Pontífice

¿Sabías por qué llamamos PONTÍFICE al prelado supremo de la Iglesia católica romana?

No parece difícil relacionar el latín pontifex, pontificis con pontis, ‘puente’, y facere, ‘hacer’, pero ¿qué tiene que ver el Papa de Roma con los constructores de puentes?

Según cuenta Tito Livio, hasta el siglo VII a. de C. el rey asumía en Roma la mayoría de las funciones sacerdotales, hasta que el legendario rey romano Numa Pompilio, previendo que sus sucesores tendrían que sostener frecuentes guerras y no podrían atender al cuidado de los sacrificios, instituyó unos sacerdotes o flamina para reemplazar en esta función a los reyes cuando éstos se encontrasen ausentes de Roma. El cargo, parece, recayó en los pontifices que habían construido el puente Sublicio sobre el Tíber, función ésta, como la de destruirlo en caso de necesidad, tan sagrada como políticamente importante. En la antigua Roma, pues, el pontifex era un magistrado sacerdotal que presidía los ritos y las ceremonias religiosas. Inicialmente en número de tres pontífices mayores (uno por cada tribu), a ellos se sumó un cuarto cuando la ciudad del Palatino se unió con la del Quirinal. En tiempos de César eran ya dieciséis, agrupados en un colegio muy poderoso, pues elaboraban el derecho religioso, y también el calendario. Tras la caída de la monarquía romana, el rey, que presidía el colegio de pontífices, fue sustituido por un pontifex maximus que designaba los flámenes, las vestales y los sacerdotes de los diferentes cultos, controlaba las actividades religiosas y ejercía personalmente el culto de Júpiter Capitolino.

Cuando, en el siglo IV, el dálmata san Jerónimo emprendió la ingente tarea de traducir la Sagradas Escrituras al latín, hubo de buscar y hallar para su Vulgata equivalentes latinos apropiados para traducir innumerables palabras hebreas y griegas de difícil traducción. Así, echó mano del latín pontifex para referirse al sumo sacerdote de Israel en el Antiguo Testamento, y también para traducir el hiereus griego que san Pablo usa como calificativo para Jesucristo en su Epístola a los Hebreos. No usaron este título ni los apóstoles ni sus primeros sucesores, pero hacia el siglo VI los papas añadieron a sus numerosos títulos el de pontifex maximus. Desde entonces, se llama «sumo pontífice» o «romano pontífice» al jefe supremo de la Iglesia católica (y «pontífices» sin más a los obispos). De ahí que se llamara «Estados Pontificios» a la parte de Italia que, entre los años 756 y 1870, constituyó el imperio terrenal de los papas; o «misa pontifical» a la oficiada por un obispo. Idéntico origen tiene nuestro verbo «pontificar», que se aplica a quienes hablan como si expusieran un dogma divino que no admite contradicción.

1 comentario

  1. En diferentes lugares he encontrado que «pontífice» alude a la función de puente entre el mundo terrenal y el espiritual, que realiza el prelado supremo de la Iglesia católica romana.

    La explicación facilitada anónimamente y obtenida -según propia aclaración- de Internet, coincide totalmente (o prácticamente) con la que aparece en Parentescos insólitos del lenguaje de Fernando A. Navarro, a quién es justo reconocer su autoría desde estas líneas.

    Esta explicación, mucho más desarrollada que la expuesta anteriomente, hace pensar que estamos ante la etimología correcta.

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