¿Sabías por qué se come PAVO EN NAVIDAD?
El Sínodo de Aquisgrán estableció que el capón no rompía la abstinencia (de comer carne) a la que se estaba obligado antiguamente durante el día de Navidad.
Por ello se popularizó el consumo de pollo o gallina durante este día.
Más tarde el pavo llegó a Europa procedente de México, en el primer tercio del siglo XVI. Fue un recuerdo que trajo Hernán Cortés del Nuevo Mundo después de que los aztecas se lo dieran a probar.
Allí era conocido con el nombre de guajalote. Y al respecto se cuenta un chiste en México que dice que se trata del único animal que cambia de nombre, pues es guajalote durante todo el año y pavo el dia de Navidad.
¿Sabías el origen del ÁRBOL DE NAVIDAD?
Para los celtas, la esencia de los elementos, de las auténticas fuerzas naturales, residía en el bosque y, más concretamente en los calveros, en los que establecían sus santuarios.
La fuerza del druída nacía de su comunicación directa con el bosque y, en especial con el roble, considerado el más fuerte y sagrado de los árboles.
Sobre la tradición del Árbol de Navidad, de origen germano, se cuenta que fue obra, en la primera mitad del siglo VIII, de San Bonifacio —el Apóstol Alemán— que derribó un roble para demostrar a los druidas que el árbol no era sagrado ni inviolable.
En su caída el árbol destrozó todos los arbusto excepto un pequeño abeto, que el santo calificó de árbol del Niño Dios al ocurrir tales hechos durante las navidades.
Fue a partir del siglo XVI que se adornaron los abetos para celebrar la Navidad.
Los adornos y bolas que se cuelgan actualmente del árbol fueron creadas en el siglo XVIII por los sopladores de vidrio de Bohemia.


¿Sabías por qué celebramos la Navidad el 25 de diciembre?
En Navidad (contracción de Natividad) celebramos el nacimiento de Jesucristo con una fiesta establecida en el siglo IV y de las más solemnes del calendario cristiano.
Con anterioridad los cristianos tan sólo conmemoraban la Pascua de Resurrección, pues desconocían la fecha del natalicio y tampoco le otorgaban demasiada importancia al hecho frente al verdaderamente importante de la resurrección.
Posteriormente al desearse celebrar el nacimiento, algunos teólogos propusieron fechas muy dispares que abarcaban desde el 6 de enero al 25 de mayo. En el concilio de Nicea (325 d.C.) se fija la fecha en el solsticio de invierno (en el hemisferio norte) y más concretamente se decide celebrar la Navidad el 25 de diciembre, para aprovechar que en esta fecha ya se celebraban en la antigüedad diversas fiestas paganas, como las “saturnales” romanas, la llegada del invierno entre los britanos y el Natalis Solis Invicti, ‘natalicio del sol inconquistable’ en latín, en honor de Mitra, dios asimilado más tarde al Apolo romano.
Y como sea que ya desde el siglo II se celebraba en los primeros días de enero la Teofanía —fiesta de la manifestación del Salvador, que agrupaba su nacimiento y su adoración por los Magos— la Iglesia optó por desglosar en dos la celebración, situando el nacimiento en la fecha señalada, con el objetivo de simular su integración en las fiestas paganas de la celebración del solsticio, a la vez que dotaba de contenido cristiano la celebración del nacimiento del Invicto, Jesús; dejando para el 6 de enero la celebración de la Epifanía o Adoración de los Magos.
¿Sabías el origen de la tradición de montar el pesebre navideño o belén?
La costumbre de representar el nacimiento de Jesús llegó a España en el siglo XVIII cuando el Rey Carlos III hizo traer esta tradición desde Nápoles. Un siglo después, los belenes habían arraigado con fuerza en toda la península.
Esta representación que suele hacerse en las iglesias y en las casas durante el tiempo navideño debe sus origen a las representaciones litúrgicas del misterio navideño y a la primera escenificación que hizo San Francisco de Asís en Greccio en 1223.
Tras asistir a la celebración de la Navidad en la ciudad de Belén, quedó tan impresionado que, a su regreso a Italia, pidió un permiso al Papa Honorio III para reproducir en vivo el nacimiento de Jesús en una cueva próxima a su pueblo natal, con una imagen en piedra del niño, un buey y un asno y un reducido grupo de aldeanos.
En aquella cueva, San Francisco de Asís celebró la Misa del Gallo de la Nochebuena de aquel año y se dice que durante el oficio la figura del niño Jesús cobró vida, lo que contribuyó a difundir la costumbre.
Hacia finales del siglo XV, los actores que protagonizaban la natividad comenzaron a ser sustituidos por figuras de barro y durante el siglo XVI, los frailes franciscanos llevaron la costumbre a América, volviéndose una actividad obligada durante la navidad en las comunidades cristianas.
A partir de ese momento la iglesia católica promovió en los templos, hogares y sitios públicos, las representaciones del nacimiento del niño Jesús, a fin de que creciera el interés por las fiestas navideñas como una exaltación a Cristo, lo que se consigue gracias a la labor de los franciscanos, de los dominicos y de los jesuitas.