Erratas

Ciertamente relacionado con la impresión, está el tema de las erratas. Aquellos errores tipográficos, de composición o de corrección que, sin saber muy bien cómo, aparecen en la obra impresa definitiva.

Sus efectos sobre el escrito pueden llegar a ser muy curiosos, llegando incluso a desvirtuar por completo el mensaje. Tal es el caso del enamorado que, escribiendo a sus padres acerca de su novia, la califica de muy puta en lugar de muy pura. O el de aquel corrector de estilo que, por desconocimiento del término empatía —estado mental en que uno se identifica con un grupo o persona—, se dedicaba a «corregir» la palabra sustituyéndola por simpatía, resultando que fulanito era simpático en vez de empático. O el de aquél empresario que demandaba en un anuncio a una secretaria con ingles en vez de con inglés. O el de aquella muchacha que demandaba empleo y ofrecía sus conocimientos y buen hacer en relaciones púbicas en lugar de relaciones públicas.

Hay algunas erratas que gozan de cierta fama, como la del folletón Arroz y tartana, de Vicente Blasco Ibáñez, que en su primera edición decía: «Aquella mañana, doña Manuela se levantó con el coño (por ceño) fruncido». O la que sufrió el poeta Garcilaso en un verso que en lugar de decir: «Y Mariuca se duerme y yo me voy de puntillas«, decía: «Y Mariuca duerme y yo me voy de putillas«.

Otras veces la errata le cuesta el empleo a su responsable, como cuenta el novelista argentino Manuel Ugarte al referirse al caso de un periodista que, al elogiar a la hija del dueño del rotativo, escribió: «Basta escribir su nombre, para que se sienta orgullosa la tonta«, cuando la que debía sentirse orgullosa era la tinta. O bien les deja en ridículo, como en el caso de un crítico que alababa el «exquisito busto (por gusto) de la condesa que conocemos tan bien todos sus amigos».

Las erratas no respetan ni los títulos de las obras. Así, La feria de los discretos, de Pío Baroja, conoció una edición como La feria de los desiertos; un drama titulado La expulsión de los moriscos, se llevó a la cartelera como La expulsión de los mariscos; y la famosa obra de Alejandro Dumas que llegó a publicarse como La dama de las camellas (por camelias).

En Vituperio (y algún elogio) de la errata, de José Esteban, también se habla de casos excepcionales de erratas, como el caso de las obras del cardenal Bellarmin, cuya fe de erratas precisó un volumen anexo de 88 páginas. Y de un libro del poeta mexicano Alfonso Reyes que tenía tanta erratas que dijeron de él: «Nuestro amigo Reyes acaba de publicar un libro de erratas acompañado de algunos versos».

Y de las erratas «invencibles» que se resisten a la corrección, como cierta frase que elogiaba a una dama y señalaba a un ministro el deber de recompensarle sus infinitos servicios, por lo que al salir escrito ínfimos se corrigió con peores resultados, pues apareció como infames, y al efectuar una nueva corrección sólo se empeoró la situación; se escribió íntimos.

Aunque no hace falta remontarse mucho en el tiempo; un espisodio de la serie de televisión C.S.I. llevaba por título Axfisia en vez de Asfixia. Claro que no tiene mucha importancia si lo comparamos con lo ocurrido en el mismo episodio, en el que, al inquirir sobre varias sospechosas, se pregunta: ¿Cuála de ellas? en lugar de preguntar por ¿Cuál de ellas? Recuerdo que en el colegio, frente al cuála solíamos responder: la Pascuala. Y me estoy saliendo de tema pues esto no es una errata, un lapsus linguae en el mejor de los casos; en el peor…

Hasta la próxima, salidos.

FE DE ERRATAS: No era mi intención juzgar el apetito sexual de nadie; donde dice salidos ha de decir saludos. Tan bien que estaba quedando el escrito y una errata lo desmerece, ¡qué pene más grande!

FE DE ERRATAS DE LA FE DE ERRATAS: Donde dice pene ha de decir pino.

1 comentario

  1. No se aclara suficientemente si el pino fue plantado debajo o encima de la tierra.

    Algunas otras erratas célebres:

    Del «ABC»:
    Fe de etarras.
    El novio hizo entrega a su prometida una hermosa poya (en la linotipia la «p» y la «j» estaban contiguas, eso libró al linotipista).

    Del «Ya»:
    La putísima Virgen María (el linotipista y el corrector fueron fulminados).
    Su Santidad el Jefe del Estado.
    Su Excelencia el Santo Padre.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *