de los cabellos de oro,
el de la nariz de cielo,

¿qué sientes, di, dueño mío?,
¿no sientes nada a mi lado?,
¿que sientes, Lisardo amado?
Y él responde: -Siento frío.

-¿Frío has dicho? Eso me espanta.
¿Frío has dicho? eso me inquieta.
No llevarás camiseta
¿verdad?… pues toma esa manta.

-Ahora hablemos del cariño
que nuestras almas disloca.
Yo te amo como una loca.
-Yo te adoro como un niño.

-Mi pasión raya en locura.
-La mía es un arrebato.
-Si no me quieres, me mato.
-Si me olvidas, me hago cura.

-¿Cura tú? ¡Por Dios bendito!
No repitas esas frases,
¡en jamás de los jamases!
¡Pues estaría bonito!

Hija soy de Sisebuto
desde mi más tierna infancia,
y aunque es mucha mi arrogancia,
y aunque es un padre muy bruto,

y aunque temo sus furores,
y aunque sé a lo que me expongo,
huyamos… vamos al Congo
a ocultar nuestros amores.

-Bien dicho, bien has hablado,
huyamos aunque se enojen,
y si algún día nos cojen,
¡que nos quiten lo bailado!

En esto, un ronco ladrido
retumba potente y fiero.
-¿Oyes? -dice el caballero-,
es el perro que me ha olido.

Se abre una puerta excusada
y, cual terrible huracán,
entra un hombre… luego un can…
luego nadie… luego nada…

-¡Hija infame! -ruge el conde.
¿Qué haces con este señor?
¿Dónde has dejado mi honor?
¿Dónde?, ¿dónde?, ¿dónde?, ¿dónde?

Y tú, cobarde villano,
antipático, repara
cómo señalo tu cara
con los dedos de mi mano.

Después, sacando un puñal,
de un solo golpe certero
le enterró el cortante acero
junto a la espina dorsal.

El joven, naturalmente,
se murió como un conejo.
Ella frunció el entrecejo
y enloqueció de repente.

También quedó el conde loco
de resultas del espanto,
y el perro… no llegó a tanto,
pero le faltó muy poco.

Desde aquel día de horror
nada se volvió a saber
del conde, de su mujer,
la llamada Leonor,

de Cunegunda su hermana,
de su madre Berenguela,
de la prima de su abuela
que atendía por Mariana,

de su cuñado Vitelio,
de Cleopatra su tía,
de su nieta Rosalía
ni de su chico Rogelio.

Y aquí acaba la leyenda
verídica, interesante,
romántica, fulminante,
estremecedora, horrenda,

que de aquel castillo viejo
entenebrece el recinto,
a cuatro leguas de Pinto
y a treinta de Marmolejo.

Joaquín Abati Díaz (1865-1936)

Aliteración

La aliteración es una figura retórica que consiste en el efecto sonoro producido por la repetición de forma consecutiva de un mismo fonema, o de fonemas similares. Es un recurso ampliamente utilizado en poesía y es la base de los trabalenguas.

Colaboración de Iscajim

A continuación un trabajo de Leoncio Yanes, un poeta de origen campesino muy destacado en Cuba, que fue activo colaboraor del periódico Palante.

Décimas en erre

Curro Ferro arregla el carro
y Gamarro hierra al burro,
y arrastra su carro el curro
con el burro de Gamarro.
Pero el carro es un cacharro,
es chatarra más que hierro,
al burro le corre el perro,
corre el burro, corre y corre
y en el cerro de la Torre
se rompió el carro de Ferro.

Fara Reguera Ferrara
marcó un rosado jarrón
y Ramón Riera Rondón
rogó que se lo prestara.
Risueña y resuelta Fara
recomendó que tuviera
gran reparo, pero Riera
en ruda labor rural,
rompió regando el rosal,
el jarrón de la Reguera.

Rey Madarro Mazamorra
ronco, roñoso y cerrero,
fue a la sierra de Marrero
y se robó una cotorra.
Marrero no se amodorra,
riñe, se enroña, se emperra,
rompe ríspida la guerra
–que claro y rápido narro—
porque le robó Madarro
la cotorra de sierra.

