Archivo mensual: noviembre 2008

Lipogramas (4)

Se trata de textos —que también reciben el nombre de textos podados— en los que se prescinde de una letra o más, de forma voluntaria.

Cuanto más habitual sea la letra, más difícil es la confección del lipograma. En este relato, Enrique Jardiel Poncela eliminó la vocal a, demostrando con ello su capacidad para crear este tipo de textos.

El chofer nuevo

Me lo cedió mi tío Hermenegildo, y me lo recomendó de un modo muy expresivo, diciéndome:

-¡Es un chofer único en el globo, créeme! Si dispone de un buen coche, este hombre consigue prodigios enormes, que en un circo le hubiesen hecho rico. Obedéceme y sírvete de él; tú tienes un coche estupendo y te mueres de tedio ¿no es cierto? Pues te juro, querido sobrino, que cediéndote un chofer como Melecio te pongo en condiciones de ser testigo, e incluso intérprete, de emociones inconcebibles, sin precedentes en el mundo de lo locomotivo. Porque como este chofer no existen dos.

Melecio Volodio, el chofer propuesto, que presenció el momento descrito, sonrió entonces con gesto misterioso. Y no bien concluyó mi tío su elogio, el chofer rozó levemente el borde izquierdo de su sombrero frégoli, color crepúsculo griego, se inclinó con un gentil movimiento y murmuró:

-Tómeme el señor, que conozco mi oficio…

Y sin otros incidentes que mereciesen ser escritos, Melecio Volodio quedó elegido chofer de mi «dieciséis cilindros», con cien duros de sueldo.

Doce excursiones, que tuvieron un epílogo tristemente quirúrgico, me convencieron en un solo mes de que como Melecio no existió en el Universo chofer ninguno.

Prescindo, diciendo esto, de su dominio peregrino del motor: Volodio no sólo conservó de continuo en los extremos de sus dedos los secretos de mi «Mercedes», sino que en el tiempo que vivió conmigo domesticó el motor de un modo mirífico, y el coche corrió, frenó y retrocedió obedeciendo como un perrito lulú los gestos de su chofer.

Pero éste mérito resultó pequeño y ridículo enfrente de otros méritos inconcebibles de Melecio Volodio. Uno, sobre todo, me preocupó en extremo, y se convirtió de súbito en obsesión terrible de mis nervios. El mérito en cuestión estribó, señores, en el frío desdén con que Melecio Volodio miró siempre el peligro. ¿Fue el desprecio de los bienes terrenos? ¿Fue un deseo de morir, fruto de desilusiones y de dolores ocultos? ¿Fue, simplemente, heroísmo? ¿O fue el gusto de servirme y el prúrito de divertir, con emociones fuertes, mi vivir tedioso? Lo ignoro; no lo sé… Pero es lo cierto que siempre que el chofer nuevo puso en movimiento el motor de mi coche; ejecutó sorprendentes ejercicios llenos de riesgos y sembró el terror en los sitios por donde metió el coche; destrozó los vidrios de infinitos comercios, derribó postes telefónicos y luminosos, hizo cisco trescientos coches del servicio público, pulverizó los esqueletos de miles de individuos, suprimiéndoles del mundo de los vivos, en oposición con sus evidentes deseos de seguir existiendo; quitó de en medio todo lo que se le puso enfrente; hendió, rompió, deshizo, destruyó; encogió mi espíritu, superexcitó mis nervios; pero me divirtió de un modo indecible, porque Melecio Volodio no fue un chofer, no; fue un «simún» rugiente. ¿Por qué este furor, este estropicio continuo? ¿Por qué, si Volodio dominó el coche como no lo dominó ningún chofer de los que tuve después?

Hice lo posible por conocer el fondo del misterio, y lo logré por fin.

-¡Melecio!- le dije, volviendo de un terrible circuito que produjo horrendos efectos destructores-. Es preciso que expliques lo que ocurre. Muchos infelices, muertos por nuestro coche, piden un desquite… ¡Que yo mire en lo profundo de tus ojos, Melecio Volodio!… Di… ¿Por qué persistes en ese feroz proceder, en ese cruel ejercicio?

Melecio inspeccionó el horizonte, medio sumido en el crepúsculo, y moderó el correr del coche. Luego hizo un gesto triste.

