
¿Podemos suponer que en otros idiomas se ha seguido el mismo camino que en castellano para la generación de una frase hecha? ¿Podemos traducir un modismo literalmente y que mantenga el mismo significado? Por supuesto que no. La necesidad o no de una frase, el contexto de su generación, la circunstancia socio-cultural y otros aspectos son diferentes, por lo tanto la frase también.
Veamos algunos ejemplos:
Dar el callo, ‘trabajar’, se dice To work hard (‘trabajar duro’) en inglés y Bosser (‘trabajar’) en francés. En cambio se dice Darci dentro en italiano.
Estar de morros, ‘adoptar una expresión de enojo o irritación’, se dice Avere il muso lungo (‘tener el morro largo’) en italiano y Faire la tête (‘hacer la cabeza’) en francés. En cambio en inglés se dice To be cross with somebody (‘estar cruzado con alguien’), más en línea con el actual cruce de cables o estar cruzado.
Remover Roma con Santiago, ‘hacer todo lo posible por conseguir algo’, es una locución algo especial. En francés y en italiano tienen el significado de ‘remover cielo y tierra’ que también se dice en castellano. Remuel ciel et terre, en francés y Muovere cielo e terra, en italiano. Ahora bien, la expresión inglesa difiere: To leave no stone unturned (‘no dejar una piedra por girar’).
Irse de la lengua, ‘ser indiscreto, traicionar una confidencia o secreto’, se dice en inglés To let the cat out of the bag (‘dejar salir el gato del bolso’). En francés Vendre la mèche (‘vender la mecha’) y en italiano Spifferare ai quatro venti (‘soplar a los cuatro vientos’).
Ciertamente pueden parecer un poco embrolladas las normas de acentuación de la lengua castellana. Hay quienes nunca llegan a aplicarlas correctamente porque nunca llegaron a memorizarlas correctamente.
Y ahí radica precisamente su problema: en la memorización. Es mucho más fácil el aprendizaje cuando se comprende el porqué, cuando se ve la lógica del asunto.
El idioma castellano tiende a la simplificación, al mínimo esfuerzo para un máximo rendimiento, a una perfecta concordancia entre sonido y grafía. Y en esta filosofía encaja el sistema de acentuación, que tiene una función utilísima: saber cómo se pronuncia exactamente una palabra que leemos por vez primera y saber cómo se escribe un término que acabamos de escuchar también por primera vez. Y así poder otorgarle un significado preciso.
El método académico tradicional para la explicación de las normas parece demasiado engorroso. Obliga a clasificar las palabras en demasiados grupos (agudas acabadas en vocal, n o s; agudas no acabadas en vocal, n o s; llanas acabadas en vocal…) al que añadir acentos diacríticos y diptongos. Todo junto demasiado lío. Si se aprende bien, perfecto, pero si no se aprende bien…
¿No sería mucho mejor solamente dos normas y un poco de comprensión? Pues claro que sí.
Veamos. Las combinaciones de letras y sonidos en una lengua no son tantas como parece. Por ejemplo, son pocas las letras facultadas para situarse al final de una palabra: las cinco vocales y las consonantes n, s, r, l, d y z. Y entre estas consonantes gozan de mayor profusión la s, por los plurales, y la n, por las terminaciones verbales. (Algunas palabras terminan en otras letras, pero son escasísimas y generalmente se trata de extranjerismos).
Por otro lado, el idioma castellano es llano. La mayoría de palabras tienen su sílaba tónica en la penúltima sílaba.
Así pues, un grandioso porcentaje de términos castellanos son palabras llanas terminadas en vocal, n o s.
¿Y cuáles son las sencillas reglas de acentuación ortográfica?
A efectos de acentuación las palabras se concentran en dos grandes grupos exclusivamente:
1- Las que acaban en vocal, n o s, y que tienden a ser llanas.
2- Las que acaban en cualquier otra letra, y cuya tendencia natural es a ser agudas.
Una vez establecidos estos dos grupos, acentuaremos gráficamente las palabras que violen estas tendencias naturales. Consideraremos a la tilde como una especie de multa que paga la palabra por contravenir la costumbre de su grupo.
Y ya está: dos grupos y un signo de penalización. Eso es todo. Quien comprenda esto dejará de cometer faltas de ortografía.
