Tantanes (2)

Es un juego basado en la exageración con fines cómicos. Un tradicional chiste o cuento infantil en el que se escoge una cualidad —repetida indefectiblemente tres veces— y se exagera hasta lo imposible.

Era un príncipe tan feo, tan feo, tan feo, que Cenicienta se fue del baile a las once y media.

Era un futbolista tan malo, tan malo, tan malo, que para una vez que metió un gol, en la repetición lo falló.

Era un hombre tan tacaño, tan tacaño, tan tacaño, que cuando veía la misa por televisión y pasaban a por limosna cambiaba de canal.

Era un torero tan malo, tan malo, tan malo, que en vez de faenas hacía gamberradas.

Era un hombre tan viejo, tan viejo, tan viejo, que cuando Dios dijo «hágase la luz», él ya debía tres meses.

Era un coche tan rápido, tan rápido, tan rápido, que se pasaba los pueblos de dos en dos.

Era un cocinero tan feo, tan feo, tan feo, que hacía llorar a las cebollas.

Era un cazador tan malo, tan malo, tan malo, que cuando iba a cazar, los conejos en lugar de esconderse iban a pedirle autógrafos.

Era un niño tan feo, tan feo, tan feo, que cuando nació le pusieron una careta de goma para enseñárselo a su madre.

Era una chica tan mona, tan mona, tan mona, que solo comía cacahuetes.

Era un ladrón tan gordo, tan gordo, que la policía no podía rodearlo.

Era una pastelería tan sucia, tan sucia, tan sucia, que el cabello de ángel tenía caspa.

Era un cirujano tan tacaño, tan tacaño, tan tacaño, que aplicaba la anestesia con un martillo.

Era un bebé tan feo, tan feo, tan feo, que su madre en vez de darle el pecho le daba la espalda.

Era una vaca tan flaca, tan flaca, tan flaca, que en lugar de leche daba pena.

Era un hombre tan tontín, tan tontín, tan tontín, que le llamaban «el campana».

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