
Hay chistes y chistes. Estos son chistes de lenguaje: ambigüedades, equívocos, juegos de palabras… En definitiva, chistes malos… O no.
Un amigo a otro.
-Mi suegra me trata como a Dios.
-¿Y eso?
-Pues… sabe que existo, pero no me puede ver.
Un borracho le envia un SMS a su esposa.
-Amor, llego en 30 minutos… Si no he llegado vuelve a leer el mensaje.
Una señora a otra.
-No puedo comer carne.
-¿Tensión alta?
-No, pensión baja.
El profesor a un alumno.
-Estás expulsado del equipo de paracaidismo.
-¿Por qué?
-Porque no me caes bien.
Una amiga a otra:
-Después de cuatro años mi novio por fin me ha hablado de matrimonio.
-Y qué te dijo?
-Que está casado y tiene dos hijos
Un amigo a otro.
-Hoy al salir del trabajo he atropellado a un unicornio.
-¡No me lo puedo creer! ¿Tienes trabajo?
-Hola, me llamo Oportunidad.
-¿Cómo dices?
-Lo siento, las oportunidades solo se presentan una vez.
Una amiga a otra.
-Mi hijo está yendo a clases de natación.
-¿Ah, si? ¿y que tal lo hace?
-Pues por ahora nada mal.
-Doctor, ¿tiene pastillas para la baja autoestima?
-Si, por supuesto, aquí las tiene.
-Pensándolo mejor… es igual… no me las merezco…
En una zapatería.
-Hola, quería unos zapatos.
-¿Qué pie usa?
-Pues… normalmente los dos…
Un amigo a otro.
-¿Cómo va tu vida sexual?
-Como la cocacola.
-¿Y como es eso?
-Primero normal, luego light y ahora zero.
Un hermano a otro.
La abuela tuvo un infarto, y le tuvieron que revisar el corazón…
-¿Y latía?
-La tía no sé… ¡yo te estoy hablando de la abuela!
En un control de carretera paran a un borracho y le dice un policia:
-Enséñeme el seguro del coche, por favor.
Y el borracho le contesta:
-Pues mire, es éste, si lo subes la puerta esta abierta y si lo bajas cerrada.

Hay chistes y chistes. Estos son chistes de lenguaje: ambigüedades, equívocos, juegos de palabras… En definitiva, chistes malos. O no.
Como los que vienen a continuación.
Un hombre que trabajaba en una fábrica de conservas le confesó a su mujer que estaba poseído por una terrible obsesión: Introducir su pene en la cortadora de pepinos.
Espantada, la esposa le sugirió que consultara con un psicólogo. El marido prometió que lo pensaría, pero todos los días le repetía a su esposa la misma historia, hasta que ella, harta, un día le dijo:
-¡Pues mételo y no me fastidies más! Es tu problema.
Días después, el marido llegó cabizbajo, pálido y profundamente abatido.
-¿Qué pasó, querido? -Le preguntó la mujer.
-¿Te acuerdas de mi obsesión por meter el pene en la cortadora de pepinos?
-¡Oh, no! -Gritó la mujer- ¡Dime que no lo hiciste!
-¡Sí, sí lo hice, lo hice!…
-¡Oh, por Dios! Y… ¿Qué pasó?
-¡Me despidieron! -Respondió el marido.
-Pero… y… eh… ¿Qué pasó con la cortadora de pepinos, te hizo daño?
-No, no… ¡También a ella la despidieron!
Un borracho va dando tumbos por la calle a las tres de la mañana cuando lo detiene un policía.
-¿Dónde va Vd. en este estado a estas horas?
El tipo, bien cargado, le responde:
-Voy a una conferencia sobre el abuso del alcohol y sus efectos letales en el organismo, el mal ejemplo para los hijos y las consecuencias nefastas para la familia, el problema que causa en la economía familiar y la irresponsabilidad absoluta de un padre… y bla, bla, bla…
El policía lo mira incrédulo y le dice:
-¿En serio? ¿Y quién va a dar esa conferencia a estas horas?
-Quién va a ser, carajo… ¡mi mujer cuando llegue a casa!
En el confesionario:
-Padre, el otro día hice el amor con mi novia en el hueco de detrás del confesionario de enfrente, entre las columnas, que no se ve mucho… ¿eso es pecado?
-Pecado no sé, ¡pero el sitio es cojonudo!
En el médico.
-Doctor, hice lo que me recomendaste para los ardores de estómago… y ahora, tengo ladillas.
-¡Te dije, sal de FRUTAS!… ¡de FRUTAS!

Hay chistes y chistes. Estos son chistes de lenguaje: ambigüedades, equívocos, juegos de palabras… En definitiva, chistes malos.
Como los que vienen a continuación.
En una entrevista de trabajo.
