Archivo mensual: agosto 2004

Mercurio

¿Sabías por qué llamamos MERCURIO al primero de los planetas del Sistema Solar?

Los antiguos astrónomos griegos observaron que se desplazaba con rapidez en su movimiento aparente por el firmamento.

Por ello lo asociaron a Hermes —Mercurio en la mitología romana— que desempeñaba el papel de mensajero de los dioses.

Sábado

¿Sabías por qué llamamos SÁBADO a cierto día de la semana?

El sábado, dies Saturnus, ‘día de Saturno’ en latín, fue consagrado al dios romano Saturno, lo que se puede constatar con el saturday inglés, en donde no se cambió la denominación —como en otras lenguas— por la del sabbatum latino, que deriva a su vez del shabbath, ‘descansar’ en hebreo, y que era el día de descanso antes de que el cristianismo lo cambiase por el domingo.

Falsas etimologías (2)

Más falsas etimologías que se oyen por ahí o que circulan por la red.

El título de “Don” proviene de: “De Origen Noble”.

Don es un título honorífico que se antepone al nombre como muestra de cortesía, que proviene de dominus, ‘señor’, en latín).

El nombre de Paco viene de que San Francisco de Asís era el “Pater Comunitas”, es decir, el padre de la comunidad de hermanos o prior. Si tomamos la primera sílaba de cada palabra tenemos el famoso Pa Co.

Ni mucho menos funciona así. Existen varias explicaciones, como la que, partiendo de “Phrancisco”, se abrevia en “Phco” para pasar a “Paco” y que tampoco son convincentes. La que parece tener mayores visos de corrección es la que se explica en Linguaweb, en donde se parte “del navarro (y vascohablante) San Francisco Javier (siglo XVI). El nombre pudo haberse popularizado en Navarra y en el País Vasco y después difundirse por el resto de la Península arrastrando con él hipocorísticos como Pancho y Paco, de origen vasco.” En vasco no existía antiguamente el fonema /f/ que se sustituía por “p”; tampoco admite los grupos “pr”, “gr”, “cr”… que se adaptan introduciendo una vocal entre las dos consonantes, por lo que el nombre venía a ser algo así como “paranchisco” que bien pudo producir diminutivos como “Patxi” (Pachi), Pancho, Paco, Paquiro, Frasco, Frasquito…

Los primeros españoles que llegaron a América del Sur preguntaron su nombre al ver por primera vez a este rumiante originario de aquel subcontinente. Los indígenas, que no entendían castellano, repetían “llama, llama”, que los europeos tomaron como el nombre de este animal.

Es una voz quéchua que se usa para designar a este auquénido.

Dicen que cadáver proviene del latín “Caro Data Vermibus” (Carne Dada a Gusanos). Se dice que los romanos inscribían esta frase en los sepulcros.

Falso. Proviene del latín cadaver de cadere, ‘caer’, y hace referencia al cuerpo caído.

Dicen que cuando los españoles llegaron a Canadá no encontraron oro, solo desolación y mucho frío. Por eso le llamaron “aCÁ NADA”.

Parece de chiste. El nombre proviene de la palabra nativa kanata, que significa ‘villa’ en inuktitut, que es la lengua del pueblo Inuit. Los cartógrafos europeos del siglo XVI lo usaron para designar todas las tierras al norte del río San Lorenzo. El himno de Canadá en lengua inuktitut dice así:

O’Kanata
O’Kanata nangmini Nunavut piqujatii
Nalattiaqpavut angiglivaliajuti sangijulutillu
nanqipugu
O’Kanata mianiripluti
O’Kanata nunatsia nangiqpugu mianiripluti
O’Kanata salagijauquna

Según la leyenda, cuando Jaime I conquistó Valencia y entró en la ciudad, se le acercó una muchacha que le ofreció un jarro que contenía la deliciosa bebida propia del lugar la —horchata— y que, tras beberla exclamó: “Això és or, xata!” (esto es oro, chata; en catalán).

