rey

Pie de rey

Pie de rey

¿Sabías por qué determinado calibre se llama PIE DE REY?

Durante el Renacimiento se afirmaba que Dios había creado el Universo de acuerdo con la armonía y su consecuencia métrica.

Y dentro de aquella maravilla el hombre era la obra cumbre.

En esa época se medía en codos, pies y palmos: medidas antropométricas acordes con la idea de que “el hombre es la medida de todas las cosas”, recuperando la costumbre clásica seguida por los pueblos de la antigüedad.

Pero había un grave problema: cada país (incluso cada civilización antigua) tenía unas medidas sutilmente diferentes. No medía lo mismo un pie castellano que uno aragonés, romano, griego o babilónico.

Claro está que los pies tomados como modelo no eran pies cualesquiera, sino los de una persona importante como el rey, más divino que humano. Ya fuera el pie de Filicteras de Macedonia o el de algún rey castellano.

Por ejemplo, el tal pie castellano equivalía a doce pulgadas o dieciséis dedos. Y lo describen así: “El pie es una tercia de vara castellana, que tiene cuatro palmos, y cada palmo cuatro dedos, y cada dedo, cuatro granos de cebada ladilla”. Y lo comparan así: “El codo egipcio tiene mil ochocientas veinte y cuatro partes de las mil que componen el pie de Inglaterra. El pie de Rey tiene mil sesenta y ocho partes de las mil del usado en Castilla”.

El pie de Burgos medía 27,86 cm y el de Madrid 28,10 cm y todos se subdividían en pulgadas, dedos y puntos.

Para las tareas de precisión de arquitectos, ingenieros, modelistas, impresores, etc… se utiliza un calibre para medir longitudes menores al palmo o al pie de rey (menos de 30 cm para entendernos) y estos instrumentos de precisión reciben el nombre de pie de rey en alusión a la antigua medida.

Poner una pica en Flandes

La rendición de Breda o el Cuadro de las lanzas - Velázquez

¿Sabías por qué PONER UNA PICA EN FLANDES significa que algo es muy dificultoso?

Los Países Bajos pasaron a formar parte de los territorios bajo el dominio del Emperador Carlos V como herencia de su padre, Felipe de Borgoña.

El ejército de este territorio estaba compuesto por los Tercios de Flandes, ejército que se sufragaba con dinero del imperio.

Debido al avance del protestantismo y a unos nuevos impuestos fijados desde Madrid, el pueblo flamenco se sublevó en una revuelta encabezada por Guillermo d’Orange en el 1566.

Las guerras mantenidas bajo el reinado de Felipe II: contra los turcos (Lepanto), contra Inglaterra (La Gran Armada) y contra los insurgentes de Flandes, tuvieron un elevado coste para la monarquía, que intentó paliar con un aumento de impuestos que no hicieron sino empeorar la situación, llegando a la bancarrota.

En aquellos momentos de penuria económica y de disturbios sociales era muy difícil, dificilísimo, poder encontrar un recluta para los Tercios, y aún más, poder pagarle. De ahí que se dijera que algo era tan difícil como poner una pica en Flandes, asimilando por metonimia al soldado por su arma, la pica (hoy sería un fusil).

Con el fin de la guerra de los 30 años (en 1648 y bajo el reinado de Felipe IV) rubricado con la Paz de Westfalia, es reconocida la independencia de los Paises Bajos, actualmente conocidos por Holanda.

Las paredes oyen

Colaboración de Arturo Ortega Morán

Caterina de Medici¿Sabías por qué decimos que LAS PAREDES OYEN para referirnos a la prudencia y precaución con que debemos decir lo que puede comprometernos?

¡Qué difícil es guardar un secreto! Basta contárselo a alguien, para que, en poco tiempo, sea del dominio público. De nada sirve un “pero no se lo digas a nadie”, porque todos tenemos por lo menos a un confidente con el que nos urge saborear lo sabido. Y así, de confidente en confidente…

Otro tipo de depredadores de los secretos, son los espías. Los hay por afición y también por profesión, pero siempre han existido. Y como buenos cazadores, en cuanto obtienen una presa, se apuran para que los demás se enteren.

Estas circunstancias, han dado origen a la expresión las paredes oyen, con la que se advierte de lo vulnerable que son los secretos, y que ninguna precaución sobra para mantenerlos a salvo.

Una historia, harto difundida, es que la locución tuvo origen en Francia, en la segunda mitad del siglo XVI, tiempo en que luchas religiosas asolaron a este país. Catalina de Médicis y el duque de Guisa instigaron a los católicos a llevar a cabo una matanza de hugonotes (seguidores de Calvino), la noche del 24 de agosto de 1572, la trágica “noche de los cuchillos largos”.

Por el ambiente de intrigas palaciegas que se vivía, se cuenta que la reina Catalina mandó construir, en las paredes de su palacio, conductos acústicos secretos para oír lo que se hablaba en las distintas habitaciones, y así, poder enterarse de cualquier conspiración en su contra. De ahí nacería decir que las paredes oyen.

Por mucho tiempo, esta historia se ha tenido por cierta. No obstante, recién he conseguido la prueba de que es falsa. Y es que la reina Catalina, vivió de 1519 a 1589; y he encontrado que, en 1438, Alfonso Martínez de Toledo escribió Arcipreste de Talavera (Corbacho), y en una parte dice:

su lengua a la muerte los condena e da sentençia contra el mal diziente; que por aquel mal dezir deve morir o penar, fablando lo que non deve, donde non deve, e de quien non deve. Pues, byen lo dio por enxenplo el sabyo Catón, donde dixo: “La primera virtud quel ombre o muger deve aver, pienso que es de mal fablar e mucho fablar rrefrenar su lengua; que el que mucho fabla de nesçesario conviene de errar.” Por ende, dize el enxenplo vulgar: “Fabla la boca y paga la coca” (en antiguo castellano, coca significa cabeza). Donde dize Salomón: “Guarda tu lengua e non quieras mucho fablar, en público nin en secreto, de tu menor, ygual, e mayor, e espeçialmente de tu señor o rrey, que por secreto que tú el mal dixeres, guárdate que non pase alguna ave por el ayre bolando, que la lleve las nuevas”. Por tanto se dize: “Guarda qué dizes; que las PAREDES A LAS ORAS OYEN E OREJAS TIENEN.” (“Oras” es forma antigua de “palabras”)

Aparte de los buenos consejos que nos da Martínez de Toledo, nos hace saber que imaginarse las paredes con orejas, es de muy antiguo; y seguro tiene origen en que, desde siempre, los chismes han sido característica humana.

Espero que esto aligere la carga de historia, ya de por sí muy pesada, de Catalina de Médicis, ya sin las orejas de las paredes.

Estar en Babia

¿Sabías por que decimos ESTAR EN BABIA por estar distraído y embelesado con los propios pensamientos?

En el Florilegio de refranes de Sbarbi se lee: “Entiéndese comúnmente por Babia el país de los tontos; por eso se dice que está en Babia el que se halla completamente distraído y alelado”. Y en su obra posterior, el Gran Diccionario de Refranes, se lee: “… se trata de una alusión onomatopéyica con la voz baba, pues estar con la baba caída viene a significar, en principio, lo mismo que la frase que nos ocupa”.

Parece ser que los habitantes de Babia pasaban por ser personas de pocas luces y se les atribuían actos como segar el trigo con escaleras, secar velas al humo o pescar la luna reflejada en un charco, amén de estar con la baba colgando como tontos.

La versión más moderna y difundida, es la que publica Víctor de la Serna en su artículo Un corresponsal en Babia, aparecido en ABC el 29 de Julio de 1953, en el que hace referencia a la comarca de Babia, ubicada en la montaña leonesa al noroeste de la provincia de León.

En el citado artículo se lee:

“Parece que los reyes de León gustaban, como gente fina que eran, de pasar largas temporadas de verano en Babia, cuando todavía los duques de Luna no habían fijado allí su puesto de mando para expoliar al país. Babia era una región placentera, bien abastada, bien comunicada, guardada por gente pacífica e hidalga, leal al Rey y, entonces, con buenos cazaderos de osos, corzos y jabalíes.

Ordoños, Ramiros, Alfonsos y Fernandos se encerraban en Babia muchas veces, huyendo de las intrigas de la Corte y de las ambiciones de nobles y prelados empeñados en instaurar la modalidad feudal. A veces, los fieles súbditos leoneses echaban de menos a su monarca, ausente, mientras los intrigantes repetían: El rey está en Babia. Y con esto daban a entender que Su Alteza no quería saber nada de nada.

Desde entonces, estar en Babia se dice de un estado psicológico que está entre el dolce far niente y el no quiero saber nada.”