Archivo mensual: febrero 2005

Mentiras

Existen unas frases que, aunque se pronuncien con sinceridad, tienen un cierto aroma a excusa, a mentira.

Basta que se den las circunstancias, el entorno adecuado, para que la más pura de las verdades suene a mentira podrida.

Es suficiente imaginar a un estudiante que olvidó en casa —en el último día de plazo— el trabajo a presentar, jurándole y perjurándole al maestro que sí que lo hizo pero lo olvidó.

A continuación otros ejemplos:

Este año sí me pongo a estudiar.
No te va doler.
Un par más y nos vamos.
Estaba a punto de llamarte.
¿Yo?… ¿Con esa?… ¡NUNCA!
El profe me tiene manía.
¿Yo te debo?… ni me acordaba.
Es culpa del árbitro.
Te estuve llamando, pero daba ocupado.
Me voy al cine sola.
En cinco minutos estoy con Uds.
Le aseguro que pasé en ámbar.
Paga tú, que mañana te lo devuelvo.
Te lo juro por mi madre que te lo mandé.
No, no, yo te llamo.
Ayer estaba enfermo.
No pude ir porque me robaron.
Se me perdió tu teléfono.
Veo si tengo correo y me desconecto.
Sí, el coche es mío.
¡Qué casualidad!… estaba pensando en ti.
Sólo somos amigos.
Se cayó solo y se rompió.
Mañana empiezo.
¡Pero si yo esta vez estudié!
¡Me gustaste desde la primera vez que te vi!
Te llamo en 5 minutos ¿de acuerdo?
Ven más tarde porque ahora voy a salir.
Aún no he cobrado.
¡Qué bien te queda el vestido!
Sí, choqué… pero la culpa la tuvo el otro.
Borracho, borracho nunca estuve… solo un poco contentillo…
No, no tengo teléfono… pero dame el tuyo que yo te llamo.
Te juro que nunca lo pensé.
Por favor…. yo soy una persona decente.
Llego tarde porque estuve en la biblioteca.
Mis ojos están irritados porque estoy resfriado.
¡Oh…! No me di cuenta.
Mañana te traigo tus CDs.
Te debo tu regalo.
Dame tiempo…
Cuando me case nunca más voy a mirar a otra.
Estaba haciendo zapping y lo ví.
Te juro que no quise decir eso.
¡Claro que el cheque tiene fondos!
Te juro que no se lo voy a contar a nadie.
El lunes empiezo la dieta.
Sí, salí con él, pero no pasó nada.
Préstamelo y mañana te lo devuelvo.
Tienes los ojos más lindos que vi en mi vida.
Haré lo que tú digas.
Jamas te olvidaré.

Escaquearse

Medina de Tánger¿Sabías por qué ESCAQUEARSE es escabullirse de un trabajo?

Se escaquea el que elude una tarea, el que inventa excusas para no realizar un trabajo, y se llama escaqueador al especialista en estas lides.

El origen del término lo encontramos en el vocablo árabe as-sikak ‘escaque, casilla’, que alude a la disposición urbanística de la medina o barrio antiguo de una ciudad árabe.

Los antiguos árabes construían sus ciudades con las casas apiñadas y con calles angostas y tortuosas.

Uno de los motivos para así hacerlo era la obtención de sombra, lo que les permitía resguardarse de los implacables rayos solares, incluso tendiendo toldos de un lado a otro de las calles.

Un segundo motivo era procurar seguridad y defensa a sus habitantes. En caso de que un enemigo ocupase la ciudad, al estar ésta dispuesta en forma laberíntica, era más fácil a sus habitantes —conocedores del terreno— escabullirse de sus perseguidores. Es decir, de escaquearse.

Hacerse el longuis

¿Sabías por qué HACERSE EL LONGUIS es hacerse el distraído?

Hacerse el longuis o hacerse el longui son expresiones aplicables al que se hace el inocente o distraído, al que se desentiende de algún asunto o disimula.

La frase, que generalmente se utiliza como un reproche, se contruye alrededor de un vocablo importado del caló: longui (inocente, tonto, alelado).

Persiana

¿Sabías por qué llamamos PERSIANA al utensilio enrollable que se coloca en puertas y ventanas?

El término persiana, proveniente posiblemente del francés persienne, femenino de persien ‘persa, de Persia’, se empezó a oír durante el siglo XVIII en plena fiebre de orientalismo que se vivía en Europa.

En Occidente se usaban cortinas, celosías y contraventanas para impedir el paso de la luz a las habitaciones. Hasta que se adoptó el uso de Persia (actual Irán), donde se colocaban telas en los marcos de puertas y ventanas con el fin de que pasase el aire pero no el sol. Telas que se enrollaban cuando el sol en el interior de la vivienda no era problema.