-Un curriculum impresionante. Dice Vd. que habla perfectamente inglés.
-Sí, fui a un colegio bilingüe.
-Y francés.
-Sí, mi madre era francesa.
-Y alemán.
-Mi padre nació en Berlín.
-También italiano.
-Trabajé en Italia un par de años.
-¿Y chino?
-Tuve una novia china.
-Muy bien, queda Vd. contratado. Colamente una curiosidad, ¿conociendo tantos idiomas, Vd. en qué piensa?
-En sexo, como todo el mundo.
En una panadería:
-¿Me puede dar dos funcionarios?
-A ver… le he dicho miles de veces que no se llaman funcionarios… se llaman “BA GUE TES”.
-Papá, ¿qué hay entre las piernas de mamá?
-El paraíso.
-¿Y entre las tuyas?
-La llave del paraíso…
-Pues cambia la llave, que el vecino tiene copia.
En el colegio.
-A ver… Napoleón murió en…
-Fermo.
-¿Qué te parece la gelatina?
-Pues no sé que decir. Conozco la i latina, la y griega, pero la g latina no la conozco.
-Abuelo, ¿tú todavía tienes sexo con la abuela?
-Sí, pero sólo sexo oral.
-¿Qué es sexo oral, abuelo?
-Yo le digo a tu abuela “jódete” y ella me responde “vete a tomar por culo”.
Primer día de escuela en España. La profesora pasa lista.
La profesora, pasa lista:
-Mustafá El-Ekhseri.
-Presente.
-Achmed El-Cabul.
-Presente.
-Kadijha Ben-Gasir.
-Presente.
-Mohammed Ahmad.
-Presente.
-Albertomar Tindi-Ez.
Nadie contesta.
-Albertomar Tindi-Ez.
Nadie contesta.
Por última vez: Albertomar Tindi-Ez.
Un chico y dice:
-Debo ser yo profesora, pero se pronuncia “Alberto Martín Diez”.
Dos amigos se encuentran.
-¿Qué tal te va en tu matrimonio?
-Fatal. Mi mujer se pasa todas las noches de bar en bar.
-¿Le va la bebida?
-No, que no deja de buscarme, la muy…
Una mujer celosa le pregunta al marido.
-¿Con cuántas mujeres has dormido?
-Contigo solamente mi vida.
-¿Estás seguro?
-Sí, con las otras no me da sueño.
-Papá ¿alguna vez te enamoraste de una profesora?
-Sí hijo, de la de la guardería.
-¡Oh, que bonito! ¿Y qué pasó?
-Que tu mamá se cabreó y te cambió de guardería.
En el gimnasio.
Un hombre de 65 años le pregunta al entrenador personal.
-¿Qué máquina debo usar para impresionar a una chica de 25 años?
El entrenador lo mira de arriba a abajo y le dice.
-Pruebe con el cajero automático.

Dicen que son juegos de niños, pero quizás alguno arranca una sonrisa.
¿En qué se parece un sauce a un zapato?
En que el sauce llora, y el zapato consuela.
¿En qué se parecen las mujeres a los huracanes?
En que llegan fuertes y salvajes y se van con tu coche y tu casa.
¿En qué se parece un pato cojo a un pato viudo?
En que los dos se quedaron sin pata.
¿En qué se parece un boxeador a un astrólogo?
En que todo el tiempo ven las estrellas.
¿En qué se parecen los limones a los terratenientes?
En que los dos tienen muchas propiedades.
¿En qué se parece un amigo a un encendedor?
En que siempre fallan cuando más se les necesita.
¿En qué se parece la mujer a un ordenador?
En que tan pronto tienes una quieres otra mejor.
¿En qué se parece una camisa vieja a un hotel pobre?
En que ninguno tiene botones.
¿En qué se parece una bruja a un fin de semana?
En que los dos se van volando.
¿En qué se parece un hombre a un avión?
En que el hombre tiene sesos y el avión se sostiene.
Hay chistes y chistes. Estos son chistes de lenguaje: ambigüedades, equívocos, juegos de palabras… En definitiva, chistes malos.
Como los que vienen a continuación.
-¿Cuál es el vino mas amargo?
-Vino mi suegra.
-¿Por qué la esposa de Hulk lo dejó?
-Porque ella quería un hombre más maduro.
-¿Por qué los funcionarios son ateos?
-Porque no creen que después haya una vida mejor.
Un niño de tres años observaba su pilila mientras su mamá le bañaba. Y le preguntó:
-Mami, ¿es este mi cerebro?
-Todavía no -respondió la madre.
Había una persona que cada vez que se comía un yogur, lo tiraba al llegar a la mitad.
-¿Por qué haces eso? -le preguntó un amigo.
-Porque en la tapa pone “Consumir preferentemente antes de: ver el fondo del envase”.
Están un campesino y su hijo en el campo y aparece un turista con un mapa en la mano.
