A buenas horas mangas verdes

La expresión se aplica al auxilio que llega tarde y, en general, a todo aquello que llega a destiempo.

Y tiene su origen en la fama de impuntualidad en el desempeño de sus tareas, de la que se hizo acreedor el Cuerpo de los Cuadrilleros de la Santa Hermandad y en la vistosidad de su uniforme.

La Santa Hermandad era un tribunal —instituido en la Edad Media y regularizado por los Reyes Católicos en 1476— que tenía como misión juzgar y castigar los delitos cometidos fuera de las ciudades y los pueblos por los salteadores de caminos.

El uniforme de sus más de dos mil soldados o cuadrilleros —llamados así por patrullar en cuadrilla— constaba de un coleto (o chaleco de piel) hasta la cintura y con unos faldones que no pasaban de la cadera. El coleto no tenía mangas, y por ello dejaba al descubierto las de la camisa que eran verdes y que llegaron a identificarlos con el apelativo de mangas verdes.

Esta especie de policía rural fue muy eficaz en sus inicios, aunque posteriormente cedió en disciplina y eficacia. Tanto degeneró esta milicia, que Cervantes puso en boca de Don Quijote la siguiente exclamación: “¿Cuadrilleros? ¡Ladrones en cuadrilla!”

La creencia, a menudo constatada, de que los guardadores del orden suelen acudir tarde a prestar auxilio, hizo el resto. “¿Ahora llegáis? ¡A buenas horas, mangas verdes!”

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