En cuanto a las esdrújulas, sobresdrújulas, diptongos y acentos diacríticos:
Las esdrújulas castellanas acaban todas en vocal, n o s, así que entran en el primer grupo. Y las esdrújulas del latín u otra lengua utilizadas en castellano (como déficit, áccesit…), entrarían en el segundo grupo. En ambos casos precisarían tilde.
La tendencia natural de los diptongos es formar una sola sílaba, pues la tendencia del castellano es unir las vocales que van juntas. Si se pronuncian como dos deben llevar tilde para pagar penalización por salirse de la norma general.
Los acentos diacríticos no plantean ningún problema. Un poco de oído es suficiente.
Por ejemplo (y no colocaremos la tilde necesaria): Si lo se no vengo. Yo si se lo doy.
Aunque no hay acentos, seguro que se ha pronunciado con un golpe de voz más fuerte el segundo sí, afirmativo, que el primer si, condicional. Y también más fuerte el primer sé (forma verbal) que el segundo se (reflexivo). Y así con todos.
¿No resultan así más fáciles las normas de acentuación? ¿No son en realidad muy simples?
Nota: Los criterios para escoger los grupos se basan en la simplificación y la economía, como se apuntó anteriormente. Tomando como base el DRAE de 1992, las terminaciones en vocal suman 64.920 palabras sobre un total de 91.968 entradas, y si se les añaden las acabadas en n o s (sin añadir plurales ni terminaciones verbales) la cifra asciende a 72.504. Alrededor del 81% de palabras no necesitan tilde.
Entrada publicada de manera conjunta con sabercurioso.com.
Para la total comprensión de esta entrada es necesaria la confección de tu carta astral. Para obtenerla, sitúa el cursor en este punto (*) y teclea tu fecha de nacimiento con seis dígitos (DDMMAA). No te extrañe que no aparezcan escritos, ya que eso es lo correcto.
Ahora sitúa el cursor al final de este párrafo, pulsa el botón izquierdo del ratón y, sin soltarlo, arrastra el puntero hasta el final del texto que aparecerá.
Tu carta astral
Algunas veces eres extrovertido, afable y sociable mientras otras veces eres introvertido, cauto y reservado. Has descubierto que es poco inteligente revelarte a los demás con demasiada honestidad. Prefieres un poco de cambio y variedad, y te produce insatisfacción verte rodeado de restricciones y limitaciones. Disciplinado y controlado por fuera, tiendes a ser aprensivo e inseguro por dentro. Aunque tu personalidad tiene puntos flacos, sueles ser capaz de compensarlos. Tienes muchas capacidades sin aprovechar, que no has convertido aún en ventajas para ti. Tienes tendencia a ser crítico contigo mismo. Tienes una gran necesidad de gustar a los demás y sentirte admirado. Tu potencial intelectual todavía no se ha desarrollado por completo. En ocasiones haces las cosas sin pensar y luego lamentas haber actuado de esa forma, aunque, por lo general, tiendes a sopesar equilibradamente las situaciones. Concedes a la familia cercana una gran importancia. Entre sus miembros destaca tu madre que ha sido una persona muy importante para ti en algún momento de tu vida. El bienestar económico es un tema que te preocupa y aunque gustas de gastar y no privarte de aquello que deseas, eres consciente de que debes limitar tus gastos para no pasar estrecheces. Eres una persona muy cariñosa y afectiva con aquellos que quieres y tienes un trato en general agradable con el resto de la gente. En el terreno sentimental tienes disposición a alternar relaciones cortas con otras más largas y no te será fácil encontrar la estabilidad sentimental que proporciona una relación duradera. Discusiones, problemas domésticos y riñas sentimentales se presentarán de cuando en cuando, pero tienes una gran tendencia a la reconciliación. En lo relativo a la salud debes controlar tu apetito para no aumentar de peso, lo que podría ser determinante para padecer una enfermedad. Algunos problemas intestinales y cierta propensión a sufrir dolores de cabeza son el aspecto más destacable.
Si tuvieras que puntuarla de 1 a 5, otorgando un 1 cuando no existiera ningún parecido con la realidad y un 5 cuando la coincidencia fuera total… ¿qué puntuación le pondrías?