En realidad horchata proviene del latín hordeata y éste de hordeum, ‘cebada’ en latín. Por su parte xata, ‘chata’ en catalán, es un castellanismo reciente, anacrónico en el siglo XIII.

El nombre de la ciudad de Montevideo es debido a que la ciudad está bajo la sexta montaña que rodea la bahía, contadas de este a oeste. O sea, bajo el MONTE VI (sexto en números romanos) D (de, preposición) E (este) a O (oeste).

Muy rebuscado. Los topónimos no suelen nacer así. Más parece aludir a una buena vista (de vedere, ‘ver’ en latín) de la bahía desde algún monte o punto elevado, a guisa de atalaya.

Unos dicen que palabra “cementerio” viene de cemento, pues allí es donde “cementan” a los muertos.

El término proviene de koimetérion, ‘lugar para dormir’ en griego y éste de kóimao, ‘acostarse’ en griego.

Publicado originalmente el 26 de enero de 2003
Ampliado el 26 de agosto de 2004

Pasarse de la raya

Colaboración de Ricardo de Santiago

¿Sabías por qué PASARSE DE LA RAYA es traspasar un límite, excederse?

No te pases de la raya. Te estás pasando de la raya. Se pasó de la raya. Pero… ¿de qué raya?

En sus inicios el boxeo no contaba con un cuadrilátero para disputar las peleas. Existían dos modos para que los púgiles se midieran, el primero de ellos consistía en marcar una línea de tiza en el suelo. Los dos contendientes debían poner un pie adelantado en la tiza, no pudiendo moverlo, y mucho menos traspasarlo. Era una pelea casi estática. Si uno de los contendientes se pasaba de la raya (de tiza), perdía la pelea.

La segunda modalidad consistía en situar a los dos combatientes dentro de un anillo, ring, conformado bien por tiza, bien por espectadores.

Viernes

¿Sabías por qué llamamos VIERNES a cierto día de la semana?

El viernes, dies Veneris, ‘día de Venus’ en latín, fue consagrado a Venus, diosa de la belleza, precisamente por esta cualidad, la belleza del lucero del alba. Otras lenguas mantienen la misma raíz latina como el vendredi francés o el venerdì italiano.

Días de la semana y Sistema Solar

Sistema solar

Las diferentes unidades de medida del tiempo y los nombres por las que las conocemos no son cosa de ayer. Desde antiguo hemos dividido el tiempo en las mismas porciones y los nombres actuales provienen de los de antaño. Y no obedecen a decisiones arbitrarias sino que están basadas en los conocimientos astronómicos de los pueblos de la Edad Antigua que han llegado hasta nuestros días a través del filtro de la roma clásica.

La diferenciación entre el día y la noche es la más obvia de realizar, siendo el siguiente paso el agruparlos en una unidad de tiempo que abarca un ciclo de luz-oscuridad. Después se unen en grupos de siete días llamados semanas (de sept, ‘siete’ en latín). Y son siete los días de la semana, pues siete eran los astros móviles sobre el fondo fijo de un firmamento de estrellas que observaban los primitivos astrónomos. A saber: Mercurio, Venus, Marte, Júpiter, Saturno, Luna y Sol. Comoquiera que estos pueblos mantenían cultos politeístas, identificaron algunas de sus deidades con estos cuerpos que, majestuosamente, se desplazaban de constelación en  constelación. Por ello dedicaron un día a la honra o adoración de cada uno de ellos y, una vez completado el ciclo de siete días, volvían a repetirlo. Diferentes han sido los nombres como diferentes han sido los pueblos pero, merced al poder integrador de la cultura romana, nos han llegado hasta la actualidad con un nombre único.

El orden viene dado por proximidad y por unos valores que la antigua astronomía calculaba a partir de su posición en la bóveda celeste. Comenzaron por el más próximo a la Tierra según la concepción Toloméica del Universo, la vigente en esos días.

