¿Sabías por qué NO DECIR NI MU es no decir nada?
Contrariamente a lo que pudiera parecer, no tiene nada que ver con un mugido.
Resulta que mu es lo menos que se puede decir. Se puede pronunciar incluso con la boca cerrada. Es un sonido elemental que hasta los bebés saben pronunciar. Hasta los mudos dicen mu.
Por ello, del que mantiene un silencio absoluto, se dice que no dice ni mu.
En muchas películas bélicas y en otras en las que haya comunicación por radio en habitual escuchar aquello de Delta, Zulú, Eco, Charlie…
Son términos del alfabeto fonético internacional, utilizado en comunicaciones, que permite deletrear palabras asignando a cada letra un término fácilmente identificable que evite las confusiones por una comunicación poco clara.
El alfabeto original es: Alfa, Bravo, Charlie, Delta, Eco, Foxtrot, Golf, Hotel, India, Julliet, Kilo, Lima, Mike, Novembre, Oscar, Papa, Quebec, Romeo, Sierra, Tango, Uniform, Victor, Whisky, Xray, Yankee y Zulu.

¿Sabías por qué hacer algo con SIGILO es hacerlo en silencio, con cautela?
La finalidad de hacer algo con sigilo es hacerlo inadvertidamente, en secreto.
El término proviene de sigillare, ‘marcar con un sello’ en latín y de sigilo, ‘sello’.
Así, como sigilo fue conocido el utensilio para estampar en el papel los signos grabados con ayuda del lacre. Y también la propia impresión.
Pero, comoquiera que los sobres y documentos que se cerraban con un sello mantenían oculto su contenido y lo guardaban en secreto hasta que alguien rompiera el sello para poder leerlos, el significado se fue ampliando hasta tomar en castellano el sentido de secreto y, por ende, silencioso.
El nonsense o “sin sentido” es una composición que se basa en palabras inexistentes.
En estos textos no importa lo que dicen las palabras sino la forma en que lo dicen, la cadencia y el ritmo. Es el idioma de muchas canciones y rimas infantiles, pero también el de textos de grandes escritores.
También se conoce por trabucación cuando se mezclan lexemas y morfemas de diferentes palabras. Cuando juega con el resultado fónico, la cadencia y el ritmo, también se conocen como jitanjáforas.
Veamos un ejemplo:
Pablo Parellada solicitó a José Samaniego un prólogo para su obra Tenorio modernista-Remembrucia enoemática y jocunda en una película y tres lapsos. Y lo hizo de la manera que ya vimos aquí.
La respuesta de José Samaniego fue en los siguientes términos:
¡Isagoge!
¡Salve, panicida filenoso, que al poner bajo mi abrigaño las febriciteces de tu multicorde intelecto, hiciste colidir con la mía tu ánima venialmente cotufante!
¡Cómo isagogearte a ti, jocundo feruleador de favilosos cálamos, Anticristo de la floripondiez modernosa, juglero que musitas opognieces a la pálida musa de Verlaine!
Al eco jubiloso de tu sonolidante sistro, mi pájaro azul tornó a la libredumbre; orbiculó errabundo por las áureas golferieces de la cosmópolis celestiana, y avizoró añorante, embozada en los nimbos del misterio, la umbría de los bosques milenarios, do la cigarra helénica desgranó su ritma adormilente, y la cornamusa del divino Pan unisonó sibilina y milagrera con el carcajadeo de los sátiros y el tremar suspiroso de las ninfas.
Mi pájaro azul zigzagueó nostálgico.
Maya, la blonda virgen imposesa, testigueó su raudo voltijeo y ofrendole, protectrice, los lirios eucarísticos de sus manos -manos traslúcidas, manos flevilinas-, y mi pájaro azul sistolediastolizó en ellas grecitante, sistolediastolizó en ellas flajelino… Pero sistolediastolizó.
(Hemos quedado en que sistolediastolizó.)