Seguro que tu puntuación no ha sido 1, es más, seguro que ha sido elevada. Y eso es porque el texto está confeccionado a base de generalidades y expresiones ambiguas que cada uno interpreta a su manera.
¿Quién no se comporta de diferente modo según la ocasión? ¿A quién no le gusta la variedad y le disgustan las imposiciones y limitaciones? ¿A quién no le gusta pensar que tiene capacidades e inteligencia aún por desarrollar? ¿Quién no considera importante en su vida a su propia madre? ¿A quién no le gusta gastar y comprarse cosas? ¿Quién no discute alguna vez con la pareja, aunque solamente sea para reconciliarse después? ¿Quién no controla o tendrá que controlar su peso en el futuro? ¿A quién no le duelen la cabeza o las tripas alguna vez?
Esta carta astral única está inspirada en una conocida anécdota protagonizada por J. Randi, un físico norteamericano que, haciéndose pasar por astrólogo, presentó una carta astral personalizada para cada uno de los alumnos del aula, basándose en los datos personales y fechas de nacimiento obtenidas con anterioridad.
Tras dejar un tiempo para que la leyeran, les pidió que puntuaran la exactitud de la carta astral, otorgando un 1 cuando no existiera ningún parecido con la realidad y un 5 cuando la coincidencia fuera total. El resultado arrojó una media de 3,8 (un alto grado), ningún alumno la calificó con un 1 mientras que el 20% la calificó con un 5.
Tras la puntuación, se pidió a los alumnos que intercambiaran su carta con la del compañero o compañera que tuvieran a su lado. Comprobaron que la carta astral era la misma para todos y que sólo difería en los datos personales de cada uno en el encabezado.
¿Cómo era posible que se sintieran identificados con una carta astral que no era la suya? Pues por los mismos motivos que tú, por la ambigüedad de algunas frases y la doble lectura de otras. Y por el empleo de frases que expresan deseos secretos y de frases generalistas que expresan verdades universales.
Y, para finalizar, tu horóscopo para la próxima semana (no importa qué día leas esto ni qué signo tengas, el lenguaje ambiguo lo puede todo).
Salud: Semana con altibajos aunque las cosas posiblemente mejorarán un poco hacia el fin de semana. Puede que algún familiar tuyo sufra algún contratiempo preocupante con su salud. Evita riesgos innecesarios para no sufrir accidentes.
Dinero: Buen momento para cobrar lo que te deben. Quizá ganes un dinero extra en algún juego de azar. No rechaces ofertas en las que no arriesgas gran cosa y, sobre todo, no te metas en proyectos dudosos. No especules en exceso.
Amor: Todo depende de ti y si lo enfocas de forma adecuada, conseguirás lo que te propongas. Busca el entendimiento fácil en tus relaciones, la sinceridad será esencial. Evita cualquier enfrentamiento con tu pareja para que las cosas funcionen mejor.
Nota 1: Disculpa el pequeño engaño al inicio de la entrada, pero era necesario para que el texto tuviera un mayor impacto.
Nota 2: El presentado no es el texto original de esa carta astral, se trata de otro texto que nos ha servido para el mismo propósito.
Nota: No se pretende aquí valorar ni cuestionar la validez de ninguna técnica astrológica —léase, carta astral, horóscopo, o lo que sea— tan solo poner de relieve la posibilidad de que el uso de un lenguaje intencionadamente ambiguo, para que se adapte de forma universal a cualquier destinatario, pudiera llevar a engaño a personas confiadas que desconozcan tales mecanismos del lenguaje.
El fútbol es algo más que un deporte, de ello no hay duda. Mueve ingentes cantidades de dinero y levanta pasiones. Tiene una presencia casi omnipresente en los medios de comunicación y forma parte, lo quiera uno o no, del día a día de nuestras vidas.
Y es tal su fuerza que ha creado un lenguaje propio, con unas expresiones particulares, como marcaje férreo, disparo a puerta, cerrojazo, correr la banda, regate en seco, hacer una chilena, remate de cabeza, saque de banda… y tantas otras.
Expresiones que a todos nos son conocidas, precisamente por esa onmipresencia de las retransmisiones y prensa deportiva, pero que sonarían a chino a aquél que desconociese todo sobre el fútbol.
