¿Sabías cuál es el origen de la TARJETA DE VISITA?
La tarjeta de visita es un objeto de uso cotidiano en presentaciones, contactos comerciales, actividades sociales… cuya finalidad es darnos a conocer: quiénes somos, dónde vivimos, a qué nos dedicamos, qué cargo desempeñamos…
Y de forma más esporádica se usa para ofrecer el domicilio a los conocidos o para acompañar algún regalo.
Entonces podría parecer que un nombre más adecuado sería el de tarjeta de presentación, porque… ¿dónde queda la visita?
En su origen la tarjeta se utilizó en las visitas sociales, una práctica en desuso en la actualidad, pero que antiguamente era una cuestión de educación para aquellas personas que deseaban tener una buena vida social.
Tanto era así, que había casas en las que se establecían días y horas determinadas para recibir visitas. Y mansiones con dos salones: el de diario y el de recibir las visitas.
Desde el siglo XIX la costumbre social de visitar a parientes y amigos, quedaba totalmente satisfecha estuviesen o no gracias a la tarjeta de visita.
Cuando alguien iba de visita a una casa por primera vez, entregaba su tarjeta de visita al servicio para que supieran a quién debían anunciar.
Cuando alguien iba de visita y no encontraba a los dueños de la casa, entregaba su tarjeta de visita al servicio como prueba de su presencia y se daba por cumplida la visita. Era una especie de acuse de recibo de la visita realizada que daba por cumplido el compromiso social.
Cuando los señores volvían a su domicilio podían saber, gracias a las tarjetas, qué visitas habían recibido en su ausencia y a quiénes debían devolver la visita para cumplir con su obligación social.
¿Sabías por qué se hacen REGALOS EN NAVIDAD?
La tradición de regalar en estas fechas es presagio de suerte y buena ventura.
Tiene su origen en las strenae romanas, que provenían de un rito augural en honor a la diosa Strenia.
En las calendas de enero —primer día del mes y del año— se celebraban las strenalias, fiestas durante las cuales la gente llevaba ofrendas y regalos a la diosa y hacían sacrificios en su templo ubicado a orillas de un bosque sagrado, en las cercanías de Roma. Todo con la idea de augurar un nuevo año lleno de bendiciones, abundancia y felicidad.
Ya en los inicios, los regalos pasaron a hacerse a los parientes, amigos y conocidos para desearles ventura, a la par que era una buena ocasión para rehacer o reforzar amistades maltrechas u olvidadas. Al principio consistían en ramitas fragantes cortadas de los árboles del bosque sagrado de Strenia y después fueron pequeños regalos: tarritos de miel, frutas secas o vino.
Mucho más tarde vinieros los lotes y cestas navideñas.
Esta costumbre pagana de hacer regalos y dar estrenas (o aguinaldos) se siguió practicando aún cuando la Iglesia católica se convirtió en la religión oficial del imperio romano. Los altos estamentos eclesiásticos fracasaron en su intento por erradicarla, pero consiguieron que los regalos se intercambiaran una semana antes, coincidiendo con la celebración del nacimiento de Jesús.
De las strenae se ha derivado el verbo estrenar, ‘hacer uso por primera vez de algo, representar un espectáculo público por primera vez’ y otros significados similares. Y la expresión dar la estrena, ‘ser el primero en hacer algo’, que alude a la costumbre infantil de pisar los zapatos nuevos o dar un pescozón al que se ha cortado el cabello.
El fútbol es algo más que un deporte, de ello no hay duda. Mueve ingentes cantidades de dinero y levanta pasiones. Tiene una presencia casi omnipresente en los medios de comunicación y forma parte, lo quiera uno o no, del día a día de nuestras vidas.
Y es tal su fuerza que ha creado un lenguaje propio, con unas expresiones particulares, como marcaje férreo, disparo a puerta, cerrojazo, correr la banda, regate en seco, hacer una chilena, remate de cabeza, saque de banda… y tantas otras.
Expresiones que a todos nos son conocidas, precisamente por esa onmipresencia de las retransmisiones y prensa deportiva, pero que sonarían a chino a aquél que desconociese todo sobre el fútbol.
Y no solamente eso, algunas expresiones futboleras han traspasado su ámbito y se han trasladado al lenguaje de la calle, dotándolas de un significado figurado aplicable a diversas situaciones de la vida.
Veamos algunas:
Meter un gol
Un gol se logra cuando el balón traspasa la línea de meta de la portería. Meterle un gol a alguien o colarle un gol a alguien, consiste en obtener un triunfo sobre esa persona, conseguir lo que de él se pretende, especialmente sin que éste se dé cuenta, con engaño.