Rosa Porra Romanguero
rasga la rota guitarra,
regalo de Roiz Sagarra,
retozón y parrandero.
Pero el remendón Romero
de la Gándara Comorra,
con rara sonrisa zorra,
pidió a Rosa la guitarra
y se rompió en una farra
la guitarra de la Porra.

Versos inconclu-

Colaboración de Iscajim

En mayo de 1947, durante la estancia de Nicolás Guillén en Uruguay, el semanario satírico Peloduro, le rindió homenaje, otorgándole la “Orden de la Galleta”. Y en el acto de despedida ofrecido por la Asociación de Intelectuales, Artistas, Periodistas y Escritores, el 31 de ese mes, el Poeta Nacional cubano leyó estas décimas como respuesta a la Orden recibida:

VERSOS DE QUIEN RECIBIÓ LA GALLETA A QUIENES SE LA DIERON

–1—

Muy querido Pelodú-
y Alfredo Mario Ferré-
gracias por esta Gallé-
que alumbra mi vida oscú-
Al dejar el Urugú-
lloro con desesperá-
detesto mi suerte escá-
y con acento rabió-
grito a los ojos de to-
¡Pucha, que soy desdichá-!

–2—

¡Adiós, amigos cordiá-
compañeros de garú-!
Siempre he de acordarme mú-
esta tierra tan simpá-
Aquí me sentí en mi cá-
como si en Cuba estuvié-
y hasta aumenté mi diné-
por si acaso fuese pó-
¡Ah! ¡No más me vuelvo ló-
cuando agarré la quinié-

–3—

Aprendí a comer el bi-
con (( fe)) de carne de vá-
aprendí a cebar el ma-
y a embocar bien la bombí-.
Y si una mujer boní-
pasó a pie o en automó-
¡pucha, grtité con descó-
como un uruguayo pu-
vengan a ver este chú-!
¡Mírala, che, qué fenó-!

–4–

¡La tiró! Ya no hay mané-
de que el viaje se demó-,
y todo el mundo conó-
que me voy el día primé-
Mas no es larga la carré-
desde aquí hasta la otra orí-;
cualquier día de improví-
vengo volando o a na-
para comprarme una ca-
frente a la estatua de Arti-.

Poema (8)

El borracho y el eco

En noche oscura y brumosa
tan atontado iba Antón,
que cayó de un tropezón
en la acera resbalosa.

Soltó un feo juramento
diciendo: ¿quién se cayó?
Y en la pared del convento
repercutió el eco… Yo.

¡Mientes! Fuí yo quien caí;
y si el casco me rompí
tendré que gastar pelucas…
Lucas.

No soy Lucas, ¡voto a Dios!
Vamos a vernos los dos
ahora mismo, farfantón…
Antón.

Me conoces, ¿eh, tunante?
Pues aguárdame un instante,
conocerás mi navaja…
Baja.

Bajaré con mucho gusto.
¿Te figuras que me asusto?
Al contrario, más me exalto…
Alto.

¿Alto yo? ¿Piensa el osado
que en este pecho esforzado
el valor ya está marchito…?
Chito.

¡Y pretende el insolente
mandar callar a un valiente!
¿Que calle yo?, miserable…
Hable.

Hablaré, por vida mía,
hasta que tu lengua impía
con este acero taladre…
Ladre.

¿Ladrar? ¿Soy perro quizás?
¿Dónde, villano dónde estás
que de esperarte me aburro…
Burro.

¿Burro yo? Insulto extraño
que vengaré a mi amaño.
El momento es oportuno…
Tuno.

¿Dónde está el majadero
que me toma por carnero?
Responde, ¿dónde se encuentra…?
Entra.

Sal tú, si no eres cobarde;
y apresúrate que es tarde.
A pie firme aquí te espero…
Pero.

No hay pero que valga, ¡flojo!
Sal que ya estoy viendo rojo
y ansío tenerte enfrente…
Ente.

Pero, ¿dónde estás?, repito,
que estoy oyendo tu grito
y tu ausencia ya me admira…
Mira.

Sí, miro, ¡pero qué diablo!
No puedo ver con quién hablo,
pues no aparece ninguno…
Uno.

Uno o cien, lo mismo da;
que salga, que salga ya.
Lo aguardo. Aquí me coloco…
Loco.

