¿Cómo calificamos un evento o suceso que tiene lugar cada año? Pues… anual ¿no?
Correcto. ¿Y cómo llamamos al evento que tiene lugar cada dos años? ¿bianual? Pues no.
Bianual es un término formado por el prefijo bi- y anual, y así se forma un adjetivo que significa ‘que ocurre dos veces al año’. Si nos hemos de referir a un evento o exposición que se repite cada dos años, hemos de calificarlo de bienal, esto es, que ocurre dada bienio.
No confundir términos.
Nada nuevo hay que decir acerca del alcance de la publicidad. Es bien sabido el impacto que tiene en la sociedad. Hasta el punto que ciertas frases publicitarias, repetidas hasta la saciedad, acaban calando en el lenguaje coloquial.
Cierto es que muchas desaparecen al poco de dejar de publicitarse, pero muchas se mantienen por más tiempo. Aunque, eso sí, para acabar en el olvido.
Veamos algunos ejemplos:
¡A mí plim!
Se decía cuando a alguien no le importaba o no le afectaba algo. La frase publicitaria era a mí, plim, yo duermo en pikolín, como diciendo que el que duerme sobre tales colchones no se debe preocupar por nada.
¡Qué me dices, Josefina!
Así se decía en vez de, simplemente, ¡qué me dices! Y eso era por una cuña radiofónica que rezaba así:
-¡Qué me dices Josefina!
-Que para mantas y colchas, la Mallorquina.
-¿Y sabes dónde está?
-En plaza Universidad, 6.
Y aún sigue estando en la actualidad.
Eso es que lo has probado poco.
Aún ahora, aunque entre gente de cierta edad, se puede oír la mencionada frase como réplica a la afirmación de que algo no gusta. La frase la pronunciaba un simpático actor francés cuando su interlocutor manifestaba que no le gustaba la tónica. Fueron varios anuncios, insistentes y machacones, hasta que se introdujo el consumo de la tónica. Conozco a mucha gente que le gusta. Prece que cumplieron su objetivo.
Hoy comemos con Isabel.
La publicidad de la conservera decía: ¡qué bien, qué bien, hoy comemos con Isabel! Hace unos años cuando se quedaba a comer con algunos amigos y entre los asistentes se encontraba alguna Isabel, era muy raro que alguno de los presentes no recitara, o mejor dicho cantara, la mencionada frase. A día de hoy ya no. A Dios gracias.
Cuerpos danone.
Ésta es más actual. Cuerpos esbeltos, bien torneados, musculados y fibrosos por… ¡comer yogur!
No solamente es una locución habitual, sino que de la misma metáfora deriva el apelativo yogurín para referirse al chico o chica de buen ver, de toma pan y moja.
Algunas coletillas publicitarias lo que provocaban era una respuesta automática, como la de los perros de Paulov. Hasta que, supongo, dejaron de tener gracia.
Tal es el caso de:
-Hola.
-Radiola.
-¡Qué me dices!
-Que te fagorices.
-¡Qué tal!
-Muy bien con Okal.
¿Sabías por qué llamamos LUSTRO al conjunto de cinco años?
El sustantivo tiene su origen en el término latino lustrum.
Servio Tulio ordenó en el siglo VI a. de C. que cada cinco años se realizara un censo para saber con qué efectivos se contaba para la defensa de Roma. Para ello se reunía a la población y se realizaba la contabilización además de otros actos públicos, entre los que destacaba el lustrum.
El lustrum era una ceremonia que consistía en rociar con agua las cabezas de la gente para purificar sus pecados y en ofrecer sacrificios a los dioses. Y tal fue la importancia que adquirió con el tiempo que llegó a sustituir al propio censo y se llegó a llamar lustro al quinquenio o periodo de cinco años.
¿Sabías por qué HASTA QUE SAN JUAN BAJE EL DEDO es esperar eternamente?
Decir que algo ocurrirá cuando San Juan baje el dedo es lo mismo que decir que no ocurrirá nunca.