Y no solamente eso, algunas expresiones futboleras han traspasado su ámbito y se han trasladado al lenguaje de la calle, dotándolas de un significado figurado aplicable a diversas situaciones de la vida.
Veamos algunas:
Meter un gol
Un gol se logra cuando el balón traspasa la línea de meta de la portería. Meterle un gol a alguien o colarle un gol a alguien, consiste en obtener un triunfo sobre esa persona, conseguir lo que de él se pretende, especialmente sin que éste se dé cuenta, con engaño.
Ganar por goleada
Conseguir más goles que el equipo contrario es el objetivo del juego. Y cuanto mayor es la diferencia de goles mejor para el ánimo del vencedor. Ganar por goleada se dice cuando se consigue algún objetivo sobradamente, cuando se excede en los méritos para su consecución, siempre que se consiga por delante de uno o varios oponentes.
Dejar fuera de juego
El fuera de juego es una situación que se puede producir durante el desarrollo del encuentro por la posición incorrecta de un delantero y que invalida las jugadas posteriores. En ocasiones es la acción conjunta de la defensa la que deja en posición antirreglamentaria al delantero contrario. Dejar fuera de juego a alguien es dejarle desorientado, sin enterarse de lo que ocurre a su alrededor, sin capacidad de reacción.
Casarse de penalti
El penalti es la mayor penalización que puede imponer el árbitro. La expresión equipara el castigo que supone el matrimonio para aquellos que se casan cuando ya esperan un hijo, obligados por las circunstancias y por lo que se entiende como una grave falta.
Sudar la camiseta
Cuando los jugadores se emplean a fondo, sudan su camiseta por el esfuerzo físico. Así, suda la camiseta el que se esfuerza mucho por conseguir su objetivo y el que cumple sobradamente con su tarea.
Chupar banquillo
Los jugadores reserva aguardan en el banquillo su oportunidad de entrar en juego. Cuando alguno de ellos pasa sentado todo el encuentro se dice que chupa banquillo. Por analogía se dice que chupa banquillo aquél al que no dejan participar en algo o con el que no cuentan los demás, porque no se le considera apto o por que hay otro más aptos que él.
Echar balones fuera
En un partido echa balones fuera aquél equipo que se desentiende del ataque y se limita a alejar el balón de su área. Así se dice que echa balones fuera el que, para evitar una situación peligrosa, finge no entender o disimula o pone excusas para retrasar en lo posible el desenlace.
Hacer un regate
Un regate es una finta que hace un jugador para proseguir con el balón evitando que se lo arrebaten. Hacer un regate es, pues, escaparse o evadirse de una dificultad hábilmente.
Jugar en campo contrario
Jugar en el propio campo supone una ventaja al contar con el apoyo del público. El famoso jugador número doce. Jugar en campo contrario significa estar en desventaja, sin apoyos.
Estar vendido
Cuando la defensa deja al portero en franca desventaja frente a un delantero con el balón se dice que está vendido, pues no puede hacer nada para evitar el gol. Por similitud se dice que está vendido aquél al que dejan solo y que no puede hacer nada para evitar un mal resultado.
¿Sabías por qué decimos que algo es EL CUENTO DE LA LECHERA cuando queremos burlarnos de los que se hacen ilusiones desmedidas?
Ilusiones exageradas, negocios fantásticos, proyectos crecientes e irrealizables, castillos en el aire…
La expresión alude a la fábula II del libro segundo de las Fábulas de Samaniego titulada La lechera:
Llevaba en la cabeza
una lechera el cántaro al mercado,
con aquella presteza,
aquel aire sencillo, aquel agrado,
que va diciendo a todo el que lo advierte:
«¡Yo sí que estoy contenta con mi suerte!»
Porque no apetecía
más compañía que su pensamiento,
que, alegre, le ofrecía
inocentes ideas de contento,
marchaba sola la feliz lechera,
y decía entre sí de esta manera:
«Esta leche, vendida,
en limpio me dará tanto dinero,
y con esta partida
un canasto de huevos comprar quiero,
para sacar cien pollos, que al estío
me rodeen cantando el pío, pío.
