Comunicación no verbal

¿Se entiende?La comunicación no verbal es aquella conducta, gesto, movimiento o postura que, intencionadamente o no, está cargada de un significado culturalmente determinado, y que puede transmitir información de cualquier tipo acerca de la persona que lo emite o del mundo que la rodea.

Comunica información acerca de nuestra actitud, sentimientos o intenciones. Complementa a la comunicación verbal, a la que a veces llega incluso a sustituir. Es aquello de «una imagen vale más que mil palabras» aplicado a la comunicación. La mirada, la posición del cuerpo, los movimientos de las manos o la ausencia de los mismos, el ritmo respiratorio, el color de las mejillas, el brillo de los ojos y otros muchos aspectos pueden brindar a nuestro interlocutor más información de la que creemos. Por ello es importante controlar este aspecto comunicativo si no queremos que «traicione» nuestros propósitos.

A nadie se le escapa que es mejor iniciar un primer contacto amoroso con paso firme, mirada franca, voz bien timbrada y amplia sonrisa en los labios, en lugar de mirada huidiza, mejillas arreboladas, labios temblorosos y postura vacilante, por poner un ejemplo. O que, para una entrevista de trabajo, es mejor un vigoroso apretón de manos, sentarse con la espalda bien recta pero con comodidad, mantener una postura ligeramente inclinada hacia adelante, mirar continuamente a los ojos, acompañar la conversación con movimientos de manos (sin exagerar) y no elevar en exceso la voz; en lugar de retreparse en el sillón, juguetear nerviosamente con un bolígrafo, papel o los propios dedos, mirar nerviosamente a todos lados, hablar en susurros o mostrar incomodidad con la ropa que se viste, por poner otro ejemplo.

Pero no toda la información de estos gestos y conductas es suministrada inadvertidamente, también se usa el lenguaje corporal para comunicar de forma totalmente consciente, en unos gestos casi universales: tamborileamos con los dedos para demostrar impaciencia; nos encogemos de hombros para mostrar indiferencia o desconocimiento; guiñamos un ojo para significar complicidad; alzamos las cejas para expresar que algo nos parece poco creíble; nos rascamos la cabeza para comunicar desconcierto; nos damos una palmada en la frente si de pronto nos damos cuenta de que hemos olvidado algo; nos revolvemos en el asiento para revelar incomodidad; asentimos y negamos con movimientos oscilatorios de la cabeza; extendemos el dedo índice y oscilamos levemente la mano para lanzar una advertencia… y así muchos otros ademanes ciertamente aprendidos. Y aunque cada persona puede modificarlos de manera peculiar para transmitir lo que pretende —a veces basta una simple mirada de una persona cercana para saber lo que piensa o lo que quiere— siempre seguirán la misma estructura dentro del proceso de comunicación.

Cuando se trata de estudiar la comunicación no verbal, se suele hacer desde diferentes aspectos. Así se distingue entre:

  • lenguaje corporal o cinético, que hace referencia a las posturas corporales, las expresiones faciales y los comportamientos gestuales.
  • lenguaje proxémico, que hace referencia a la utilización del espacio inmediato al individuo.
  • paralenguaje, que hace referencia a los aspectos no lingüísticos de la comunicación verbal.
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