Patronímicos

Entre los griegos y los romanos, se decía del nombre que, derivado del perteneciente al padre u otro antecesor, se aplicaba al hijo u otro descendiente acreditándoles como tales. Actualmente se dice del apellido formado por el nombre de los padres.

Estos apellidos, muy numerosos, formados o derivados a partir del nombre del progenitor, son una costumbre extendida en casi todas las culturas y con las variantes propias de cada idioma. En casi todos ellos el apellido se forma añadiendo un prefijo, o más corrientemente, añadiendo un sufijo. Tal es nuestro caso, pues lo formamos añadiendo el sufijo -ez.

Así pues, algunos de ellos son:

Sánchez por hijo de Sancho. Fernández por hijo de Fernando, Ramírez por hijo de Ramiro. Diéguez por hijo de Diego. Pérez por hijo de Pero (Pedro). Rodríguez por hijo de Rodrigo. Méndez por hijo de Mendo. López por hijo de Lope. Y así otros más.

Como curiosidad, se expone a continuación la forma de los patronímicos en otros idiomas y culturas.

En inglés se forman con -son/fitz, como por ejemplo Johnson o Fitzpatrick.
En sueco se forman con -sen/-ssen, como por ejemplo Johanssen.
En irlandés se forman con O’, como por ejemplo O’Higgins.
En escocés se forman con Mc/Mac, como por ejemplo Mac Donald.
En polaco se forman con -wicz/-ski, como por ejemplo Sienkiewicz o Krakowski.
En ruso se forman con -sky, como por ejemplo Kerensky.
En griego se forman con -poulos, como por ejemplo Stavropoulos.
En árabe se forman con ibn, como por ejemplo Abdul ibn abdallah.
En hebreo se forman con ben, como Yakub ben abraham.
En portugués se forman con -es, como Rodrigues.

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