San Juan Bautista fue el último de los profetas que anunciaron la vendida de Cristo y el primero de los testigos de su llegada. Lo señaló con el dedo diciendo: “He aquí el Cordero de Dios”. Por eso, el dedo de San Juan Bautista adquirió una especial relevancia.
Los artistas, que a través del tiempo han creado la imagen de este santo en esculturas o pinturas, siempre lo han representado con el dedo índice levantado. Así ocurre en un paso procesional muy popular en la Semana Santa andaluza, en el que San Juan Bautista señala con el dedo hacia una banderola donde se lee Ecce agnus Dei, ‘he ahí el Cordero de Dios’, en latín.
El pueblo, a fuerza de ver la imagen del santo siempre con el dedo levantado, ha concedido que esto jamás cambiará. Esperar que un santo de madera baje el dedo es tanto como esperar por siempre.
Así la expresión se emplea cuando queremos desengañar a alguien de algo que desea o queremos quitarle las esperanzas acerca de un hecho que espera y que no ocurrirá.
Cómo explicar con unas pocas palabras la vida. Una biografía que puede ser aplicada a muchísimas personas.
Está en la sección de humor porque ése es el sentido que se le ha querido dar, pero no sé yo si…

Está en inglés, así que aquí va una traducción para el que no lo entienda:
life = vida
play = juego
school = escuela
first love = primer amor
brief hapiness = breve felicidad
break up = ruptura
regret = pesar
work = trabajo
idealism = idealismo
effort = esfuerzo
rejection = rechazo
failure = fracaso
compromise = compromiso
commitment = obligación
retire = jubilación
die = morir
¿Sabías por qué decimos que NO SE GANÓ ZAMORA EN UNA HORA para recomendar paciencia?
La frase se emplea cuando se pretende hacer notar a alguien que se impacienta, que los resultados de su acción pueden no ser inmediatos, que las cosas requieren de su tiempo.
Es uno de los dichos españoles más antiguos. Alude a la defensa de los zamoranos frente al asedio de su ciudad llevado a cabo el año 1072 por el rey Sancho II de Castilla, que quiso despojar de esta plaza a su hermana doña Urraca, que la había recibido a la muerte de su padre, Fernando I.
Los zamoranos resistieron heroicamente, el rey Sancho fue asesinado tras la traición de Bellido Dolfos y doña Urraca terminó poniendo la ciudad en manos de su otro hermano, Alfonso VI.
De este episodio arranca el Poema del Mio Cid.

En el invierno de 1807 se reunieron en la Freemasons Tavern londinense de Long Acre, Covent Garden, los trece socios fundadores de la Sociedad Geológica. En unos diez años el número de socios aumentó hasta los 400 —todos caballeros por supuesto— lo que nos da una idea aproximada del interés suscitado en la época por esta rama del conocimiento.
Ellos establecieron una escala de tiempo geológico que se ha mantenido en líneas generales a pesar de los múltiples cambios introducidos que la han mejorado. Aunque no hay unanimidad en las fechas sí que existe acuerdo en dividir el tiempo geológico en bloques de años relacionados con acontecimientods o alteraciones importantes y en los propios acontecimientos. Como la edad de la Tierra es de aproximadamente 4600 millones de años, cuando se habla de tiempo geológico la unidad base es el millón de años y siempre se relaciona como “antes del presente”.
No nos interesa aquí acerca de los métodos de datación y demás técnicas empleadas por la geología y la paleontología; en cambio sí el porqué de los nombres escogidos para las diferentes eras y periodos.
Las principales eras son: Precámbrica, Paleozoica, Mesozoica y Cenozoica.
El Paleozoico se divide a su vez en diferentes periodos: Cámbrico, Ordovícico, Silúrico, Devónico, Carbonífero y Pérmico.
El Mesozoico se divide a su vez en diferentes periodos: Triásico, Jurásico y Cretácico.
El Cenozoico se divide a su vez en dos periodos: Terciario y Cuaternario.
El Terciario se divide a su vez en diferentes épocas: Paloeceno, Eoceno, Oligoceno, Mioceno y Plioceno.
El Cuaternario se divide a su vez en: Pleistoceno y Holoceno.
En cuanto a los orígenes de sus nombres, el Paleozoico hace uso de la raíces griegas paleo ‘antiguo’ y zoo ‘vida animal’, con el significado de ‘vida antigua’. El Mesozoico hace lo propio con meso ‘media’, con el significado de ‘vida media’ y el Zenocoico con el significado de ‘vida reciente’.
Como los ingleses eran los más activos en los primeros años de esta disciplina, predominan en el léxico los nombres ingleses.
Los estratos del Cámbrico se estudiaron por primera vez en Gales y tomaron su nombre de Cambria, el antiguo nombre romano de esta región de la Gran Bretaña.
El Ordovícico debe su nombre a una tribu que vivió antiguamente en Gales, los ordóvices. Las rocas que cuentan la historia de este período se encontraron y estudiaron por primera vez en Gales. Al igual que el Silúrico debe el suyo a la tribu de los silures por el mismo motivo.
El período Devónico debe su nombre a un condado. En la década de 1.830, los geólogos Adam Sedgwick y Roderik Murchison estudiaron las capas de roca arenisca, caliza y pizarra del condado de Devon, Inglaterra. Estas capas se formaron hace unos 400 millones de años. En 1.839, sugirieron la adopción del nombre Devónico para este período geológico.
El período Carbonífero debe su nombre al carbón, que inició su vida como plantas hace unos 300 millones de años, en este periodo. Cuando los árboles muertos y otros vegetales caían en los pantanos, quedaban cubiertos de lodo y con el tiempo pasaron a formar lo que llamamos turba que, al comprimirse, se convirtió en carbón.
Con el aumento de las prospecciones geológicas en otros lugares, empezaron a aparecer nombres de todas partes. El Pérmico debe su nombre a Perm, una antigua provincia rusa en los montes Urales, en la que se realizaron muchos descubrimientos relativos al periodo.
El periodo Triásico recibe su nombre del prefijo latino tri- ‘tres’, y alude a las tres diferenciadas capas de roca que se depositaron durante el mismo.
El nombre de Jurásico alude a las montañas del Jura, la cordillera que divide Francia y Suiza y que se formó durante este periodo.
El nombre Cretácico procede de la palabra latina creta ‘greda, tiza’, haciendo referencia a las capas de tiza y esquisto que en aquellos días se amontonaron sobre el lecho de los mares.
Charles Lyell —uno de los más influyentes de aquellos primeros geólogos— introdujo en sus Principios de geología, unidades adicionales conocidas como épocas o series a los que dotó de nombres de una vaguedad muy atractiva al utilizar raices griegas: paleo ‘antiguo’, eo ‘temprano’, oligo ‘pocos, pequeño’, mio ‘menos, menor’, plio ‘más’, pleisto ‘el más’, holo ‘completo, todo, entero’. Así el Pleistoceno sería “el más reciente”, el Mioceno sería “el moderadamente reciente” y el Paleoceno el “más antiguo”.
Primavera, verano, otoño e invierno, es decir: las estaciones del año.
En latín arcaico primavera era simplemente vera. Antes de la reforma del calendario llevada a cabo por Julio César en el 45 a.C., el año empezaba en marzo y con él la primavera, la estación más importante pues suponía el inicio de una nueva vida en plantas y animales. Por ello, y para subrayar este aspecto, se llamó a este periodo primo vera, convertido en latín vulgar en primavera.
Con ese nombre se instaló en la práctica totalidad de las lengua neolatinas, excepto el francés que la llamó printemps, literalmente ‘primer tiempo’.
El antiguo nombre del verano era aestivum tempus, del que proviene el actual nombre de estío o tiempo estival. Posteriormente se creó también el compuesto veranum tempus para referirse al final de la primavera y comienzo del verano. Sin ir más lejos, en el español del siglo XVI, se mantuvo la denominación latina y se llamó primavera a la primera parte de la primavera, verano a la segunda parte de la primavera y primera del verano y estío al verano en sí.
Otoño proviene del latín autumnus, compuesto de auctus, ‘crecido’, de augere, ‘aumentar’, y annus, ‘año’.