Así consideraban que el astro más cercano era el Sol (sol, solis, en latín) al que dedicaron el primero de los días. Nótese a este respecto que la semana comienza en domingo y acaba en sábado, día que el pueblo judío dedicaba al descanso al final de la misma. Así se dice cap de setmana,’cabeza de semana’ en catalán, al conjunto de días festivos del actual fin de semana. Algunos idiomas corroboran el origen del nombre, como es el caso del inglés sunday (dies solis, ‘día del Sol’ en latín). Posteriormente, con la cristianización del Imperio Romano se dedicó el día al Señor y le llamamos domingo (de dies Dominica, ‘día del Señor’ en latín). También se le colocó en último lugar de la semana como correspondía al día del descanso.

El siguiente astro fue el consagrado a Selene, diosa griega que simbolizaba la Luna. El lunes (dies Lunae, ‘día de la Luna’ en latín) también muestra más clara su procedencia en el monday inglés o en el montag alemán.

El martes (dies Martis, ‘día de Marte’ en latín) fue dedicado a Marte, dios romano de la guerra. El conocido por planeta rojo fue asimilado al dios guerrero precisamente por su color, el de la sangre y el fuego. El nombre de sus satélites Phobos y Deimos corresponden al de los hijos del dios, que conducían su carro de combate.

El miércoles (dies Mercurii, ‘día de Mercurio’ en latín) fue asimilado a Mercurio, dios romano de la velocidad, precisamente por ser éste el planeta con el movimiento aparente más rápido de los siete. Otras lenguas mantienen la misma raíz latina, como el dimecres catalán o el mercoledì italiano.

El jueves (dies Jovis, ‘día de Júpiter’ en latín) fue dedicado a Júpiter, el mayor de los dioses del panteón romano. El planeta que simbolizaba al dios por su tamaño y por su lento movimiento aparente, enseñoreándose del firmamento.

El viernes (dies Veneris, ‘día de Venus’ en latín) fue consagrado a Venus, diosa de la belleza, precisamente por esta cualidad, la belleza del lucero del alba. Otras lenguas mantienen la misma raíz latina como el vendredi francés o el venerdì italiano.

Y finalmente, el sábado (dies Saturnus, ‘día de Saturno’ en latín) fue asimilado a Saturno por la gran cantidad de satélites que posee, como la gran cantidad de hijos del dios de la agricultura. De nuevo podemos constatar la similitud con el saturday inglés, en donde no se cambió la denominación, como en otras lenguas, por la del sabbatum latino, que deriva a su vez del shabbath, ‘descansar’, en hebreo, y que era el día de descanso antes de que el cristianismo lo cambiase por el domingo.

Si ya se han acabado los días de la semana no ha ocurrido así con los planetas del Sistema Solar. A los descubiertos en fechas mucho más recientes se le ha seguido nombrando siguiendo la tradición clásica.

Urano fue llamado Georgium Sidus, ‘estrella de Jorge’, en latín, por su descubridor William Herschel en honor a su mecenas real Jorge III, pero posteriormente se le llamó con el nombre actual. Si tras Júpiter venía su padre Saturno, tras éste debía venir el propio: Urano, padre de los titanes y de entre ellos el más poderoso Cronos, dios griego asimilado al Saturno romano.

Neptuno es el siguiente. Hermano de Júpiter y dios de los mares, asimilado al planeta de tonos verdeazulados. Y después Plutón, hermano de Júpiter y de Neptuno, dios de los muertos y del inframundo. Nombre adecuado para el planeta más alejado del Sol, el que vaga por las más inhóspitas regiones de nuestro sistema en compañía de Caronte, su satélite.

Incluso los nombres de los satélites tienen que ver con la mitología. Ya se ha hablado de la Luna, pero quedan otros más. Por ejemplo, Phobos y Deimos —satélites de Marte— no podían tener nombres másapropiados. El astrónomo norteamericano Asaph Hall los bautizó con los nombres de Deimos, ‘Terror’ y Phobos, ‘Temor’, correspondientes a los dos hijos del dios Marte que, según explica Homero en la Ilíada, le asistían en el manejo de su carro de combate. Por su parte Caronte —satélite de Plutón— recibe su nombre del barquero que conduce las almas de los muertos a través de la laguna Estigia hasta el reino de Plutón.