Y como habiendo confianza da gusto, he aquí lo que musitó al oído de la púdica virgen, mi sincera avecilla:
-Sabrás, oh inasequible y codiciada esfinge, ante quien por tan varias y laberínticas sendas se encamina la innúmera caravana de soñadores, que un esforzado paladín del clasicismo hispano acaba de asestar, valiéndose de las artes del ingenio, mortífero golpe a la greñuda grey que sirve a la escarlata la lengua de Cervantes, el divino.
No he de hacer yo que ignores, oh enigmática soberana de un país ideal, que las imperecederas gallardías donjuanescas, vividas donosamente al modo glauco, son el ataque más formidable, trascendental y valeroso infligido al estetismo militante en su asendereada retaguardia. Y convendrás conmigo en que si en la regeneradora misión de dar al traste con faunos patizambos, siringas hipóginas, libélulas verdescentes, féminas cloróticas y nenúfares sitibundos, contase el insigne autor de Tenorio Glauco con el concurso de media docena de escritores de su talla artística y de su sinceridad literaria, la peluda cohorte de Verlaine podía ir pensando en cortarse con serrucho las melenas.
No podrás negarme, oh Maya, que si por mal entendidos convencionalismos tal cosa no sucediera y siguiese triunfando Glauco, hijo legítimo de Sísifo el embustero, no por ello sería menor la gloria ni menos dignos de encomio los merecimientos de quien en nombre del sentido común y jugándoselo todo en la partida, predicó con el ejemplo, fiel a la máxima del ilustre Goethe, que dice: «No pegues en el avispero, mas si lo haces, ¡da de firme!».
Y como sobre el avispero del modernismo hay que pegar sin duelo, como pegó Cervantes sobre el de los libros de caballería, y como el hecho de no haber existido más que un Cervantes no pude autorizar que sean tolerados y aplaudidos por más tiempo los ridículos desmanes de la andante glauquería, yo aplaudo con toda mi alma a Melitón González y no ofendo con nuevos elogios su modestia, porque la saladísima remembrucia con que ha honrado el nombre de mi dueño, dice en alabanza de su autor mucho más que cuanto mi pico pudiera musitar en tu oído…
Maya, la púdica virgen imposesa, palmoteó con entusiasmo y mi pájaro azul voló…
¡Salve, panicida filenoso, Anticristo de la floripondiez modernosa, joglero cotufante y multicorde, que pusiste bajo mi abrigaño las fulgurosas albescencias de tu mágica siringa!…
¡Anda la siringa!
El nonsense o “sin sentido” es una composición que se basa en palabras inexistentes.
En estos textos no importa lo que dicen las palabras sino la forma en que lo dicen, la cadencia y el ritmo. Es el idioma de muchas canciones y rimas infantiles, pero también el de textos de grandes escritores.
También se conoce por trabucación cuando se mezclan lexemas y morfemas de diferentes palabras. Cuando juega con el resultado fónico, la cadencia y el ritmo, también se conocen como jitanjáforas.
Veamos un ejemplo:
Pablo Parellada solicitó a José Samaniego un prólogo para su obra Tenorio modernista-Remembrucia enoemática y jocunda en una película y tres lapsos. Y lo hizo de la siguiente manera:
Alma dedicante
Yo he restregado mi intelecto en las hipocrenieces de los efebos glaucos imperantes y afratelados en nexo exedraico.
Yo nimbé mi doliente espíritu con aromencias de crisantemos melancolinos, con irisaciones esfumadas de libélulas nictalopentes, con efluvios de nenúfares nostálgicos y emanaciones nefeloídeas de siringas neurasténicas.
Yo he quitaesenciado mis guedejas con cáncamo helénico.
Yo he delectado el beso del color en las fimbrias desfloradas de dejadeces abúlicas y he dado un buz al prístino opalescer del día abriente.
Yo he cruzado el expando en alas de una armonía pentamétrica, cristalización prolífica libada en las fontanas glaucas.
Yo debiera de ofrendar mi remembrucia donjuantenoriesca a la Secta imperante de efebos glaucos afratelados en nexo exedraico, alma máter de mi remembrucia.
Yo no ofrendaré mi remembrucia a la Secta imperante de efebos glaucos afratelados en nexo exedraico, alma máter de mi remembrucia.
