La mona, aunque la vistan de seda, mona se queda

La mona, aunque la vistan de seda, mona se queda es refrán que también se oye en la forma aunque la mona se vista de seda, mona se queda.

Este refrán nos advierte que es inútil cubrir con disfraz alguno la verdadera índole, que es inútil aparentar una posición social que no nos corresponde, pues no son las vestiduras las que hacen el cargo, sino nuestra educación y condición. Y por mucho que intentemos camuflar o disimular nuestros orígenes, éstos nos delatarán tarde o temprano.

Antiguamente se dijo: la mona siempre es mona, incluso si viste de púrpura. En éste caso está más clara la suplantación social, pues el púrpura es el colos de los artos cargos esclesiásticos y de la realeza.

Y ¿por qué una mona y no otro animal? Pues porque es sabida la afición de tales animales por la imitación, tal como se le supone al sujeto digno de aplicarle el refrán.

Es refrán similar a el hábito no hace al monje.

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