Del importe logrado
de tanto pollo, mercaré un cochino;
con bellota, salvado,
berza, castaña, engordará sin tino;
tanto, que puede ser que yo consiga
ver cómo se le arrastra la barriga.
Llevarélo al mercado;
sacaré de él sin duda buen dinero:
compraré de contado
una robusta vaca y un ternero
que salte y corra toda la campaña,
hasta el monte cercano a la cabaña.»
Con este pensamiento
enajenada, brinca de manera
que, a su salto violento,
el cántaro cayó. ¡Pobre lechera!
¡Qué compasión! Adiós leche, dinero,
huevos, pollos, lechón, vaca y ternero.
¡Oh, loca fantasía,
qué palacios fabricas en el viento!
Modera tu alegría;
no sea que, saltando de contento,
al contemplar dichosa tu mudanza,
quiebre su cantarillo la esperanza.
No seas ambiciosa
de mejor o más próspera fortuna;
que vivirás ansiosa,
sin que pueda saciarte cosa alguna.
No anheles, impaciente, el bien futuro;
mira que ni el presente está seguro.
Esta fábula es versión de La lechera y el cántaro de leche de La Fontaine, ambas del siglo XVIII. Pero tienen un antecedente anterior.
El Pantchatantra es una antigua recopilación de cuentos breves de carácter didáctico y moral realizada en la India. En el siglo VI se tradujo al persa y dos siglos después al árabe, de donde se vertió al castellano en el siglo XIII por orden de Alfonso X el Sabio, ya con el título de Libro de Calila e Dymna. Del cuento El religioso que vertió la miel y la manteca sobre su cabeza, parece proceder la famosa fábula de La lechera:
Cuentan que un religioso recibía todos los días limosna en casa de un hombre rico. Le daban pan, manteca, miel y otras cosas. Él comía el pan y lo demás lo almacenaba. Ponía la miel y la manteca en una jarra hasta que la llenó. Tenía la jarra colgada a la cabecera de su cama.
Llegó una época en que encarecieron la miel y la manteca y el religioso se dijo un día estando sentado sobre la cama: “Venderé lo que hay en esta jarra por tantos maravedís y con ellos compraré diez cabras. Quedarán preñadas y parirán al cabo de cinco meses”. Echó cuentas y halló que en cinco años tendría cuatrocientas cabras.
Entonces dijo: “Las venderé todas y con el dinero compraré cien vacas, una por cada cuatro cabras. Compraré simiente y sembraré con los bueyes. Me aprovecharé de los becerros y de la leche y la manteca de las vacas. Con las mieses obtendré grandes riquezas y labraré casas nobles. Compraré siervos y siervas y, hecho esto, me casaré con una mujer muy rica y hermosa de linaje noble. La dejaré embarazada y nacerá un hijo varón bien constituido. Lo criaré como al hijo de un rey y le castigaré con esta vara si no es bueno y obediente”.
Diciendo esto, alzó la vara que tenía en la mano y pegó en el cántaro que estaba colgado encima de él. Se rompió y se le cayeron la miel y la manteca sobre la cabeza. Tú, hombre bueno, no desees lo que no sabes si ha de ser.

¿Podemos suponer que en otros idiomas se ha seguido el mismo camino que en castellano para la generación de una frase hecha? ¿Podemos traducir un modismo literalmente y que mantenga el mismo significado? Por supuesto que no. La necesidad o no de una frase, el contexto de su generación, la circunstancia socio-cultural y otros aspectos son diferentes, por lo tanto la frase también.
Algunos ejemplos:
Estar todo patas arriba, ‘estar todo revuelto, desordenado’, se dice To be in a complete mees en inglés (mess ‘desorden’), y también To be topsyturvy; Essere sottosopra en italiano (sotto ‘abajo’ y sopra ’arriba’) y Sens dessus dessous en francés (sens, ‘sentido’, dessus ‘arriba’ y dessous ‘abajo’).
Hablar chino, ‘hablar ininteligiblemente, sin hacerse comprender‘ se dice To talk gobbledygook, en inglés, Parler de l’hébreu, en francés y Parlare arabo, en italiano.