Dichas persianas, como se puede observar en muchos pueblos —sobre todo de Andalucía, aunque no únicamente— suelen ser de color verde, lo que proporciona un bonito contraste con las paredes blancas.

Y verde, porque es el color del Islam.

Sonó la flauta por casualidad

Esta flauta suena, pero no por casualidad.

¿Sabías por qué se emplea la expresión SONÓ LA FLAUTA POR CASUALIDAD para quitar méritos a un acierto casual?

También se utiliza para rebajar las pretensiones de aquellos que se consideran expertos porque una vez acertaron.

La locución proviene de una de las Fábulas Literarias de Tomás de Iriarte, que con el número 8 tituló El burro flautista. Dice así:

Esta fabulilla, / salga bien o mal,
me ha ocurrido ahora / por casualidad.
Cerca de unos prados / que hay en un lugar,
pastaba un borrico / por casualidad.
Una flauta en ellos / halló, que un zagal
se dejó olvidada / por casualidad.
Acercóse a olerla / el dicho animal,
y dio un resoplido / por casualidad.
En la flauta el aire / se hubo de colar,
y sonó la flauta / por caualidad.
“¡Oh! -dijo el borrico-: / ¡qué bien sé tocar!
¡Y dirán que es mala / la música asnal!”
Sin reglas del arte / borriquitos hay
que una vez aciertan / por casualidad.

Lágrimas de cocodrilo

Cocodrilo¿Sabías por qué llamamos LÁGRIMAS DE COCODRILO a las que se vierten aparentando un dolor que no se siente?

La segregación acuosa que mantiene húmedos sus ojos fuera del agua nada tiene que ver con su llanto.

Lo que pasa es que emite unos sonidos —semejantes a quejidos o lamentos— previamente al letargo en que se sume durante la digestión. Estos sonidos, más de satisfacción que de pena, unidos a un poco de imaginación, completan la fábula que afirma que el cocodrilo llora por la presa que está devorando.

Y en esta falsa creencia se asienta la expresión.

Desternillarse de risa

¿Sabías por qué DESTERNILLARSE DE RISA es reirse mucho, sin poder contenerse?

La frase alude a la risa convulsiva, a la que hace que nos doblemos por la mitad y en casos extremos que adoptemos la posicón fetal.

Si la risa es prolongada incluso nos causa dolor muscular, de ahí frases parecidas como morirse de risa, partirse de risa…, por las que se nos romperían figuradamente las ternillas (cartílagos) de todo el cuerpo: de las costillas, de la columna…

Es posible que no se refiera a ninguna ternilla en particular sino a todas ellas como en la expresión me descoyunto de risa, en la que la acción de descoyuntar (desencajar un hueso de sitio) se hace extensiva a todo el esqueleto. Pero de referirse a algunas en concreto, sería a los discos intervertebrales que, situados entre las vértebras, permiten la semiarticulación de la columna.

Actualmente suele ser frase habitual entre los jóvenes la de me parto la caja, que hace referencia a la caja torácica, pues acompañan la frase con pequeños golpecitos en el pecho. Y también otras más escatológicas como mearse de risa que aluden a la dificultad de controlar los músculos y los esfínteres en situación de risa incontrolada y espasmódica.

Sonrisas y lágrimas

Sonrisas y lágrimasLa risa y el llanto son expresiones de los sentimientos humanos, que se manifiestan en el lenguaje por medio de multitud de modismos. Por haber, hay risa de hiena, sardónica, de imbécil, estentórea… y lágrima fácil, lágrimas de cocodrilo o de Magdalena.

Respecto a la risa, son corrientes la expresiones que hacen referencia a la carcajada sin freno. Como por ejemplo “desternillarse”. Es frecuente oír desternillarse de risa o decir me desternillo, aunque hay quien dice “destornillo” erróneamente, quizás por sonarle mejor.

Si buscamos en el diccionario, leemos que las “ternillas” son cartílagos. ¿A qué cartílagos hace referencia la expresión? Es posible que a ninguna ternilla en particular y que la frase se refiera a todas ellas como en la expresión me descoyunto de risa, en la que la acción de descoyuntar (desencajar un hueso de sitio) se hace extensiva a todo el esqueleto. Aunque de referirse a algunas en concreto, se referiría a los discos intervertebrales que, situados entre las vértebras, permiten la semiarticulación de la columna. 

