Tautogramas (2)

Colaboración de Iscajim

Los tautogramas son textos en los que todas las palabras empiezan con la misma letra.

EL ADIVINO PANTALEÓN PONE ANUNCIO

Pantaleón es un pícaro que se hace pasar por adivino, pero como le va mal en el negocio y los clientes decepcionados ya no acuden a su consulta, ha decidido poner un gran anuncio publicitario en la puerta de la casa, para atraer incautos.

Toda la noche se la pasó rompiéndose la mollera para que fuera un anuncio original y llamativo. Hasta que se le ocurrió una idea nada despreciable. Escribiría todo el texto comenzando cada palabra con la letra «P», que es la inicial de su nombre. Se dio a la tarea y a la mañana siguiente clavó el cartel, que decía así:

Para personas perturbadas: PANTALEÓN POLICARPO PIÑÓN, palmista, pitoniso profesional, por poca plata propone predecirles porvenir, puede plantearles presagios, prevenirles peligros potenciales, prepararlos para posibles problemas, paliar poderosas preocupaciones, posibilitar progreso personal, procurar pertenencias perdidas, poder pescar portentosos premios, participarles planes para persuadir preciosas pepillas, procrear prolongada prole, practicar provechosas permutas, proporcionar pomada para producir poblado pelo, preparar poción para parar partes pudendas,… Puede preguntar por Pantaleón Policarpo Piñón, profeta prestigioso, probada precisión.

Tras colocar tan extenso y detallado anuncio en la puerta de su consulta, Pantaleón se sentó en una butaca para que lo leyeran y empezaran a llegar los interesados. Cuando ya comenzaba a impacientarse, sintió toques en la puerta y abrió. Era un señor que intrigado por el letrero, quería hablar con el adivino.

El visitante miró con curiosidad el lugar y el talante de Pantaleón, del cual había hecho algunas indagaciones en el barrio, antes de presentarse a la consulta. El pitoniso se sentía extrañado ante la sospechosa conducta del señor, pero como era un posible cliente, comenzó a hablarle de los maravillosos servicios de adivinación que allí ofrecía. Entonces, el hombre le dijo en tono declamatorio:

«Pantaleón Policarpo Piñón, pregonado palmista, precisamente pasé para percatarme. Permítame, pues, plantearle pequeñas preocupaciones: ¿Puede Pantaleón prometer pomada prodigiosa para producir poblado pelo, permaneciendo pelón? Percibo peliaguda paradoja, pues Pantaleón propone públicamente propiciar plata, permutas, premios, pareja, progreso, placeres, pero posee pocos pesos, pide prestado, pierde pleitos, pasa penurias, padece pesares, permanece pasmado y parece paupérrimo pordiosero. ¡Perfectas patrañas propagadas por profeta pacotillero, palmista pícaro, porfiado paluchero! Podrá pescar primos pazguatos, pero pobladores precavidos prefieren procurarse propio porvenir por procedimientos personales».

Al terminar de decir esto, el hombre parecía satisfecho de haber virado la tortilla al embustero, con sus propias armas. Y se marchó soltando una sonora carcajada.

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