-No soy cruel ni feroz, señor -susurró dulcemente-. Destrozo, destruyo, y rompo, y siembro el terror… de un modo instintivo.
-¡De un modo instintivo! ¡Eres entonces un enfermo, Melecio!
-No, pero me ocurre, señor, que he sido muchísimo tiempo chofer de bomberos. Un chofer de bomberos es siempre el dueño del sitio por donde se mete. Todo el mundo le permite correr, no se le detiene; el sonido estridente e inconfundible del coche de los bomberos, de esos héroes con cinturón, es suficiente, y el chofer de bomberos corre, corre… ¡Qué vértigo divino!

Concluyó diciendo:

-Y mi defecto es que me creo que siempre voy conduciendo el coche de bomberos. Y como esto no es cierto como hoy no soy, señor, el dueño del sitio por donde me meto pues ¡pulverizo todo lo que pesco!

Y Melecio prorrumpió en sollozos.

Ron

Ron Cacique Antiguo¿Sabías por qué llamamos RON a cierta bebido alcohólica?

El ron proviene de la caña de azúcar machacada, fermentada y destilada. El alcohol obtenido se envejece en barricas de roble que le confieren su sabor característico.

En el Barbados de 1651 se le conocía como matadiablos por lo fuerte que era, pero acabó siendo conocido por su denominación inglesa: rumbullion.

El término significaba ‘gran jolgorio, gran tumulto’, de la misma familia semántica que rumble ‘retumbo, redoble, sonar, hacer ruidos’ y rumbustious ‘bullicioso, ruidoso’. Pues tal era la actividad a la que se dedicaban aquellos que abusaban de su consumo.

Con el tiempo el nombre se simplificó hasta el actual rum o ‘ron’.

Pasatiempos (16)

Reloj de arenaPero pasatiempos basados en los juegos de palabras: sinonimias, charadas, acertijos, ambigüedades… Nada, o muy poco que ver con los habituales pasatiempos de la prensa gráfica.

PRIMERO

Mezcla de palabras.
¿Puedes obtener una palabra diferente mezclando todas la letras de las dos palabras anteriores?

GRASA – TIPO
MANTO – RICO
SITOS – TUTU

SEGUNDO

Un acertijo.
¿Cuál es la mitad de dos, más uno?

TERCERO

Un enigma.
Entre Nadie y Ninguno hicieron una casa. Ninguno salió por la puerta y Nadie por la ventana. ¿Quién se quedó dentro?

CUARTO

Una adivinanza.
Cuatro hermanas somos, bajo un techo moramos,
corremos en parejas, siempre nos acosamos,
andamos cada día, nunca nos alcanzamos,
yacemos abrazadas, mas nunca nos juntamos.

QUINTO

¿Cuál es la característica común de las siguientes palabras?

dentista, testigo, sinvergüenza, artista, patriota, guía,

Las soluciones en la página siguiente

(más…)

No tener dos dedos de frente

Mapa de áreas de la frenología¿Sabías por qué NO TENER DOS DEDOS DE FRENTE significa ser corto de entendederas?

También ser un irresponsable que actúa a lo loco y sin conocimiento.

Ya en el antiguo Egipto o incluso en la Grecia clásica se aceptaba como posible leer la predestinación de una persona en los rasgos corporales. Hoy en día todavía hay manifestaciones de este tipo en nuestra cultura, como las lecturas de mano.

En el siglo XIX, como extensión de esta creencia, se consideraba que el estudio del cráneo de una persona era suficiente para determinar sus instintos, sentimientos y, en general, su capacidad intelectual. La frenología, la craneometría y la fisonomía, pretendían determinar la inteligencia, el carácter y los sentimientos de una persona mediante el estudio de sus proporciones craneales.

La frenología —considerada hoy en día una pseudociencia— fue popularizada por el médico austriaco Franz Joseph Gall (1758-1828). Postulaba que distintas partes del cerebro controlan diferentes rasgos del carácter, y por ello, si una parte del cráneo es más grande, el rasgo de la personalidad asociado es más acusado.

Comoquiera que los estudios de Gall situaban las facultades mentales en la zona frontal, se asimiló una frente ancha y despejada a la inteligencia y una frente corta con el nacimiento del pelo cerca de las cejas a la ausencia de ella.

No tener dos dedos de frente es una clara exageración, pero ilustra muy bien el concepto.

Juego de palabras ilustrado

El humor blanco, marca de la casa de la publicación TBO, en esta historia que ilustra una confusión por polisemia. Obra de Salvador Mestres.

¿Gato? ¡Qué gato!

Lo conocen hasta los perros

Perros vagabundos¿Sabías por qué decimos LO CONOCEN HASTA LOS PERROS para expresar que una persona es conocida por todo el mundo?

