No dejar títere con cabeza

guiñol

¿Sabías por qué NO DEJAR TÍTERE CON CABEZA es arrasar con todo?

También no quedar títere con cabeza, con el significado de no dejar (o quedar) persona o cosa indemne, ponderando el desbarajuste o destrucción total de una cosa.

También lo decimos de quien, puesto a criticar y descalificar, arremete indiscriminadamente contra todos.

Algunos atribuyen el origen a un episodio de El Quijote (II, cap. 26) que relata el encuentro del caballero con maese Pedro y su retablo de títeres. Ocurre que en un momento de la representación, identificado Don Quijote con la escena y viendo que los moros persiguen a Don Gaiferos y Melisendra que huyen, se levanta vociferante dispuesto a enfrentarse a los perseguidores:

Y diciendo y haciendo, desenvainó la espada, y de un brinco se puso frente al retablo, y con acelerada y nunca vista furia comenzó a llover cuchilladas sobre la tierra morísima, derribando a unos, descabezando a otros, estropeando a éste, destrozando a aquél y, entre otros muchos, tiró un altibajo tal, que si maese Pedro no se abaja, se encoge y agazapa, le cercenara la cabeza con más facilidad que si fuera hecha de masa de mazapán.

Pero más que origen parece una jocosa aplicación de la expresión, uno de esos juegos de palabras y especiales usos de expresiones populares que abundan en la obra de Cervantes.

Covarrubias en su Tesoro de la Lengua Castellana dice que títeres son «ciertas figurillas que suelen traer extranjeros en unos retablos, que mostrando tan solamente el cuerpo de ellos, los gobiernan como si ellos mismos se moviesen, y los maestros que están dentro, detrás de un repostero y del castillo que tienen de madera, están silbando con unos pitos, que parece hablar las mismas figuras; y el intérprete que está acá fuera declara lo que quieren decir, y porque pito suena ti ti, se llaman títeres».

En estas obras de guiñol es ingrediente esencial los garrotazos y estacazos que se propinan entre ellos hasta perder el sentido o la cabeza (seguro que en más de una ocasión una pérdida literal) hasta quedar a salvo tan solo los protagonistas de la historia.

El dicho también parece aludir a ciertos juegos de feria en los que el jugador lanza una pelota de trapo sobre muñecos -similares a los títeres- con la intención de descabezarlos. Si conseguía su propósito despojando de su cabeza a todos los títeres, recibía su premio.

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