Anagramas (6)

Colaboración de Sergio Martín

Un curioso texto anagramático.

Lo acontecido no es anecdótico, ni un sainetesco anestésico, ni un souvenir del universo, sino el prefacio de una profecía. No es para emocionar a nadie, pero un camionero, pavoroso y vaporoso, está sembrando el pánico en Washington, y le copian en todo el mundo. Un belicoso en la ciudad del obelisco. Un apolítico en la sede del Capitolio. Un anárquico para acoquinar a todos.

¿Un camión en un camino, o un sorteador soterrado y submarino en el urbanismo? Método cartesiano: estacionar y matar. La locura ocular de ver caer a su víctima. Pregunta purgante: ¿bestialidad o estabilidad?

Sólo por su locuacidad ha claudicado. Un conversador conservador. Sin vacilación ni cavilación, el satánico hace su tasación: diez millones por no matar. Es su presupuesto superpuesto a su admonición de dominación. Nos convierte en marionetas monetarias, un pragmático pictograma ni ponderable ni perdonable. Irónicamente el renacimiento mediocre y merecido, sugeridor y resurgido, favorecido y vociferado, del resumido sumidero y de la supuración de la usurpación del bien por el mal. Es para angustiarse y santiguarse.

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