Sonrisas y lágrimas

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La risa y el llanto son expresiones de los sentimientos humanos, que se manifiestan en el lenguaje por medio de multitud de modismos. Por haber, hay risa de hiena, sardónica, de imbécil, estentórea… y lágrima fácil, lágrimas de cocodrilo o de Magdalena.

Respecto a la risa, son corrientes la expresiones que hacen referencia a la carcajada sin freno. Como por ejemplo «desternillarse». Es frecuente oír desternillarse de risa o decir me desternillo, aunque hay quien dice «destornillo» erróneamente, quizás por sonarle mejor.

Si buscamos en el diccionario, leemos que las «ternillas» son cartílagos. ¿A qué cartílagos hace referencia la expresión? Es posible que a ninguna ternilla en particular y que la frase se refiera a todas ellas como en la expresión me descoyunto de risa, en la que la acción de descoyuntar (desencajar un hueso de sitio) se hace extensiva a todo el esqueleto. Aunque de referirse a algunas en concreto, se referiría a los discos intervertebrales que, situados entre las vértebras, permiten la semiarticulación de la columna. 

En una situación de risa incontrolada, se adopta la posición fetal para minimizar el dolor de los espasmódico de los músculos abdominales, de tal manera que si nos dobláramos más se romperían las ternillas y podríamos partirnos por la mitad. Esta afirmación parecen corroborarla frases como: me doblo, me parto —y la más reciente me parto la caja(torácica)—, me troncho…, en las que sí se alude directamente a la fractura del tronco en dos pedazos. Y me mondo que parece sugerir que uno se queda sin pelo y hasta sin extremidades por efecto de la risa, despojándose de todo aquello que no es necesario para la carcajada.

A este respecto, ser la monda se dice de algo excesivo o extraordinario y también de algo o alguien extremadamente divertido.

Las convulsiones a las que se ve sometido el cuerpo con la risa aguda afectan a todas partes por igual, ya sean hueso o músculos y se suele decir: me meo de risa, o que algo es tan gracioso que es para mearse, aludiendo a la imposibilidad de controlar la vejiga por los espasmos musculares. En ocasiones llega a tanto el dolor de los músculos si la carcajada es prolongada, que se llega a afirmar que me muero de risa.

Por su parte, el llanto también tiene sus matices. Desde el gimoteo infantil —hacer pucheros, le dicen— hasta llorar como una Magdalena, pasando, como no, por las lágrimas de cocodrilo.

Y no son tales las lágrimas del cocodrilo; se trata de una secreción acuosa que mantiene húmedos los ojos del reptil mientras está fuera del agua. Lo que pasa es que emite unos sonidos —semejantes a quejidos o lamentos— previamente al letargo en que se sume durante la digestión. Un poco de imaginación y se completa la fábula que afirma que el cocodrilo llora —falsamente— por la presa que está devorando.

Publicado originalmente el 26 de enero de 2003

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