Comparativos

Es de uso común utilizar frases comparativas, en términos exagerados, para burlarse de alguien o para provocar la risa.

Algunas son tan acertadas o graciosas que acaban por prender en el lenguaje cotidiano:

Está más despistado que un pulpo en un garaje.
Es más pesado que una vaca en brazos.
Es más corto que las mangas de un chaleco.
Está más quemado que la pipa de un indio.
Se mueve más que la compresa de una coja.
Es más inútil que el cenicero de una moto.
Es más antiguo que la corbata de Pedro Picapiedra.
Falla más que una escopeta de feria.
Es más lento que el caballo del malo.
Está más oscuro que el sobaco de un mono.
Tiene más trabajo que el psiquiatra del Pájaro Loco.
Es más simple que el mecanismo de un chupete.
Está más triste que Bambi en el Día de la madre.
Está más quemado que los ceniceros del Challenger.
Es más largo que un día sin pan.
Es más lento que un desfile de caracoles.
Tiene más tetas que un calendario de la Samantha Fox.
Tiene más dudas que una canción de Los Panchos.
Es más feo que el parto de Mick Jagger.
Es más raro que la niña de «El exorcista».
Bebe más que los peces del villancico.
Tiene más años que la puerta de una pirámide.
Es más inútil que la primera rebanada del pan Bimbo.
Tiene más goteras que el baño del Titanic.
Es más vago que Papá Noel, que dicen que trabaja un día al año y encima es mentira.
Es más inútil que el logopeda de Rambo.

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