En Origen histórico y etimológico de las calles de Madrid, de Antonio Capmany, se puede leer acerca de don Francisco de Chinchilla, Alcalde de Casa, Corte y Rastro:

“Presentábase con sus alguaciles en los mercados, y al punto cesaban las contiendas… Los perros abandonados andaban en gran número por las calles, y mandó que los matasen los alguaciles a pedradas, y parece que los animales conocían a su exterminador, pues, al verle, comenzaban a dar grandes aullidos, Y de ahí quedó el adagio popular: Lo conocen hasta los perros”.

Otras versiones le otorgan el cargo de regidor en la alcaldía. Pero todas coinciden en que desempeñó su cargo a finales del siglo XVIII.

Acrósticos (3)

Etimológicamente proviene de los términos griegos akros, ‘extremo’, y stikhos ‘línea, verso’.

Es una composición poética cuyas letras iniciales forman un vocablo o una frase. Por extensión se aplica a cada uno de los versos de esta composición.

A continuación un curioso ejemplo que muestra el acróstico en las letras iniciales y en las finales.

Supiste una vez más
ocultar tu rostro,
negar al mundo ese don
impreciso pero dulce, así,
así amante: tu boca.

Ser duro de mollera

¿Sabías por qué SER DURO DE MOLLERA es ser torpe para comprender las cosas?

También se dice cerrado de mollera con el mismo significado. Y ambas también con el de persona terca y tozuda que no se aviene a razones.

La mollera aludida es la parte más alta del casco de la cabeza, junto a la comisura coronal, la fontanela situada en la parte más alta de la frente. Aquella que los bebés tienen blanda hasta que, al crecer, se les endurece. Entonces se dice que ya tienen cerrada la mollera.

Antiguamente, tener cerrada la mollera equivalía a ser sensato y sesudo. Y se decía que aún no se le ha cerrado la mollera, del que no había madurado en seso, juicio y prudencia.

En la actualidad el sentido figurado ha cambiado y se dice duro de mollera o cerrado de mollera de aquél que no presenta la elasticidad suficiente como para aprender cosas nuevas.

Falsas definiciones (10)

Una falsa definición es aquella que se inventa para una palabra, buscando la comicidad.

Algunos ejemplos:

Alba: Principio de un nuevo día o fin de una gran noche.

Alcohólico: Persona que bebe más que su médico.

Bofetada: Aplauso unilateral.

Calvo: Una forma de peinarse.

Candado: Perro regalado.

Camello: Caballo diseñado por una comisión de expertos.

Charlatán: Persona que habla cuando usted no desea escuchar.

Crítico: Una persona que finge ser tan difícil de satisfacer que nadie lo intenta.

Cura: Hombre que, debiendo vivir como Cristo, vive como Dios.

Curriculum vitae: En la mayoría de las veces mucho ruido para pocas nueces.

Fe: Creer sin evidencia, en algo que dijo alguien sin conocimiento, sobre cosas sin fundamentos.

Felicidad: Agradable sensación que surge de la observación de la desgracia ajena.

Gilipollas: El único que no suele saberlo.

Guantera del coche: Lugar donde se puede encontrar cualquier cosa menos guantes.

Status: Es comprar una cosa que uno no quiere con un dinero que uno no posee, para mostrarnos a quien no nos gusta como una persona que no somos.

Malapropismo (3)

El término designa el uso impropio de una palabra tomada en el lugar de otra de fonética similar, con consecuencias normalmente cómicas.

Un lapsus linguae que puede ser voluntario para provocar la risa o puede ser involuntario, que es cuando tiene gracia de veras.

Nada mejor que la atención al público para gozar de más ocasiones, de más posibilidades de oír esas divertidas confusiones. Así, se pueden leer muchas de ellas en Anécdotas de farmacéuticos (Styria). Veamos algunas:

En lugar de pedir profilácticos pedir filatélicos, o mejor aún, ¡profiteroles!

O pedir piedra Gómez por piedra pómez. O un locutorio por un colutorio. O un delirio por un colirio. O pasta centrífuga por pasta dentífrica. O suero psicológico en lugar de suero fisiológico.

También está el que explica que tiene cojontivitis en lugar de conjuntivitis, o la que pide la píldora porque no realizaron correctamente el corpore insepulto (coitus interruptus, quién lo diría). O el que pide un jarabe expectante en vez de expectorante.

Mejor lo de pedir agua exagerada en vez de oxigenada. Quizás la quería en cantidades industriales.

Como el que pidió aspirinas fosforescentes en lugar de efervescentes. Quizá quería localizarlas fácilmente en la oscuridad.