¿Sabías por qué decimos MONTARSE EL POYO por darse una situación de jaleo y revuelo, un desbarajuste, montarse un follón?

Y sí, está bien escrito, pues la expresión es montarse el poyo y no montarse el pollo, pues nada tiene que ver con las aves de granja ni con los jóvenes mozos.

Proveniente del término latino podium, el poyo es un banco de piedra, yeso u otra materia, que ordinariamente se fabrica arrimado a las paredes, junto a las puertas de las casas de campo, en los zaguanes y otras partes. Y también —y a esta acepción se refiere la expresión— el podio o tribuna portátil que algunos oradores llevaban consigo a finales del siglo XIX para publicitar su causa política o difundir sus ideas.

No pocas veces las palabras del orador iniciaban una discusión y no pocas veces acababa desatándose una trifulca, una pelea. Por ello la frase se usa tanto para describir el inicio de una polémica como para describir la creación de una situación de desbarajuste y desorden.

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Un comentario a “Montarse el poyo”  

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