-Do you speak english? -pregunta.
-No entiendo. -responde el campesino.
-Parlez vous français? -insiste.
-No sé qué dice. -contesta el campesino.
-Parla italiano?
-Sigo sin entender.
-Sprechen Sie Deustch?
-No me entero de nada.
Desalentado, el turista se va sin haber podido preguntar sobre la ruta.
-¡Qué suerte tiene ese hombre de hablar tantos idiomas! -dice el hijo.
-¿Suerte? Para lo que le ha servido…
-Oye, ¿qué es peor, la ignorancia o el desinterés?
-Ni lo sé, ni me importa.
-¿Conoces el castigo para la bigamia?
-Tener dos suegras.
En el colegio, en un clase sobre seguridad aérea, pregunta la maestra.
-Si estás en un avión y éste se prende fuego… ¿por dónde sales?
-Pues… ¡por el telediario!
-Qué perro más bonito tiene usted, ¿de qué raza es?
-Es un perro policía.
-Pues no lo parece.
-Es que es de la policía secreta.
Estaba un hombre viendo la televisión y llega su esposa y le empieza a contar lo que ha hecho en el día. El marido le dice:
-Sabes mi amor, cuando oigo tu voz me recuerda el mar.
-¿Por qué mi voz te recuerda el mar? -pregunta emocionada la esposa.
-Porque tu voz me marea.
Un amigo a otro.
-¿Cuántos cornudos te parece que viven en esta calle sin contarte a ti?
-¡Cómo sin contarme a mí! ¡Esto es un insulto!
-Bueno, no te enfades. Vamos, contándote a ti… ¿cuántos te parece que hay?
En el baile.
-Me pareces la chica más guapa del baile.
-¿Sí? Pues yo no puedo decir lo mismo de ti.
-Claro que sí. Haz como yo: miente.
Hay chistes y chistes. Estos son chistes de lenguaje: ambigüedades, equívocos, juegos de palabras… En definitiva, chistes malos.
Un amigo a otro.
-Mi mujer es un objeto sexual.
-¿Ah sí? ¿Y eso por qué?
-Porque cada vez que me apetece hacer el amor, ella objeta algo.
-Éste sí que es un cantante de primera fila.
-Estoy de acuerdo. En la segunda fila no se le oye.
Un amigo a otro.
-Me gustaría que el culo de mi mujer midiera un metro de diámetro.
-¡Hala! ¿Para qué tan grande?
-¿Cómo que tan grande? Es que le mide dos.
En el restaurante.
-¡Camarero, ya le he pedido cien veces un vaso de agua!
-Si, ahora mismo: ¡Cien vasos de agua para el señor!
Un amigo a otro.
-Ayer me encontré un maletín con un millón de euros.
-¿Y lo devolviste?
-Claro, ¿para qué quiero yo un maletín?
-Tengo una mujer que me quita el sueño.
-¿Te has vuelto a enamorar?
-No, la mía, que ronca una barbaridad.
En la farmacia.
-Hola, ¿me da un condón?
-Oiga, por favor, que hay aquí dos señoras. ¿Es que no tiene educación?
-Perdone, tiene usted razón, entonces deme tres.
-¿De qué te quejas? ¿No decías que te gustaban llenitas?
-Sí, pero no de granos.
Hay unos sencillos chistes de personificación en los que hablan los objetos. ¿Y si una frase habitual la dijera un objeto en especial?
¿Qué le dice el paraguas al bastón?
-¡Vístete, cochino!
¿Qué le el pingüino a la pingüina?
-Te quiero como a ningüina.
¿Qué le dijo la bombilla al electricista?
-Te gusta hacerme la rosca.
¿Qué le dijo un rosal a otro rosal?
-Para mí que nos han dejado plantados.
¿Qué le dijo un gusano a otro gusano?
-A ver quién da antes una vuelta a la manzana.
¿Qué le dijo un camello a otro?
-¡Nos han jorobado!
¿Qué le dijo la nariz al pañuelo?
-Me suenas.
¿Qué le dijo un elefante a un hombre desnudo?
-¡Cómo puedes respirar con esa trompa tan pequeña!
¿Qué le dijo el timbre al dedo?
-Si me tocas, grito.
¿Qué de dijo un pollo a otro?
-Vamos al supermercado a ver gallinas desnudas.
¿Qué le dijo el sello de una carta a otro?
-¡Qué violencia! Primero nos pegan y luego nos matan.
¿Qué le dijo un árbol a otro?
-Tienes la cabeza llena de pájaros.
Es un juego basado en la exageración con fines cómicos. Un tradicional chiste o juego infantil en el que se escoge una cualidad —repetida indefectiblemente tres veces— y se exagera hasta lo imposible.
Era una calle tan ancha, tan ancha, tan ancha, que en lugar de pasos de cebra tenía pasos de elefante.
