Mucho ruido y pocas nueces

¿Sabías por qué MUCHO RUIDO Y POCAS NUECES es una expresión que se utiliza para calificar un hecho que no se corresponde con las expectativas anunciadas?

En general para describir aquello que levanta mucha expectativa por ser anunciado a bombo y platillo y que luego, cuando llega el momento de la verdad, decepciona por no corresponderse con lo esperado.

La nuez es un fruto que, por la dureza de su cáscara y por las oquedades de su interior, produce un sonido sordo y fuerte cuando se golpea y más si cae al suelo y rebota. Así, unos puñados de nueces que cayeran organizarían un repiqueteo escandaloso al golpearse sus cascarones unos contra otros y contra el propio suelo, que no parecería corresponderse con tan reducido número de unidades. Si además añadimos que el fruto no resulta ser tan abundante por estar arrugado y consumido, la diferencia entre el nivel de ruido y volumen de fruto es más exagerada.

Existe una leyenda que se suele referir como originaria del dicho, aunque por simple cuestión de fechas no es más que una aplicación del mismo. Dice así:

En 1597 las tropas españolas tomaron la ciudad francesa de Amiens, merced a una curiosa estratagema del capitán Hernán Tello de Portocarrero, consistente en vestir de labradores a varios de sus soldados que hablaban francés, para que penetraran en la ciudad provistos de sacos de nueces, cestos de manzanas y un carro de heno. Una vez en la ciudad uno de los soldados dejó caer voluntariamente uno de los sacos de nueces, y mientras los soldados franceses las recogían del suelo los soldados españoles aprovecharon para reducirlos y franquear la puerta al resto del ejército español. Posteriormente, los franceses recobraron la plaza.

La astucia de la estratagema y la rápida recuperación de la plaza dieron lugar a que la frase se aplicase a este hecho, pero no le dieron origen porque la frase es más antigua.

Así lo atestigua su aparición en el Libro del Buen Amor, del Arcipreste de Hita (siglo XIV), que en la copla 946 dice: “Con su pesar, la vieja díxome muchas veces: Arcipreste, más el rroydo que las nueces”. Y su aparición en la Celestina (1499), de Fernando de Rojas: “Hija, destos dolorcillos tales, más es el ruydo que las nuezes”. Tal como recoge Guillermo Suazo Pascual en Abecedario de dichos y frases hechas.

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