Tener sangre de horchata, ‘ser apático, calmoso y no inmutarse por nada’, se dice To be a cold fish, ‘ser un pescado frío’, en inglés, Avoir du sang de navet, ‘tener sangre de nabo’ en francés y Avere il sangue di piattola, ‘tener sangre de cangrejo’ en italiano.
Pasarlas canutas, ‘pasar por una situación difícil, desagradable o peligrosa’, se dice To have a hard, ‘tenerlo difícil’, en inglés, En voir de toutes les couleurs, ‘verlas de todos los colores’ en francés y Verdersela brutta, ‘verlas mal, desagradables’ en italiano.
Hay muchas etimologías erróneas que a fuerza de repetirse parecen ganar visos de credibilidad.
A veces son más ocurrentes y curiosas que la etimología verdadera. O son una anécdota posterior que goza de mayor encanto. Pero no por ello dejan de ser falsas.
Tal es el caso de ser un atorrante.
Que se trata de una expresión que se aplica al vago que pasa el tiempo callejeando, al sujeto sin oficio ni beneficio que está a la que salta, al sinvergüenza que vive sin dar golpe.
Pues bien, está muy extendida una falsa etimología que centra el origen de la expresión en Argentina, más concretamente en una marca de tuberías utilizada en las instalación de agua corriente en Buenos Aires. Dicha marca era Tubos A. Torras, y comoquiera que los pordioseros y vagabundos utilizaban esos enormes tubos para cobijarse y dormir en su interior, amén de gandulear dormitando en su interior, fueron llamados, claro está… atorrantes.
Aunque es tenido por argentinismo, en realidad es un término que se usó primero en Canarias como consta en el Gran Diccionario del habla canaria, que lo registra como término autóctono y que se documenta hacia 1880 con el significado de ‘sinvergüenza, vago, pillo’. También es de uso canario el término atorrado con el significado de ‘agazapado, escondido’.
Ya Gonzalo de Berceo utilizó la forma turrado en el sentido de ‘inactivo, aturdido, indolente’
Posteriormente el término llegó a Argentina en el siglo XIX y se llamó atorra al ‘gandul’ y atorrante al ‘golfo o granuja’, incluso ‘al que duerme hasta las tantas’. También se llama atorranta a la prostituta, quizá porque se acuesta demasiado o por su vagar ocioso por las calles a la espera de un cliente. También atorrantear significa ‘pasar el día en la calle holgazaneando y sin hacer nada de provecho’.
Hay muchas etimologías erróneas que a fuerza de repetirse parecen ganar visos de credibilidad.
A veces son más ocurrentes y curiosas que la etimología verdadera. O son una anécdota posterior que goza de mayor encanto. Pero no por ello dejan de ser falsas.
Tal es el caso de picar muy alto.
Esta expresión se aplica al que aspira a cargos que están por encima de su capacidad o al que pretende ser tenido por más de lo que realmente merece. Al ambicioso o de grandes pretensiones.
Sobre esta locución se dice que se originó en el transcurso de una corrida de toros celebrada en la Plaza Mayor de Madrid con motivo de la onomástica del rey Felipe IV.
Se cuenta que el conde de Villamediana, que estaba enamorado de la reina, rejoneó un toro con gran maestría. Tan bien lo hizo que la reina le comentó a su esposo: “¡Qué bien pica el conde!”, a lo que el monarca, con sorna, replicó: “Sí, pica bien, pero pica muy alto”, en alusión a lo excesivo de las aspiraciones del noble.
Fácilmente se advierte que éste no es el origen de la expresión, puesto que el rey hace un juego de palabras con una frase ya conocida con anterioridad y que ya entonces tenía el sentido figurado que hoy tiene.
Tal es la opinión de José Mª Iribarren en El porqué de los dichos, que ademá cita a Cejador y su Fraseología o Estilística castellana en donde se dice que picar alto o picar más alto (pretender, tener levantados propósitos y pensamientos) es “metáfora tomada del jinete”.
También es del mismo parecer Pancracio Celdrán en su Diccionario de frases y dichos populares, donde se lee: “… frase procedente sin duda de alguna metáfora alusiva al jinete, y en ese ámbito al espolear o picar de la espuela en sentido figurado alusivo al afán de superarse, de imponerse alguien metas cada vez más elevadas poniéndose a su vez a prueba a sí mismo.”