Ganar por goleada
Conseguir más goles que el equipo contrario es el objetivo del juego. Y cuanto mayor es la diferencia de goles mejor para el ánimo del vencedor. Ganar por goleada se dice cuando se consigue algún objetivo sobradamente, cuando se excede en los méritos para su consecución, siempre que se consiga por delante de uno o varios oponentes.
Dejar fuera de juego
El fuera de juego es una situación que se puede producir durante el desarrollo del encuentro por la posición incorrecta de un delantero y que invalida las jugadas posteriores. En ocasiones es la acción conjunta de la defensa la que deja en posición antirreglamentaria al delantero contrario. Dejar fuera de juego a alguien es dejarle desorientado, sin enterarse de lo que ocurre a su alrededor, sin capacidad de reacción.
Casarse de penalti
El penalti es la mayor penalización que puede imponer el árbitro. La expresión equipara el castigo que supone el matrimonio para aquellos que se casan cuando ya esperan un hijo, obligados por las circunstancias y por lo que se entiende como una grave falta.
Sudar la camiseta
Cuando los jugadores se emplean a fondo, sudan su camiseta por el esfuerzo físico. Así, suda la camiseta el que se esfuerza mucho por conseguir su objetivo y el que cumple sobradamente con su tarea.
Chupar banquillo
Los jugadores reserva aguardan en el banquillo su oportunidad de entrar en juego. Cuando alguno de ellos pasa sentado todo el encuentro se dice que chupa banquillo. Por analogía se dice que chupa banquillo aquél al que no dejan participar en algo o con el que no cuentan los demás, porque no se le considera apto o por que hay otro más aptos que él.
Echar balones fuera
En un partido echa balones fuera aquél equipo que se desentiende del ataque y se limita a alejar el balón de su área. Así se dice que echa balones fuera el que, para evitar una situación peligrosa, finge no entender o disimula o pone excusas para retrasar en lo posible el desenlace.
Hacer un regate
Un regate es una finta que hace un jugador para proseguir con el balón evitando que se lo arrebaten. Hacer un regate es, pues, escaparse o evadirse de una dificultad hábilmente.
Jugar en campo contrario
Jugar en el propio campo supone una ventaja al contar con el apoyo del público. El famoso jugador número doce. Jugar en campo contrario significa estar en desventaja, sin apoyos.
Estar vendido
Cuando la defensa deja al portero en franca desventaja frente a un delantero con el balón se dice que está vendido, pues no puede hacer nada para evitar el gol. Por similitud se dice que está vendido aquél al que dejan solo y que no puede hacer nada para evitar un mal resultado.

¿Sabías por qué las mujeres ABROCHAN SUS ROPAS DE IZQUIERDA A DERECHA mientras que los hombres lo hacen de derecha a izquierda?
Es decir, cuando un hombre tiene una camisa u otra prenda similar puesta, los botones se encuentran en el lado derecho y los ojales en el izquierdo, disposición que se supone más adecuada para una persona diestra. En cambio, en las prendas femeninas ocurre al contrario: los botones se encuentran en el lado izquierdo y los ojales en el derecho.
La teoría que cuenta con más aceptación al respecto, dice que las mujeres se abrochan las ropas de izquierda a derecha porque las damas de buena posición eran vestidas por sus criadas, y para ellas, la labor resultaba más fácil si los botones estaban situados al revés de como debían estarlo. Por ello se adoptó el cambio, que pronto se convirtió en costumbre.
Costumbre que nadie ha propuesto cambiar.
¿Sabías por qué SIN DECIR AGUA VA es una expresión utilizada para expresar que se realiza una acción sin avisar?
La locución alude a la costumbre antigua de vaciar bacines y orinales por balcones y ventanas en una época en que no existía el retrete ni el agua corriente en las casas y las poblaciones no contaban con sistema de alcantarillado.
Por las mañanas, las amas de casa recogían los recipientes de su vivienda y vaciaban su líquido contenido a la calle, tras el grito de aviso de: ¡Agua va…! Con ello se ponía sobreaviso a los posibles transeúntes del peligro inminente de recibir una indeseada ducha.
Cuando las instalaciones sanitarias mejoraron, la costumbre desapareció en buena lógica, pero la frase de ¡Agua va! permaneció en el lenguaje como sinónimo de advertencia.
Entonces sin decir agua va es una expresión que pone de manifiesto que se ejecuta alguna acción —sea cual sea su trascendencia o importancia— sin ninguna señal de aviso previo que permitiera eludir las consecuencias de la misma a aquellos sujetos que pudieran verse afectados por la mencionada acción.