¿Así te burlas de mi?
¿Quién eres, quién eres, dí?
No me hagas perder la calma…
Alma.

Mas, si eres un alma en pena,
¿cómo no oigo tu cadena?
Basta de bromas, concluye…
Huye.

No tal; no me iré de aquí
sin saber quién me habla así.
Dime siquiera tu nombre…
Hombre.

Pero, ¿estás vivo o difunto?
Aclara bien este punto,
que a mi ya nada me asombra…
Sombra.

¡Una sombra y la insulté!
Perdóname, que tomé
cuatro copas con bizcocho…
Ocho.

¿Ocho, dices? ¡No, pardiez!
Serían siete, tal vez;
una fue para Ramona…
Mona.

No hubo mona, no señor;
me puso alegre el licor,
y a Ramoncica también…
Bien.

El vino apenas probé,
y sin embargo gasté
cuatro pesos con cincuenta…
Cuenta.

Contaré, si así lo queréis,
pero hablar de las mujeres…
Ramona a enojarse va…
¡Bah!

Fue en el bodegón del puerto,
todos dormían, por cierto,
y estuve con ella sola…
Sola.

Sí, sola, sola, solita;
porque teníamos cita;
pero no me le acerqué…
¿Qué?

No me acerqué, te aseguro;
por mi salvación, lo juro,
son testigos los durmientes…
Mientes.

Sombra que todo lo sabes
despídeme cuando acabes,
que por mi parte acabé…
Ve.

Prometo no más beber,
no más mujeres querer,
santa sombra veneranda…
Anda.

Marchóse Antón al momento
y, en casa, confió a su esposa
que una sombra pavorosa
en la acera de un convento
le había hablado… y no era cuento.

Francisco Añón

Poema ortográfico

Unos curiosos versos que solamente tienen significado si leemos los signos de puntuación. Es decir, leemos punto, coma y punto y coma.

La mujer que hace.
y no tiene para que,
tiene que hacer mucho.
para que con el;

Retahílas (6)

La retahíla es un juego de palabras típicamente infantil que beneficia la fluidez verbal, así como también la atención y la memoria.

Con las repeticiones, la armonía y las rimas, se logra entretener a los niños que inconscientemente practican el lenguaje.

Hay retahilas para recitar y para cantar y son muy usadas en juegos infantiles por niños de todas partes.

A continuación algunas de las usadas para echar a suertes el orden de los jugadores:

Una mosca en un cristal
hizo cris-cras.
El cristal se rompió
y la mosca se escapó.

Hiti, hiti, ton,
tres gallinas y un capón.
El capón estaba muerto,
las gallinas en el huerto.
Tris, tras,
afuera estás.

Adiós
granito de arroz,
si fueras bonito
me iría con vos.

Tengo un tío americano,
que el en culo tiene un grano.
Se lo rasca con la mano,
vaya un tío más marrano.

Pin, pin,
zarramacatín,
vino la abubilla
por su sabanilla,
sábana redonda
vino por la ponda,
ponda del henar,
vino por la sal,
sal de Marruecos,
vino por los truecos,
truecos de avellana,
vino por las tranas,
tranas de chucurrumé,
alza la pata y echa a correr.

Versos chuscos

Un par de versitos chuscos. Uno de ellos totalmente escatológico. Y los dos totalmente anónimos.

Y yo me la llevé al río
creyendo que era mozuela,
y resultó ser un tío
que por poco me la cuela.

- Señor conde, ¿qué quereis ‘cagamos con los moros ‘cagarramos?
- ¡’Cagaleras los metais!
- ¿’Cagaleras los metamos? ¿Eso quereis ‘cagamos?
- No me cuestioneis más, sé muy bien lo ‘cago y eso será lo ‘cagamos.
- ¡Muy sorprendido ‘meais!

Acrósticos (3)

Etimológicamente proviene de los términos griegos akros, ‘extremo’, y stikhos ‘línea, verso’.

Es una composición poética cuyas letras iniciales forman un vocablo o una frase. Por extensión se aplica a cada uno de los versos de esta composición.

A continuación un curioso ejemplo que muestra el acróstico en las letras iniciales y en las finales.

Supiste una vez más
ocultar tu rostro,
negar al mundo ese don
impreciso pero dulce, así,
así amante: tu boca.