Equívoco (2)

El equívoco es una situación que se produce cuando se malinterpreta un mensaje.

Ya sea en una conversación o en un escrito, si no existe una constatación enfática de aquello sobre lo que estamos hablando y se da por sabido, puede darse el caso de que el hablante lo haga sobre una cosa y el oyente crea que se refiere a otra diferente.

Tal ha sido la mecánica de incontables comedias de Hollywood en las que el actor de turno hacía gala de sus expresiones de sorpresa e incredulidad al oír a la actriz de turno hablar de su caballo cuando él creía que lo hacía sobre su padre o hablar de como acabaría con un molesto mosquito cuando él creía que hablaba de él mismo.

El siguiente ejemplo trata sobre un muchacho que, estando de viaje y sabiendo que su novia necesitaba unas gafas (lentes, anteojos, que también así se llaman) entró en una óptica para comprárselas. Vio unas cuantas, se decidió y compró unas. La dependienta las envolvió y él pagó la cuenta. Pero al marcharse, en lugar de coger su paquete con las gafas, cogió otro muy parecido que había al lado y que contenía unas bragas de fino encaje (tangas, que también así se llaman) que seguramente alguna clienta que había en la óptica se acababa de comprar. Sin darse cuenta de la equivocación le envió a su novia el paquete por correo postal junto a una carta. La novia recibió el paquete y se quedó extrañada del contenido, sobre todo cuando leyó la carta que decía:

Querida mía:

Espero que te guste el regalo que te envío, sobre todo por la falta que te hacen, ya que llevas mucho tiempo con las otras que tenías y éstas son cosas que se deben cambiar de vez en cuando.

Espero también haber acertado con el modelo. La dependienta me dijo que era la última moda y me enseñó las suyas que eran iguales.

Entonces yo, para ver si eran ligeras, cogí y me las probé allí mismo. No sabes como se rió la dependienta, porque esos modelos femeninos quedan muy graciosos en los hombres y más a mi, que sabes que tengo unos rasgos muy alargados.

Una señorita que había allí me las pidió, se quitó las suyas y se las puso para que yo viera el efecto que hacían. Las vi estupendas, me decidí y las compré.

Póntelas y enséñaselas a tu padres, a tus hermanos y, en fin, a todo el mundo, a ver que dicen.

Al principio te sentirás muy rara, acostumbrada a ir con las viejas y más ahora que has estado un tiempo sin llevar ningunas.

Si te están muy pequeñas me lo dices, que si no te van a dejar señal cuando te las quites. Ten cuidado también de que no te estén grandes, no sea que vayas andando y se te caigan.

Llévalas con cuidado y, sobre todo, no vayas a dejártelas por ahí y las pierdas, que tienes la costumbre de llevarlas en la mano para que todos admiren tus encantos.

En fin, para que te voy a decir nada más. Estoy deseando vértelas puestas, aunque cuando estás conmigo te las quitas con frecuencia.

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1 Comentario

  1. toni1de3 dice:

    Comentario de Gragry

    Bueno, respecto de este texto que citás, te cuento que el autor es J.R.R. Tolkien. Sí, así como lo leés. Parece que el señor (no el de los anillos, sino su autor) era muy dado a las bromas pesadas y con doble sentido y se divertía mucho escribiendo este tipo de textos que compartía con sus amigos. El dato lo saqué de un libro que se llama “Tolkien para principiantes”. Como en un momento dudé de esa autoría hablé con Graciela Repún (a quien conozco personalmente) que es la autora del libro que te comento para que me diera más datos, ella estuvo investigando bastante antes de escribir este libro. Parece que una de las biografías (en inglés) más serias de este autor contiene el texto que comento. Graciela lo eligió por ser uno de los menos subidos de tono.

    Referencias:

    El libro de Graciela Repún (Ilustrado por Enrique Melatoni) se llama “J.R.R.Tolkien para principiantes” ed. Era Naciente (Do*****entales Ilustrados) ISBN 987-9065-93-X Buenos Aires, 2001

    La biografía en inglés se llama “J.R.R.TOLKIEN” de Daniel Grotta, ed. Andres Bello, Chile 1992. Y el texto está en la página 54.

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