Yo no procederé con la lógica obsoleta porque esto fuera proceder contra glaucura, y mi alma se siente glauca como los iris de una hetaira en el conticinio, en la intempesta…
Yo ofrendo media remembrucia a:
Don José Samaniego L. de Cegama
Yo ofrendo la otra media remembrucia a:
Don José Samaniego L. de Cegama
Yo no ofrendo otra media remembrucia porque no quedan más medias remembrucias.
Yo espero de Don José Samaniego L. de Cegama un prólogo, prolabio, proemio, protógala, prostetis, prótasis, atrio, vestíbulo, zaguán o frontispicio en el cual me ponga más allá del expando, según es práctica entre los efebos glaucos afratelados en nexo exedraico.
Pincia, 16 de Octubrescente de 1906.

¿Sabías por qué MUCHO RUIDO Y POCAS NUECES es una expresión que se utiliza para calificar un hecho que no se corresponde con las expectativas anunciadas?
En general para describir aquello que levanta mucha expectativa por ser anunciado a bombo y platillo y que luego, cuando llega el momento de la verdad, decepciona por no corresponderse con lo esperado.
La nuez es un fruto que, por la dureza de su cáscara y por las oquedades de su interior, produce un sonido sordo y fuerte cuando se golpea y más si cae al suelo y rebota. Así, unos puñados de nueces que cayeran organizarían un repiqueteo escandaloso al golpearse sus cascarones unos contra otros y contra el propio suelo, que no parecería corresponderse con tan reducido número de unidades. Si además añadimos que el fruto no resulta ser tan abundante por estar arrugado y consumido, la diferencia entre el nivel de ruido y volumen de fruto es más exagerada.
Existe una leyenda que se suele referir como originaria del dicho, aunque por simple cuestión de fechas no es más que una aplicación del mismo. Dice así:
En 1597 las tropas españolas tomaron la ciudad francesa de Amiens, merced a una curiosa estratagema del capitán Hernán Tello de Portocarrero, consistente en vestir de labradores a varios de sus soldados que hablaban francés, para que penetraran en la ciudad provistos de sacos de nueces, cestos de manzanas y un carro de heno. Una vez en la ciudad uno de los soldados dejó caer voluntariamente uno de los sacos de nueces, y mientras los soldados franceses las recogían del suelo los soldados españoles aprovecharon para reducirlos y franquear la puerta al resto del ejército español. Posteriormente, los franceses recobraron la plaza.
La astucia de la estratagema y la rápida recuperación de la plaza dieron lugar a que la frase se aplicase a este hecho, pero no le dieron origen porque la frase es más antigua.
Así lo atestigua su aparición en el Libro del Buen Amor, del Arcipreste de Hita (siglo XIV), que en la copla 946 dice: “Con su pesar, la vieja díxome muchas veces: Arcipreste, más el rroydo que las nueces”. Y su aparición en la Celestina (1499), de Fernando de Rojas: “Hija, destos dolorcillos tales, más es el ruydo que las nuezes”. Tal como recoge Guillermo Suazo Pascual en Abecedario de dichos y frases hechas.
¿Sabías por qué la expresión ERRE QUE ERRE se utiliza para definir la actitud porfiada, terca?
Especialmente utilizada cuando se quiere indicar que alguien está haciendo algo obcecadamente, con una terquedad que no conduce a nada.
Esta expresión está tomada de la enseñanza de las primeras letras, por lo difícil que se le hace a muchos pronunciar la r. También es sabido que para los extranjeros los sonidos [r] y [rr] son los de más difícil pronunciación y los que requieren de una mayor insistencia o terquedad para su correcto aprendizaje.
Antiguamente se decía erre a erre.
A quien demuestra obsesión inútil en aquello que acomete se le suele llamar Don erre que erre.
¿Sabías por qué SER DE CAMPANILLAS es ser persona de gran autoridad o de circunstancias muy relevantes?
También se dice ser de muchas campanillas y no se aplica solamente a personas, también a asuntos o situaciones.
