No todo el lenguaje es hablado. El lenguaje corporal tiene una gran importancia y nos comunica en ocasiones más información; incluso aquella que el hablante no nos quiere revelar.

La postura del cuerpo, las piernas cruzadas, el movimiento de las manos, la mirada y cientos de detalles más, revelan datos acerca de nuestra personalidad y nuestras intenciones que ciertos profesionales —psicólogos encargados de la selección de personal para una empresa, por ejemplo— saben leer como un libro abierto.

Cómo comportarse en una entrevista de trabajo será un buen tema para un próximo artículo, porque el tema a tratar hoy hace referencia a la lectura en frío que ciertas personas pueden hacer de estos datos y a cómo sacan provecho de ella. Me refiero, en concreto, a aquellas personas sin escrúpulos que, amparadas en diferentes sistemas de adivinación, realizan descubrimientos y predicciones en base a la lectura que hacen de nuestra persona.

No pretendo valorar ni cuestionar la validez de ninguna técnica adivinatoria —léase, quiromancia, tarot, posos de café o lo que sea— tan sólo valorar la información que inadvertidamente se proporciona y que algún adivinador puede utilizar en su provecho.

La técnica de la lectura en frío se basa en la formulación de frases y comentarios tan generales que podrían aplicarse a cualquiera. El cuidadoso análisis de las respuestas que estas afirmaciones provocan, junto con un escrupuloso examen visual y una cuidadosa lectura del lenguaje corporal, indican al adivinador cómo ha de desarrollar la entrevista.

El análisis visual de la persona incluye:

-la mirada: El espejo del alma. La mirada de una persona y, en general, la expresión facial, dice muchísimo acerca de ella, desde su forma de ser hasta su estado de ánimo. Miradas bajas y evasivas indican timidez e inseguridad, miradas fijas y francas indican, por el contrario, seguridad y firmeza. Las arrugas del rostro alrededor de los ojos y la comisura de los labios muestran si un rostro ha llorado mucho o si la sonrisa es una mueca habitual. Rápidos y constantes movimientos de ojos señalan un carácter nervioso, una mirada altiva indica soberbia, unos dientes muy apretados un carácter violento y una mirada angustiada revela desesperación.

-los movimientos: La forma de caminar, de mover los brazos y la postura adoptada son otra fuente de información. Movimientos lentos o rígidos, e incluso posturas encorvadas, pueden ser interpretadas como dolencias. Movimientos fluidos y mesurados son indicativos de una buena educación y movimientos torpes pueden ser indicativos de nerviosismo. En general, la forma de moverse y desplazarse dice mucho de la manera de ser.

-el habla: La forma de hablar de alguien, incluyendo la corrección gramatical, semántica, entonación, volumen y acento, puede dar muchísimas indicaciones valiosas sobre su vida. Se puede conocer su estrato sociocultural, su nivel de educación, sus posibles intereses, etc… Con el uso de esta información se pueden aventurar problemas acordes con su estrato social. Por ejemplo, al perteneciente a un estrato social bajo, se le podrían conjeturar problemas de índole económica, y al perteneciente a un estrato alto, problemas de sentido de vida, de vacío interior. Habría una buena posibilidad de acertar.

-el aspecto físico: En la sociedad actual, la imagen, la apariencia y la estética tienen un papel cada vez más importante. La persona poco atractiva o con sobrepeso puede sentirse rechazada y con problemas con el sexo opuesto, incluso con problemas laborales si el caso es grave. En el otro extremo, una persona extremadamente bella puede sentirse poco valorada por sus otras cualidades. Entre ambos casos se abren un sinfín de posibilidades en las que valorar también el cuidado personal, el maquillaje, la ropa, las joyas… Ausencia de joyas señala un nivel económico bajo, la ostentación con joyas o incluso un maquillaje agresivo puede señalar la necesidad de llamar la atención o de suplir carencias, el desaliño en el peinado o el aspecto puede indicar una baja autoestima…

Es mucha la información a obtener y la experiencia del adivinador le permitirá extraer conclusiones cada vez más acertadas, para utilizar en una segunda fase en la que extraer datos más concluyentes sobre la personalidad del sujeto. Por ejemplo al que se considera poco valorado se le puede decir que tiene capacidades ocultas que no ha aprovechado y que le ayudarán mucho en el futuro, al inseguro, que es una persona tímida pero que en algunas ocasiones se comporta de forma muy atrevida, y a la persona con estudios que es una persona muy inteligente. Aunque en realidad no hace falta hacer estas distinciones pues estas afirmaciones son muy generales; cualquier persona desea y cree que tiene más capacidades de las que usa, todo el mundo varía su comportamiento según la situación y no hay nadie que no se considere o desee ser considerado inteligente.

Con estas frases se van ganando la confianza y estando muy receptivos a las respuestas y reacciones que estas frases provocan, dirigen la entrevista con menor o mayor éxito. Si una afirmación provoca un leve gesto de extrañeza o incredulidad hay que matizarla y relativizarla inmediatamente hasta que el paciente muestre su conformidad, si se provoca asombro, se atisba un brillo de esperanza o, simplemente, se detecta un leve asentimiento de cabeza, hay que proseguir en el razonamiento. Y así.

La dramatización, la formulación de frase vagas y ambiguas, el oficio del adivinador y la credulidad del que acude a solicitar sus servicios hacen creíbles sus predicciones.

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