Dar palos de ciego

¿Sabías por qué decimos DAR PALOS DE CIEGO para referirnos a las intentonas realizadas indiscriminadmente y con escasas posibilidades de éxito?

La frase alude al palo con el que los ciegos van tentando por dónde van, pero hay una extendida anécdota al respecto de su origen.

Había una antigua costumbre, en tiempos de Alfonso VII (1104-1157) y extendida en Castilla y León, Navarra y Aragón, que se llevaba a cabo en los festejos y que consistía en soltar varios cerdos en una plaza cercada o coso, para que unos hombres ciegos —bien protegidas las cabezas con morriones y armados con palos— les persiguieran y golpeasen a tientas hasta matarlos, ganando así el animal para sí.

Ocurre que en su afán por por llevarse el premio, daban furiosos palos al aire o a los otros ciegos, entre la hilaridad del público que lo pasaba en grande.

Una versión moderna y menos cruel de aquella diversión medieval es la piñata, juego en el que —vendados los ojos y armado con un palo— el participante deber romper, a tientas, unos pucheros de barro colgados de una soga y llenos de caramelos y dulces. Aunque la ausencia de crueldad no evita que el jugador —enfadado tras varios intentos frustrados y azuzado por las risas burlonas— no descargue involuntariamente, pero con fuerza, un garrotazo sobre algún curioso que se acerque en exceso.

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