Carteles

Algunos carteles, letreros o avisos, son graciosos. Su redacción puede ser ambigua —intencionadamente o no— o puede ser malinterpretada con un poco de mala idea. O bien han sido redactados para provocar la sonrisa.
Sea cual sea el caso, veamos a continuación algunos de ellos:
Vendo coche Mercedes por enfermedad.
(¡Y para que querrá nadie un coche enfermo!)
En un hotel de montaña:
Si tiene frío, hay mantas en el armario; y si sigue teniendo frío, llame a Paquita.
(¿Se meterá en mi cama o me traerá más mantas? Me temo que lo último.)
En un bar:
Prohibido comer aquí la comida propia.
(¿Y si voy con un amigo y me como su bocadillo y él el mio?)
En un restaurante:
Abierto 7 días a la semana y también los fines de semana.
(¿Abrirán en domingo?)
Grabado en una pulsera:
Tuya para siempre
(Ya sabes, si te la encuentras te la puedes quedar. Para siempre.)
Vendo chalet sin entrada.
(¿Y qué hacemos para verlo? ¿nos colamos por una ventana?)
En un bar:
Si bebe para olvidar, pague antes de empezar.
(De los escarmentados nacen los espabilados.)
Frente a una casa en ruinas:
Se vende.
(A que no)
En un restaurante:
Se necesita mozo comedor.
(¿Un mozo para servir en el comedor o un mozo que coma mucho? Es que tengo mucha hambre.)
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