Saber lo que vale un peine

peine

¿Sabías por qué SABER LO QUE VALE UN PEINE es una expresión que se utiliza a modo de aviso o advertencia?

Más aún, a modo de amenaza al que va a recibir su merecido.

Saber lo que vale un peine o Enterarse de lo que vale un peine es una locución equivalente a Saber lo que es bueno utilizada en su peor sentido, es decir, uno puede saber lo que es bueno cuando conoce algo realmente agradable o positivo (Prueba mi cocido y vas a saber lo que es bueno) o cuando conoce el aspecto desagradable o incómodo de algo que no lo era (Ahora estás bien, pero como te trasladen a la nueva fábrica vas a saber lo que es bueno).

En el Gran Diccionario de Refranes de Sbarbi se lee: «Cuando Fernando VI ordenó que el ejército español llevara el pelo con cuatro órdenes de bucles, coleta y polvos, se llamó camaradas de peine a los soldados que ayudaban a peinar a sus compañeros, ya que a los soldados les era imposible manejar por sí solos los canutos de hojalata de que se servían para formar los bucles, y porque se exponían a ensuciarse el vestuario con el sebo y la harina que tenían que manejar.»

«Hoy —añade— se aplica aquél nombre a las personas que andan muy unidas, y especialmente a las que se conciertan para algún fin particular, no siempre bueno.»

En el Diccionario de Autoridades se lee que: «Saber cuántas púas tiene un peine. Frase con que se da a entender que alguno es bastantemente astuto y cuidadoso en los negocios que maneja y que no se dejará engañar de otros.»

En Frases con historia de José Luis García, se comenta que: «No encaja el sentido de amenaza y este otro más bien elogioso de astucia. Pero no siempre esta astucia se tomaba en sentido elogioso. Hay que tener en cuenta que peine, en Pérez Galdós, es persona astuta y desaprensiva, tunante, bribón, pícaro. Expresiones como ¡peines y peinetas! o ¡no conoces tú el peine! o ¡por vida del santísimo peine!, nos indican que esta palabra pasó a ser utilizada como reniego (Fortunata y Jacinta II, cap. 6). Ya pareció el peine, significaba que ya se había descubierto al presunto autor de una fechoría. Este deslizamiento de sentido podría explicar el significado de amenaza asociado a peine, que tiene hoy la expresión Te vas a enterar de lo que vale un peine.»

A la vista de lo aquí comentado parece claro el camino seguido en la asimilación de significado. Los soldados se peinaban entre ellos y se les conocía como camaradas de peine. Estos soldados, amigos y camaradas inseparables, participaban sin duda en muchas correrías, pendencias o peleas. Incluso en requisas y altercados con armas, lo que les ganó fama de apandillarse para fines no demasiado buenos como se lee en Sbarbi.

Por otro lado tenemos la imagen visual de un peine, con todas sus púas iguales y unidas. Imagen fácilmente asimilable al grupo de camorristas, pares entre ellos e igualmente unidos. No en vano consta en el DRAE, en la novena acepción de púa: coloq. Persona sutil y astuta. En sentido peyorativo. Joaquín es buena púa.

Aquí observamos la asimilación a peine o a púa a una persona astuta y pendenciera y a su actuación en grupo con otros iguales a él.

Pero no solamente se aplica la imagen a personas; dentro del mismo ámbito del ejército se aplica a los cargadores de ciertas armas de fuego, que agrupan los proyectiles, iguales entre sí como las púas. Así en el DRAE, en la cuarta acepción de peine consta: En algunas armas de fuego, pieza metálica que contiene una serie de proyectiles.

Y sin abandonar el ejército y en clara aplicación de la anterior definición, se dice que durante las contiendas españolas de finales del s.XIX en tierras africanas, era habitual que los soldados llamaran peine al cargador del fusil máuser de cinco balas por su semejanza con el mismo. Más de uno iniciaría sus ráfagas con amenazas del estilo de: «Vas a saber…», «Ahora verás…», «Te vas a enterar de…», «…lo que vale un peine.

Añadido 24/05/2019

Por su parte en Hablar con corrección de Pancracio Celdrán, se opta por la sexta acepción del término: Instrumento de puntas aceradas que se usó para dar tormento.

Tal instrumento de tortura estaba «formado por una barra de hierro erizada con púas que arañaban la piel del reo hasta que este confesaba lo que sus torturadores querían».

Sin duda los individuos sometidos a tal castigo se enteraban de lo que vale un peine.

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