En el invierno de 1807 se reunieron en la Freemasons Tavern londinense de Long Acre, Covent Garden, los trece socios fundadores de la Sociedad Geológica. En unos diez años el número de socios aumentó hasta los 400 —todos caballeros por supuesto— lo que nos da una idea aproximada del interés suscitado en la época por esta rama del conocimiento.
Ellos establecieron una escala de tiempo geológico que se ha mantenido en líneas generales a pesar de los múltiples cambios introducidos que la han mejorado. Aunque no hay unanimidad en las fechas sí que existe acuerdo en dividir el tiempo geológico en bloques de años relacionados con acontecimientods o alteraciones importantes y en los propios acontecimientos. Como la edad de la Tierra es de aproximadamente 4600 millones de años, cuando se habla de tiempo geológico la unidad base es el millón de años y siempre se relaciona como “antes del presente”.
No nos interesa aquí acerca de los métodos de datación y demás técnicas empleadas por la geología y la paleontología; en cambio sí el porqué de los nombres escogidos para las diferentes eras y periodos.
Las principales eras son: Precámbrica, Paleozoica, Mesozoica y Cenozoica.
El Paleozoico se divide a su vez en diferentes periodos: Cámbrico, Ordovícico, Silúrico, Devónico, Carbonífero y Pérmico.
El Mesozoico se divide a su vez en diferentes periodos: Triásico, Jurásico y Cretácico.
El Cenozoico se divide a su vez en dos periodos: Terciario y Cuaternario.
El Terciario se divide a su vez en diferentes épocas: Paloeceno, Eoceno, Oligoceno, Mioceno y Plioceno.
El Cuaternario se divide a su vez en: Pleistoceno y Holoceno.
En cuanto a los orígenes de sus nombres, el Paleozoico hace uso de la raíces griegas paleo ‘antiguo’ y zoo ‘vida animal’, con el significado de ‘vida antigua’. El Mesozoico hace lo propio con meso ‘media’, con el significado de ‘vida media’ y el Zenocoico con el significado de ‘vida reciente’.
Como los ingleses eran los más activos en los primeros años de esta disciplina, predominan en el léxico los nombres ingleses.
Los estratos del Cámbrico se estudiaron por primera vez en Gales y tomaron su nombre de Cambria, el antiguo nombre romano de esta región de la Gran Bretaña.
El Ordovícico debe su nombre a una tribu que vivió antiguamente en Gales, los ordóvices. Las rocas que cuentan la historia de este período se encontraron y estudiaron por primera vez en Gales. Al igual que el Silúrico debe el suyo a la tribu de los silures por el mismo motivo.
El período Devónico debe su nombre a un condado. En la década de 1.830, los geólogos Adam Sedgwick y Roderik Murchison estudiaron las capas de roca arenisca, caliza y pizarra del condado de Devon, Inglaterra. Estas capas se formaron hace unos 400 millones de años. En 1.839, sugirieron la adopción del nombre Devónico para este período geológico.
El período Carbonífero debe su nombre al carbón, que inició su vida como plantas hace unos 300 millones de años, en este periodo. Cuando los árboles muertos y otros vegetales caían en los pantanos, quedaban cubiertos de lodo y con el tiempo pasaron a formar lo que llamamos turba que, al comprimirse, se convirtió en carbón.
Con el aumento de las prospecciones geológicas en otros lugares, empezaron a aparecer nombres de todas partes. El Pérmico debe su nombre a Perm, una antigua provincia rusa en los montes Urales, en la que se realizaron muchos descubrimientos relativos al periodo.
El periodo Triásico recibe su nombre del prefijo latino tri- ‘tres’, y alude a las tres diferenciadas capas de roca que se depositaron durante el mismo.
El nombre de Jurásico alude a las montañas del Jura, la cordillera que divide Francia y Suiza y que se formó durante este periodo.
El nombre Cretácico procede de la palabra latina creta ‘greda, tiza’, haciendo referencia a las capas de tiza y esquisto que en aquellos días se amontonaron sobre el lecho de los mares.