Y, para finalizar, una curiosidad. El género de todos los planetas y satélites es el masculino, incluso para Venus que simboliza a una diosa; lo que se podría explicar con el género de las palabras planeta y satélite, también masculino. Pero la regla se rompe con La Tierra y La Luna, de género femenino. ¿Por qué este uso del género? Quizá la explicación al primer caso sea la comparación con una madre. Es decir, la madre Tierra que, como la propia, nos provee de cobijo y alimento y pone a nuestra disposición lo necesario para cubrir nuestras necesidades. Y quizá la explicación del segundo esté en sus fases y su ciclo de 28 días, y la relación de éste con el ciclo femenino y con los aspectos de fertilidad que lleva asociados.

Colaboración de Francesc Ojeda

En las lenguas románicas, el género de la luna es femenino, pero en muchos idiomas es masculino. El caso más conocido es el del alemán der Mond. Además, en muchos pueblos indígenas, existen mitos según los cuales la luna (el luno) baja de noche a la tierra y viola a las mujeres. Es de suponer que esta creencia ha nacido por la relación entre el ciclo menstrual y el ciclo lunar.

Publicado originalmente el 11 de octubre de 1999
Ampliado el 18 de diciembre de 2000
Ampliado el 26 de agosto de 2004

Semana de siete días

¿Sabías por qué una SEMANA TIENE SIETE DÍAS?

Son siete los días de la semana, pues siete eran los astros móviles sobre el fondo fijo de un firmamento de estrellas, que observaban los primitivos astrónomos.

Estos astros eran: Mercurio, Venus, Marte, Júpiter, Saturno, Luna y Sol. Comoquiera que estos pueblos mantenían cultos politeístas, identificaron algunas de sus deidades con estos cuerpos que, majestuosamente, se desplazaban de constelación en constelación. Por ello dedicaron un día a la honra o adoración de cada uno de ellos y, una vez completado el ciclo de siete días, volvían a repetirlo.

A troche y moche

¿Sabías por que algo que se hace de manera incontrolada se dice que se hace A TROCHE Y MOCHE?

La expresión alude a aquello que se hace sin control, sin ningún sentido ni medida, de cualquier manera. Y reúne dos verbos: trochar y mochar.

Trochar proviene de “trocear”, con el significado de partir a trozos y mochear proviene de “mocho” que, con un uso coloquial, se refiere a la cabeza.

Así pues, se trochan ramas, plantas y arbustos, y se mochan o desmochan algunas plantas o ramas, arrancándoles la parte superior, como cuando se cortan las ramificaciones sobrantes de las encinas.

Por ello, una trocha es una vereda abierta entre la maleza, generalmente por el ganado, a base de pisarla, romperla y quebrarla.

Covarrubias, en el Tesoro de la lengua castellana, define así el origen de a trochemoche: “Está tomado de la metáfora del que yendo a cortar leña al monte, no atendiendo las leyes de la corta, desmocha las encinas sin dejar guía ni pendón, y lo demás que se manda, y aun no contento con esto, corta la encina por el pie, que aquello llama trochar, esto es, tronchar, y el mochar, desmochar, de donde vino el modo de hablar a trochemoche”.

Mayo

¿Sabías por qué llamamos MAYO a cierto mes del año?

Es el quinto mes del año y tercero del antiguo calendario romano. Su nombre latino maius, hace referencia a que estaba dedicado a Maia, una de las pléyades (las siete hijas de Atlas y Pleyone en la mitología clásica).

Abril

¿Sabías por qué llamamos ABRIL a cierto mes del año?

Se trata del cuarto mes del año y segundo del antiguo calendario romano.

Su nombre latino aprilis, proviene probablemente de aper, ‘jabalí’ en latín, que era una animal venerado por los romanos o quizás tenga relación con “àparas” (término de los Veda que significa ‘siguiente’) con la interpretación de que era el mes siguiente al primero. De todas maneras, está muy extendida la teoría de que proviene de aprilis y éste de aprire, ‘abrir’ en latín, y hace referencia a que se abre la Naturaleza, al aparecer las flores y rebrotar los árboles.