Invierno proviene del latín hibernum, del que también proceden otros términos como hibernación, hibernal, e hibierno. Aunque después de pasar por una transformación en ivierno en el latín vulgar.

Colaboración de Julio Arteaga
El nombre de Luna por el que conocemos a nuestro satélite viene del latín luna con el mismo significado. En cambio se usa el término griego selenita como supuesto gentilicio de este satélite. Este nombre proviene de Selene, diosa griega asociada a la luna.
Antiguamente se asociaban los cambios de humor a las fases de la luna, así cuando alguien mostraba una psique alterada se decía de él que era un lunático.
La palabra inglesa para mes, month, proviene de moonth, una forma sajona primitiva para ‘lunación’. El mismo origen tiene moon, ‘luna’ en inglés. Ello es debido al primitivo uso de un calendario lunar en la cultura sajona, al igual que en la neerlandesa donde la palabra para luna es maan, y para mes es maand.
También emplearon calendarios lunares otras culturas. En el idioma turco, la palabra Ay, ‘mes’, también significa ‘luna’. En los idiomas chino y japonés las palabras ‘luna’ y ‘mes’ se escriben con el mismo carácter (kanji en japonés o hanzi en chino).
En castellano el primer día de la semana, el lunes, tiene su raíz en el ‘día de la luna’ o dies lunae. Esto se puede ver también en el idioma inglés, en que monday viene de moon day , en alemán donde se llama montag y en francés donde se llama lundi.
¿Sabías por qué dividimos el tiempo en HORAS, MINUTOS Y SEGUNDOS?
La Tierra tarda un cierto periodo de tiempo en completar un giro sobre su propio eje. Este periodo de tiempo recibe el nombre de día y está dividido en dos periodos: uno de luz y otro de oscuridad.
La división del día en 24 porciones de tiempo iguales la adoptaron los romanos de los antiguos egipcios, que tenían un calendario basado en treinta y seis estrellas que aparecían alternativamente justo a la puesta del Sol, a medida que transcurría el año. En el intervalo de una noche aparecían sucesivamente doce de estas estrellas, lo que hizo que se dividiera el periodo de oscuridad en doce partes. Por similitud también fraccionaron en doce partes el tiempo de luz solar.
La mitología explicó el fenómeno con las Horas, divinidades griegas hijas de Zeus y Temis, que servían a los dioses principales y guardaban las puertas del Olimpo. Regían el orden de la naturaleza y determinaban la fertilidad de la tierra.
En un principio fueron tres: Talo, Carpo y Auxo, y se las asoció con las estaciones. Más tarde se aprecia una confusión respecto a las Horas y en las Fábulas de Higinio se mezclan los nombres originales con los epítetos, y las designaciones de estaciones u horas separadas. De esta forma se elabora una lista de nueve Horas: Auxo, Eunomía, Ferusa, Carpo, Diké, Euporia, Eirene, Ortosia y Talo.
Más tarde se completa la relación de las “doce hermanas”, guardianas del tiempo del día, que queda como sigue:
Auge, la primera luz
Anatole, el amanecer
Musica o Musia, la hora matutina de la música y el estudio
Gymnastica o Gymnasia, la hora matutina del ejercicio
Nymphe o Nymphes, la hora matutina de las abluciones
Mesembria, el mediodía
Sponde, las libaciones tras el almuerzo
Elete o Telete, oración, la primera de las horas de trabajo de la tarde
Acte o Acme, comida y placer, la segunda de las horas de trabajo de la tarde
Hesperis, atardecer
Dysis, el ocaso
Arktos, la última luz
El mundo clásico también adoptó —merced a la ocupación persa del territorio que anteriormente había pertenecido a Alejandro Magno— los estudios astronómicos del pueblo babilónico. Éstos utilizaban el sistema sexagesimal para sus complicados cálculos astronómicos y por ellos tenemos horas de sesenta minutos y minutos de sesenta segundos.
Entonces cada una de las horas se divide a su vez en sesenta minutos (de minutus, pequeño en latín) y éstos lo hacen a su vez en sesenta segundos (de secundus, que sigue a lo primero, en latín).