Charles Lyell —uno de los más influyentes de aquellos primeros geólogos— introdujo en sus Principios de geología, unidades adicionales conocidas como épocas o series a los que dotó de nombres de una vaguedad muy atractiva al utilizar raices griegas: paleo ‘antiguo’, eo ‘temprano’, oligo ‘pocos, pequeño’, mio ‘menos, menor’, plio ‘más’, pleisto ‘el más’, holo ‘completo, todo, entero’. Así el Pleistoceno sería “el más reciente”, el Mioceno sería “el moderadamente reciente” y el Paleoceno el “más antiguo”.
Colaboración de Pablo S.
Los juramentos, los insultos y las blasfemias son recursos idiomáticos inherentes a todas las lenguas del mundo. Los temas más recurrentes en la creación de tacos e insultos son tres: los que se refieren a blasfemias, los de acepción sexual y los de contenido escatológico.
Dependiendo de cada cultura su empleo varía de forma considerable. En la mayoría de los países su grado de utilización está íntimamente relacionado con el nivel cultural y social del hablante. Sin embargo, existen territorios —España sobre todo— en los que el respeto hacia el interlocutor se relaja cada vez más, lo que produce que los tacos tengan mayor aceptación. Algo impensable en cualquier otro país del mundo, donde su uso se restringe a los jóvenes o a las situaciones en las que hay un alto nivel de confianza entre los hablantes.
Alemanes, portugueses, holandeses, flamencos y franceses suelen ser los más recatados. Pero dentro de estas lenguas existen ciertas particularidades, como la de los franceses de origen árabe, que hacen que la incorrección alcance cotas muy altas al incorporar expresiones xenófobas. Un ejemplo: Je nique ta race, ‘maldigo tu raza’, una frase que es usada ante contratiempos banales.
Los anglófonos son, en general, bastante malhablados pero poco originales. En ese aspecto, holandeses y flamencos son muy imaginativos. En Amsterdam, un ciudadano enojado le deseará finamente que le sodomicen, sodemieter op!; y en Amberes tal vez oiga que es un klootzak, ‘escroto’. ¿Y los más comedidos? Los japoneses, y en especial las mujeres, que siguen desempeñando un papel ancestral de virtud, sumisión y mesura. Ni siquiera los jóvenes nipones se sueltan la melena. En el país del sol naciente, donde el respeto cimenta la convivencia, los tacos apenas existen y son casi de uso exclusivo de maleantes.
Españoles, franceses, alemanes, británicos, turcos e italianos consideran como un grave ataque a su persona ser tratados de hijos de puta. También es común a todos ellos el enfado si se hace referencia a una supuesta homosexualidad. En cuanto al insulto dirigido a mujeres, lo que no es tolerable en ningún caso es ser comparada con una prostituta.
A partir de estas generalidades, las sensibilidades varían. Un italiano perderá los nervios si se le trata de cornuto o si se meten con su hermana; un holandés no soporta que alguien le desee que se muera de una enfermedad; y para un turco la mayor afrenta será llamarle burro y meter en esta categoría a su padre, esek oglu esek. En el caso de los árabes la situación se complica en el momento en el que se maldice la religión de la madre, nâal din mouk o cuando se le insinúa ser un wald al harem, ‘hijo de lo ilícito’.
También existen insultos que, siendo menos ofensivos, resultan graciosos: en estas lides los más originales son los belgas flamencos, que comparan al adversario con un smeerlap, ‘trapo sucio’. O los italianos que, no contentos con maldecir a los muertos de uno, su maldición salpica hasta a los muertos de los muertos: I muort’ e chi t’e muort.
En cuanto a los tacos o palabras de mal gusto utilizadas para mostrar cierta disconformidad ante una situación concreta, la mayoría de las lenguas europeas opta por expresarla mediante una sonora alusión a las heces: mierda en castellano, shit en inglés, merde en francés y scheisse en alemán. También se decantan por ella los árabes que exclaman jra.
Por contra, los italianos emplean a menudo la palabra relativa al pene, en su versión coloquial y en sus distintos dialectos: cazzo, minchia, para expresar la sorpresa o el enfado.
Sólo los anglófonos se asemejan más a los españoles y muy a menudo no pueden evitar colar en cualquier frase una referencia al acto sexual, su fuck que se corresponde con nuestro joder.
Fin de la colaboración
Para ilustrar el tema nada mejor que una muestra del ingenio patrio.