Era una casa tan rica, tan rica, tan rica, que hasta la cubertería de plata era de oro.
Era un coche tan grande, tan grande, tan grande, que en lugar de radio tenía diámetro.
Era un hombre tan friolero, tan friolero, tan friolero, que en vez de frío tenía heladas.
Era un hombre tan avaro, tan avaro, tan avaro, que hizo testamento a su favor.
Era una mujer tan alta, tan alta, tan alta, que en lugar de añon cumplía metros.
Era una pastelería tan sucia, tan sucia, tan sucia, que hasta el cabello de ángel tenía caspa.
Era un torero tan malo, tan malo, tan malo, que en lugar de faenas hacía gamberradas.
Era un niño tan huérfano, tan huérfano, tan huérfano, que le parió su tía.
Era una mujer tan gorda, tan gorda, tan gorda, que había que mirarla a plazos.
Era un hombre tan avaro, tan avaro, tan avaro, que no prestaba ni la menor atención.
Era un bebé tan feo, tan feo, tan feo, que aprendió a caminar a los tres meses porque nadie lo cogía en brazos.
Era una familia tan numerosa, tan numerosa, tan numerosa, que la cigüeña vivía con ellos.
Los chistes de tontos y sus tonterías son un clásico. En Argentina los protagonizan los gallegos, en Francia los belgas y en España los de Lepe. ¡Vaya usted a saber por qué!
Estos chascarrillos suelen sustentar su gracia en juegos de palabras o en diferentes confusiones lingüísticas. Por ello tienen cabida aquí.
¿Por qué los de Lepe tiran los bolígrafos por la ventana?
Para hacer aero-bic.
¿Por qué los de Lepe meten una botella vacía en la nevera?
Para los invitados que no quieran tomar nada.
¿Por qué los de Lepe ponen cebollas en los arcenes de las carreteras?
Porque son buenas para la circulación.
¿Por qué los de Lepe tardan mucho en reír un chiste?
Porque el que ríe el último ríe mejor.
¿Por qué los de Lepe cambian los buzones muy a menudo?
Porque se les llenan de cartas.
¿Por qué los de Lepe tienen una iglesia en el aeropuerto?
Para confirmar los vuelos.
¿Por qué las mujeres de Lepe tiran piedras a las cigüeñas?
Para abortar.
¿Por qué los semáforos de Lepe están más altos que en otras poblaciones?
Para que los conductores no se los salten.
¿Por qué los enanos de Lepe durmen en el hospital?
Porque solamente allí tienen camillas.
¿Por qué los de Lepe no tienen palmeras?
Porque no les gusta comerse el coco.
Hay chistes y chistes. Estos son chistes de lenguaje: ambigüedades, equívocos, juegos de palabras… En definitiva, chistes malos.
El juez interrogando a un testigo:
-¿Practica usted la prostitución?
-No, señor juez… la practiqué hace mucho tiempo, ahora la ejerzo.
-Cariño, tengo dos noticias. Una buena y otra mala.
-¿Cuál es la buena?
-Que he dejado las drogas.
-¿Y la mala?
-Que no recuerdo dónde.
-Pero señora… ¿por qué se quiere divorciar?
-Mi marido me trata como a un perro.
-¿Le pega, la maltrata?
-No, ¡Quiere que le sea fiel!
El marido a la mujer (o la mujer al marido)
-Cariño, anoche cuando soñabas me insultabas.
-¿Y quién te ha dicho que estaba soñando?
Dos presos se encuentran en el patio de la cárcel y uno de ellos está enojadísimo.
Al verlo, su compañero le pregunta:
-¿Que te pasa?
-¡Estoy indignado! ¡Me echaron 40 años, y sólo tengo 25!
-¿Sabes que el otro día se cayó un hombre por el balcón y ahora está en el cielo?
-¡Qué manera de rebotar!
-¿Tu abuela es mecánico?
-No.
-¿Entonces que hace debajo del autobús?
-Mamá, mamá… ¡el hermanito se hizo mierda!
-Se dice que se hizo popó.
-No, ¡se hizo mierda! ¡Se cayó por la ventana!
-Papá, papá, cuando sea grande quero ser puto.
-¿Cómo que quieres ser puto? Le suelta un par de hostias.
El nene llorando dice:
-Beno, pero si no soy puto… ¿puedo ser Mickey?
-¿Qué tal tu viaje por Italia?
-Muy bien, estuve en Roma, en Milán, en Temeo.
-¿Temeo? Nunca había oído hablar de esa ciudad?
-Pues es muy conocida.
-¿Estás seguro de que se llama Temeo?
-¡Ah no! perdona, era Torino.
-Mamááááá, mamáááááá… ¿por quéééé papáááááá matóóóóó al preeegoneroooooo.