Pelillos a la mar

¿Sabías por qué decimos PELILLOS A LA MAR cuando se olvida un agravio y se restablece el trato amistoso?

Pelillos a la mar o echar pelillos a la mar son expresiones coloquiales utilizadas para la reconciliación de dos personas. También dice el diccionario que es el modo que tienen los muchachos de afirmar que no faltarán a lo convenido.

Correas comenta que los muchachos para confirmar un trueque decían: “Pelillos a la mar que no hay que destrocar”. Rodríguez Marín en su obra Cantos populares españoles dice que los niños andaluces para sellar las paces se arrancan un pelo cada uno y, mientras los tienen cogidos entre los dedos, dicen:

-¿Aónde ba ese pelo?
-Ar biento.
-¿Y er biento?
-A la má.
-Pos ya la guerra está acabá. (respetando la ortografía original)

Y, soplándolos, pronuncian la frase: “Pelillos a la mar”.

¿Y por qué pelos? Pues porque son tenidos por poca cosa, como se refleja en otras frases como: por un pelo, no tener un pelo de tonto, de medio pelo… Incluso se utiliza el diminutivo pelillos para minimizar al asunto y acentuar la idea de que el motivo de enfado o desazón es muy leve y se debe despreciar.

¿Y por qué el mar? Porque el viento más pronto o más tarde lleva los pelillos a los arroyos, los ríos o finalmente al mar, que representa la inmensidad de lo indistinto, el gran asimilador de la individualidad. Así nos lo recuerdan los poetas:

Nuestras vidas son los ríos
que van a dar en la mar,
que es el morir…
Jorge Manrique

A la mar van a parar,
morena, todos los ríos,
y allí se irán a juntar
tus amores y los míos.
Antonio Machado

Pero la locución tiene un origen anterior. Ya se refleja en el poema épico La Ilíada —atribuida a Homero— que consta de veinticuatro cantos y unos doce mil versos, y que se desarrolla casi en su totalidad en el sitio que los griegos pusieron a la ciudad de Troya, a causa de la afrenta que Paris —hijo del rey troyano Príamo— había infringido al griego Menelao al secuestrar a su esposa Helena. El poema termina con la humillación del rey Príamo que acude al campamento griego a pedir que le devuelvan el cadáver de su hijo Héctor. La venganza se ha consumado y ambos pueblos le rinden honras fúnebres.

A los corderos que se sacrifican para el banquete, les cortaron simbólicamente unos pelillos que lanzaron al viento y hacia el mar, como señal de que todo quedaba olvidado entre ellos y se restablecía el trato amistoso.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*