El tañido de las campanas de las iglesias y parroquias de las diferentes localidades se han utilizado para convocar a la población a asuntos importantes y de relevancia: llamada a consejo, llamada de alarma, llamada a oración… pero la locución parece hacer referencia no a las grandes campanas, sino a las pequeñas campanillas que se tocan, según la costumbre esclesiástica, cuando se acompaña al Santísimo Sacramento o se da la bendición solemne, para que los fieles le rindan reverencia.
Por ello, en el lenguaje coloquial se asimilan los repiqueteos de las campanillas a los asuntos y personalidades de relevancia.
No, no se trata de un resfriado, ni de que nadie se vacía las narices sonoramente.
Si consultamos el diccionario podemos leer:
mocosuena
adv. m. coloq.
1. Atendiendo más al sonido que a la significación de las voces. Traducir mocosuena.
Es decir, que es un advervio de modo de uso coloquial que se aplica a la acción de atender más al propio sonido que al significado real. Como, por ejemplo, traducir el inglés tree stone ‘árbol piedra’, por tristón; costume ‘traje’, por costumbre; dance floor ‘pista de baile’, por dan flor; collar ‘cuello’, por collar; o block ‘bloque’ por bloc. Traducir de oido, traducir a la babalá, traducir mocosuena.
Los homeoteleutones consisten en la modificación de los finales de las palabras para que acaben igual o de forma afín.
Se puede modificar todo un texto, incluyendo artículos, conjunciones y demás, pero lo habitual es hacerlo solamente con los sustantivos y los adjetivos.
Veamos el siguiente ejemplo con una canción de la cantante chilena Violeta Parra:
Mazúrquica modérnica
Me han preguntádico varias persónicas
Si peligrósicas para las másicas
Son las canciónicas agitadóricas
Ay que pregúntica más infantílica
sólo un piñúflico la formulárica
Pa’ mis adéntricos y momentárica.
Le ha contestádico y al preguntónico
Cuando la guática pide comídica
Pone al cristiánico firme y guerrérico
Por sus poróticos y sus cabóllicas
No hay regimiéntico que los deténguica
Si tienen hámbrica los populáricos.
Preguntadónicos partidirístico
Disimuládicos y muy malúlicos
Son peligrósicos más que los vérsicos
Más que las huélguicas y los desfílicos
Bajito cuérdica firman papélicos
Lavan sus mánicos como Piláticos.
Caballeríticos almidonádicos
Almibarádicos mini ni ni ni ni…
Le echan carbónico al inocéntico
Y arrellenádicos en los sillónicos
Cuentan los muérticos de los encuéntricos
Como frivólicos y bataclánicos..
Varias matáncicas tiene la histórica
En sus pagínicas bien imprentádicas
Para montárlicas no hicieron fáltica
Las refalósicas revoluciónicas
El juraméntico jamás cumplídico
Es el causántico del desconténtico
Ni los obréricos, ni los paquíticos
Tienen la cúlpica señor fiscálico.
Lo que yo cántico es una respuéstica
A una pregúntica de unos graciósicos
Y más no cántico porque no quiérico
Tengo flojérica en los zapáticos
En los cabéllicos, en el vestídico
En los riñónicos, en el corpíñico.
Aunque no es necesario forzar cambios en las palabras si se es capaz de hallar las suficientes palabras coincidentes en su parte final como para crear el efecto.
A continuación un ejemplo obtenido de Ejercicios de estilo de Raymond Queneau:
El bus del circuito por el que transito va tocando el pito. Allí, mientras dormito, veo a un cabeza de chorlito de cuello infinito como un monolito, con un sombrerito nada bonito ni exquisito. El que cito le da un grito gratuito a uno que parece frito con el prurito del baile de San Vito: “¡Ojito, cabrito, que me excito, irrito, desgañito, despepito, derrito y agito porque Vd. me tiene ahíto, aunque yo no le incito!” Y tras de lo transcrito se sienta el muy bendito mirando de hito en hito.
Al salir de un garito de modo fortuito lo veo al maldito infrascrito escuchando a quien, muy perito, le cuenta un mito sobre su abrigo favorito.