¿Sabías por qué decimos DAR EN EL CLAVO para expresar que se ha dado con la razón de algo?
También se dice del que acierta con el gusto o deseo de otro o del que elige la opción correcta entre otras que no lo son.
Antiguamente se decía dar en el hito, siendo el hito una estaca o clavo que se fijaba al suelo y sobre el que se lanzaban piedras o herraduras a suerte de un juego de puntería. Ganaba, claro está, aquél que colocaba su muestra más cerca del hito o el que “daba en el clavo” más veces.
Los piropos no son más que frases, más o menos encendidas, que alaban generalmente la belleza de una mujer. También alaban otras cualidades y, por supuesto, no siempre a mujeres.
Son más o menos políticamente correctos dependiendo del lugar y la época. Los hay galantes, curiosos, graciosos y hasta groseros. Que cada cuál los clasifique según su criterio.
Lo que los une a todos es que juegan con el lenguaje para condensar mucho significado en muy pocas palabras.
Algunos ejemplos:
¿Llevas puesto un sujetador espacial? ¡Porque tienes unas tetas de otro mundo!
Necesitas señalización, que con tantas curvas, uno se mata.
Morir ya no me asusta. He visto el Cielo en ti.
Si fueras un bollycao me comía hasta el cromo.
¡Tienes dos ojos como dos sartenes, cuando te los miro se me fríen los huevos!
Si tu culo fuera tostada, tendría que untarte mantequilla con un remo.
Quién fuera zapatero para trabajar ese cuero.
Si la belleza fuese segundos, tú serías 24 horas.
¡Tía buena! ¡Primero te voy a comer y luego me voy a coser el culo!
Si me caigo ya sé donde agarrarme.
No es la Luna, eres tú quien ilumina la noche.
Estás tan buena que te comería con ropa y todo, aunque me pasara un mes cagando trapos.
Al leer la palabra que nos ocupa no puedo evitar evocar la imagen de un señor bajito y poca cosa al lado de su esposa, una mujerona alta y oronda, con brazos como aspas de molino, a la que siempre responde: sí cariñito, lo que tú digas reina mía, como quieras palomita…
Pero no, no se trata de eso. Recibe tal nombre un pequeño brasero para la mesa camilla.
Esta mesa camilla es una mesa de madera, normalmente circular, cubierta con unas faldas de tela gruesa que pueden llegar casi hasta el suelo, y que en el centro lleva un soporte de madera con un agujero circular para colocar el brasero.
Alrededor de esta mesa las mujeres se reunían para coser, bordar, hacer encaje… al calorcillo del brasero.
Quizás es un tema más propio de nuestras abuelas que, debido a las férreas normas sociales de su época, tuvieron que inventar un lenguaje de signos que les permitiese llevar a cabo sus contactos amorosos.
Actualmente el lenguaje del abanico es desconocido para la mayoría (¿qué es un abanico? quizás se pregunte alguien) pero el diccionario abanico/español-español/abanico es muy extenso.
A continuación una selección de posiciones:
Apoyarlo cerca del corazón. – Has ganado mi amor.
Abanicarse lentamente. – Estoy casada.
Abanicarse rápidamente. – Estoy comprometida.
Abierto y los ojos escondidos detrás. – Te quiero.
Abierto y sujeto con ambas manos juntas. – Olvídame.
Abierto y cubriendo la oreja izquierda. – No reveles nuestro secreto.
Un dedo tocando la parte superior. – Desearía hablar contigo.
Medio abierto presionando sobre los labios. – Puedes besarme.
Sujetándolo sobre los labios. – Que me beses.
Apoyado sobre la mejilla derecha. – Sí.
Apoyado sobre la mejilla izquierda. – No.
Darle vueltas con la mano izquierda. – Nos están observando.
Darle vueltas con la mano derecha. – Quiero a otro.
Moverlo entre las manos. – Te odio.
Entregarlo cerrado. ¿Me quieres?
Qué complicado… con lo bien que funciona el: ¿estudias o trabajas?
No, no se trata de tranquilo y tranquilizar, sino de tranquil y tranquilar.
Tranquil es, en arquitectura, una línea vertical.
Y tranquilar es señalar con dos rayas cada una de las partidas de cargo y data de un libro de comercio, hasta donde iguala la cuenta. Una acción que posiblemente hayamos hecho más de una vez, y con seguridad aquellos que hayan cursado estudios de contabilidad o comercio.