En una situación de risa incontrolada, se adopta la posición fetal para minimizar el dolor de los espasmódico de los músculos abdominales, de tal manera que si nos dobláramos más se romperían las ternillas y podríamos partirnos por la mitad. Esta afirmación parecen corroborarla frases como: me doblo, me parto —y la más reciente me parto la caja(torácica)—, me troncho…, en las que sí se alude directamente a la fractura del tronco en dos pedazos. Y me mondo que parece sugerir que uno se queda sin pelo y hasta sin extremidades por efecto de la risa, despojándose de todo aquello que no es necesario para la carcajada.

A este respecto, ser la monda se dice de algo excesivo o extraordinario y también de algo o alguien extremadamente divertido.

Las convulsiones a las que se ve sometido el cuerpo con la risa aguda afectan a todas partes por igual, ya sean hueso o músculos y se suele decir: me meo de risa, o que algo es tan gracioso que es para mearse, aludiendo a la imposibilidad de controlar la vejiga por los espasmos musculares. En ocasiones llega a tanto el dolor de los músculos si la carcajada es prolongada, que se llega a afirmar que me muero de risa.

Por su parte, el llanto también tiene sus matices. Desde el gimoteo infantil —hacer pucheros, le dicen— hasta llorar como una Magdalena, pasando, como no, por las lágrimas de cocodrilo.

Y no son tales las lágrimas del cocodrilo; se trata de una secreción acuosa que mantiene húmedos los ojos del reptil mientras está fuera del agua. Lo que pasa es que emite unos sonidos —semejantes a quejidos o lamentos— previamente al letargo en que se sume durante la digestión. Un poco de imaginación y se completa la fábula que afirma que el cocodrilo llora —falsamente— por la presa que está devorando.

Publicado originalmente el 26 de enero de 2003

Hígado

¿Sabías por qué llamamos HÍGADO a cierto órgano?

La historia del origen del nombre de este órgano es realmente curiosa, máxime si tenemos en cuenta que sus antecedentes son el jecur latino y el hépar griego.

Éste último ha servido para formar todos los derivados cultos del hígado como hepático, hepatitis… pero el término latino ha desaparecido.

Una de las exquisiteces culinarias más apreciadas por los franceses es el foie gras de oca. Pero esta delicia gastronómica es mucho más antigua, pues ya era apreciada en la Grecia clásica. La diferencia en su obtención se encuentra en el hecho de que los griegos no cebaban metódicamente las ocas —hasta hipertrofiar su hígado— con maíz (traído de América a Europa por los españoles) sino con higos secos.

Los griegos le dieron el nombre de hépar sýkoton, ‘hígado cebado con higos’ y los romanos lo tradujeron por ficatum jecur, de ficus ‘higo’, con el mismo significado. Pero no tan solo adoptaron el nombre, sino su afición por el alimento. El gastrónomo romano Marcus Gavius Apicius mejoró su elaboración en varios aspectos y extendió el método al hígado de cerdo.

Con el tiempo la expresión se abrevió de ficatum jecur a ficatum que suplantó en el habla popular a jecur para designar al hígado de cualquier animal y, posteriormente, también el humano.

Mirarse el ombligo

Ombligo¿Sabías por qué MIRARSE EL OMBLIGO es abandonarse a la autocomplacencia y al egocentrismo?

También se dice del ensimismado y del vago, que parecen no hacer otra cosa que mirarse el ombligo.

Mirarse el ombligo fue una costumbre cristiana primitiva ideada por los monjes hesicastas de la Iglesia griega ortodoxa.

Según San Juan Clímac, un hesicasta es aquél que lucha por mantener dentro de su cuerpo las cosas incorpóreas como la mente. Usando una técnica de rezos integrada con la respiración, los monjes acostumbraban a dejar caer la cabeza durante la meditación y, por ello, se les conocía como omphalopsy choi o “observadores del ombligo”, pues algunos creían que el centro del alma humana se encontraba en el centro del cuerpo, en el ombligo, al que, por otra parte, otorgaban importancia como nexo de unión con la vida.

Recitar continuamente un padrenuestro y controlar la respiración, permitía al monje llegar a un estado de éxtasis religioso. San Gregorio Palamas —teólogo ortodoxo— describió la técnica de la siguiente manera:

“No pasaría nada si, especialmente en el caso de los principiantes, se les enseñara a mirar su interior y dirigir la mente hacia dentro con el método de la respiración…, hasta que, con la ayuda de Dios, avanzando hacia una perfección mayor, hicieran que su espíritu fuera impermeable e impenetrable a todo lo que tienen alrededor. Entonces, serían capaces de envolverlo como una cinta enrollada alrededor de un cilindro sólido”.

Aquellos que observaban a los monjes en su meditación, les veían encerrados en sí mismos, concentrados y sin importarles nada más que lo que atañía a su propia persona. Y con la cabeza caída y la mirada fija en su ombligo.